Dos hombres hinchados de poder


En lo más alto del podio, estos dos hombres inflados. No solo gordos. También hinchados. El primero por la enfermedad, pues el cáncer de Chávez avanza. Hace más de medio año que le ha sido detectado y el impacto de la quimioterapia es evidente. El segundo, inflado de poder. Desde 1999, Diosdado Cabello no ha parado de engordar. Pero las carnes es lo de menos. Lo más llamativo en esta mañana del 13 de enero de 2012 es el júbilo en su rostro; imposible esconderlo, apagarlo, disimularlo.

El júbilo es un fluido que le produce el movimiento de un animal en celo, y los ojos parecen chispear diminutos dardos verdes. Son los mismos y a la vez diferentes «ojos lindos» de los que hablara Chávez tiempo atrás, una década atrás, lejanos años de la ruptura del cascarón, de asomarse y descubrir el poder, los hilos y los enredos, el control del poder.

 El traje ha sido confeccionado tomando en cuenta la medida justa del peso, sin calcular los kilos de euforia. Un tuitero lanza este comentario: «qué es lo que come Diosdado que no cabe en el traje». Más preciso es preguntar qué es lo que no cabe. ¿El cuerpo del hombre o el cuerpo del poder? Por momentos, casi no respira. Se mueve y remueve en el asiento. Lo enfocan. Lo miran. Lo analizan. Se aprecia que calcula su compostura. A ratos exagera la amabilidad con Chávez. Hasta intenta acomodarle la silla de invitado principal. Para Chávez, aquello es rutina. Lleva doce años en el poder. Se prepara para uno más. ¿El último? Esto no se sabe. Nadie lo sabe. Pocos lo sospechan. ¿Entre otros, Diosdado?

Con los gestos amables busca ser consecuente con el pregón de su lealtad a toda prueba. O demostración palpable de la adulancia en torno al poder. En todo caso, la imagen habla con lenguaje propio. El país está a la expectativa. Es un momento de incertidumbre. La enfermedad ha puesto a Chávez en la encrucijada. Y él tendrá que despejar cualquier duda en torno a sus condiciones. De modo que debe ser una de las transmisiones más vistas, uno de los discursos más esperados por la audiencia chavista u opositora. 

Lo que ocurre es que se cuela esta otra imagen. La de ambos. Primero,  los dos cruzando el patio del Palacio Legislativo. Ya ahí comienza a inflársele el pecho a Diosdado Cabello. Ya ahí la sonrisa no es la de un incrédulo sino la de un convencido que sonríe para aquellos detractores, sí, que hasta ayer mismo afirmaban: ¡No puede ser! Ahora, ¿quién lo niega? Ahora, ¿quién lo pone en duda?Chávez se desprendió de Diosdado Cabello. Pero, en cambio, la fotografía que los muestra a ambos contiene un valor agregado. Esta vez sí. El primero y el segundo. Los hombres del régimen. El primero y el segundo hombres del proceso chavista. Una década atrás, la Vicepresidencia Ejecutiva era, acaso, un escalón. Necesario, aunque dado, otorgado, designado por Chávez, el jefe único. En esta ocasión, la presidencia de la Asamblea Nacional ha sido ganada a pulso.

Un mes antes Chávez aún consideraba que Fernando Soto Rojas debía repetir al frente del Parlamento. De pronto, Diosdado sale al paso, aclarando que no todo está dicho al respecto. ¿Quién se atreve a tanto? ¿Quién se atreve a contradecir en público al Comandante Presidente? Líder Supremo. Amado Líder. Imbatible Líder. Inclusive, ante los diputados, Chávez va a reconocer que, en efecto, su candidato era Soto Rojas solo que el PSUV, el partido de la revolución decidió otra cosa. ¿Fue el partido? ¿No sería Diosdado Cabello? Es entonces y luego de las palabras de Diosdado precisando que lo de Soto Rojas no era una decisión tomada, que se confirma el rumor. Y es él quien ocupará la presidencia de la Asamblea.