Una isla inflacionaria llamada Venezuela

Por Juan Antonio Avellaneda. (Londres).- Son tres los errores de la línea económica que mantienen a Venezuela en una inflación del 30% anual en la última década: lo fiscal, lo monetario y lo cambiario.


Por Juan Antonio Avellaneda. (Londres).- Durante la década de los años setenta y a principios de los ochenta, el tema de la inflación en los países era el principal tópico de academia, gobiernos e intelectuales de la economía. Fueron años en los cuales inflaciones de dos dígitos eran comunes en Estados Unidos y Europa. Mucho se recuerda en EEUU el periodo Carter  en el cual se llegó a tocar un 15% anual.

Por su lado, lo que hoy llamamos economías emergentes, en especial Latinoamérica, sufrían de un fenómeno aún peor, la hiperinflación. Solo recordar Argentina, Perú,  Brasil, Bolivia, países que sufrieron cambios de monedas casi que anualmente y procesos inflacionarios de hasta cinco dígitos. Esto conllevó a que se desarrollara aún más la teoría monetaria, control de la masa del dinero y menor gasto público como medidas de regulación del demonio de esa época: la inflación.

Estas políticas criticadas en su momento, comienzan a dar resultados en el nuevo siglo. Desde el año 2000 el tema inflación parece no ser un problema mundial. Los países desarrollados raramente pasan del 2% y las economías en desarrollo se han mantenido en un margen entre 2% y 7%, manejable con facilidad. Solo dos casos mundiales son la excepción, como dos islas en ese océano de inflación moderada: Zimbabwe y Venezuela.

Venezuela es víctima de errores macroeconómicos que la tienen sumergida en estas inflaciones de más de 30% anual en la última década. En primer lugar un gasto público excesivo originando déficit fiscales enormes (15% en los últimos cuatro años). En segundo lugar una política monetaria expansiva multiplicando la masa monetaria en la economía en búsqueda de crear una sensación de bienestar aumentando el consumo particular. Y finalmente, un anclaje artificial del tipo de cambio. Es decir, errores en las tres líneas de la economía: la fiscal, la monetaria y la cambiaria, toda una receta del desastre.

Ahora bien, esto no es coincidencia, esta receta mortal a mediano y largo plazo es fructífera políticamente a corto plazo, como hemos sido testigos del gobierno de turno. Esta receta se podría resumir en una sola palabra, populismo, el mal que originó todos los procesos inflacionarios de los setenta y principios de los ochenta.

Venezuela retrocede en el tiempo y en la dinámica mundial económica. Solo un cambio de modelo y visión, podrá hacer que no desaparezca del océano mundial y surja como economía fuerte.