Quién entiende a este país de contradicciones

Por Medina&Arena.- Si hay diálogo, decimos que es traición; si aparece un líder, lo descalificamos; si hay protesta, la descartamos por anárquica. ¿Qué Hacemos?


Por Medina&Arena.- El país transita momentos difíciles; estamos ahogados en una gran crisis que abarca varias facetas que van desde la moral hasta la política incluyendo, por supuesto, la económica. Sobre la crisis política podemos decir mucho ya que, tras varios meses de protestas pacíficas y no pacíficas, es indudable que existe un gran descontento no solo en opositores sino también en partidarios del gobierno.  Así, muchos han querido descalificar la protesta por violenta o por anárquica; sin embargo, nadie cuestiona sus razones.

Esta protesta, que empezó con el llamado de líderes políticos a ¨La Salida¨ de Nicolás Maduro, fue reforzada por el movimiento estudiantil y, desde sus comienzos, se caracterizó por ser autónoma; prueba de ello, son los esfuerzos realizados desde el gobierno por sentar a las principales cabezas de la oposición en una Mesa de Diálogo con la esperanza de acabarlas pero, por el contrario, no ha logrado más que intensificarlas.

Sin un líder claro, la oposición  desde su forma más light hasta la más radical se encuentra dividida en criterio y acción. No hay quien lleve las riendas aunque muchos han tratado; esto es debido a la desconfianza que tiene la sociedad en cualquier líder político.

Podemos estar seguros de  que el discurso de la antipolítica que trajo a Chávez al poder y el cual él mismo reforzó con el argumento de que los partidos tradicionales eran los culpables de todo lo que pasaba en el país, está realmente arraigado en las conciencias de muchos venezolanos. Este discurso que, en su momento favoreció la llegada de un outsider mesiánico que venía a solucionar los problemas del país, es el mismo que hoy se repite incluso en boca de algunos opositores quienes, con poca memoria, no recuerdan lo que nos trajo aquí en un inicio.

Necesitamos instituciones; sin embargo, no somos capaces de apoyar un diálogo entre gobierno y oposición porque, de antemano, lo calificamos como traición; también queremos acción y protesta pero, análogamente, la descalificamos por anárquica. Necesitamos un líder pero parece que, cada vez que aparece, nos empeñamos en destruirlo; no es raro escuchar  gente hablando en la calle sobre la necesidad de alguien que nos guíe, pero… ! que no sea político! Como si eso pudiera existir… ¿en qué estamos entonces? Esperando un enviado del cielo, una suerte de superhombre que arregle todo de un día para otro pero sin dialogar porque eso es malo y sin protestar porque eso nos incomoda. Es duro evaluarnos y tener  como conclusión que no sabemos realmente lo que queremos.

Una protesta muda no cambiará magistrados ni reformará el CNE; mucho menos, conseguirá  ¨la Salida¨. tampoco un diálogo sin protesta nos llevará por ningún camino que no hayamos transitado. Quizás lo más sabio sea pensar que todos somos necesarios para construir el verdadero cambio, entender que cada quien tiene su rol en esta compleja sociedad que sin duda nos necesita a todos, dejar de pensar que el problema es el otro y comenzar por responsabilizarnos de lo que, hasta ahora, todos hemos construido.