Duelo silencioso

Todo parecía indicar que el chavismo reinaría por años con el concurso de dos hombres: Hugo Chávez y Diosdado Cabello. Continúa la historia….


Duelo silencioso

En abril de 2005 Chávez celebraba su regreso al poder. Andaba en plena euforia, pletórico y lleno de petrodólares, con la Asamblea Nacional toda roja, y con las alcaldías y gobernaciones en su puño, con las excepciones de Zulia y Nueva Esparta. Diosdado Cabello era gobernador de Miranda desde 2004, y mantenía  alianza con el capitán José Vielma Mora, reinando este en el Seniat; con su hermano José David Cabello, presidente del aeropuerto de Maiquetía, después ministro de Infraestructura y más tarde sustituto de Vielma Mora, cuando Chávez lo castigue. Diosdado influía en el partido, que todavía se llamaba MVR. Y controlaba buena parte de los ministerios. En el tiempo transcurrido, al menos treinta oficiales de su generación estaban o habían ocupado altos cargos, entre otros, Jesse Chacón, ministro en todas las versiones, y Jesús Montilla, ministro de Salud, y José Vielma Mora, en el Seniat, y Eliécer Otaiza en el Sebin o policía política. Y más allá estaban Manuel Barroso, Carlos Rotondaro, Alejandro Andrade, Miguel Rodríguez Torres, Jorge Pérez Prado, Erling Rojas Castillo y Eligio Rondón Rodríguez, y también hay que ubicar a Carlos Aguilera, uno de los primeros directores del Sebin. Estos solo para arrojar una idea de lo más notorio de la administración. Pues también era evidente su influencia en las gobernaciones. Y las alcaldías. Y en cargos de posición media, direcciones y viceministerios. También los militares de su generación eran quienes estaban al mando de los puntos estratégicos en el Ejército, aunque él lo negaba, y más bien afirmaba –lo sigue afirmando– que era parte de la maraña tejida por la oposición para sembrar cizaña en la Fuerza Armada.

Si faltaba poco, ya pactaba la convivencia con el vicepresidente José Vicente Rangel y con su hijo José Vicente Rangel Ávalos, alcalde del municipio Sucre, el más grande del estado Miranda. Además, se decía amigo del magnate Oswaldo Cisneros, primo de Gustavo, y Vielma Mora se confesaba admirador de Lorenzo Mendoza, jefe del grupo empresarial más importante del país, Empresas Polar. Por la época, aparecían nuevos empresarios, actores de la emergente boliburguesía, que se cobijaban bajo su paraguas, unos de verdad y otros de mentira. Y él, para asomar diferencias de estilo y de pensamiento con Chávez, aprobaba la colocación de avisos de que tal y cual obra se levantaban con el concurso del gobierno de Miranda y la empresa privada. En algún momento, 2009-2010, sus amigos y aliados eran los responsables del circuito de los recursos: Nelson Merentes en el BCV, Manuel Barroso en Cadivi, José David Cabello en el Seniat, Alejandro Andrade en la Tesorería Nacional. El diario Versión Final de junio de 2008 aporta mayores elementos. Luis Párraga, quien firma el texto, agrega esta idea en el sumario del reportaje: Cómo desde la gobernación de Miranda Cabello incidía en la estructura del poder del resto del país.

Este escenario parecía despejar una realidad: Diosdado acumulaba. Parecía que las cartas estaban echadas: Chávez tiene el liderazgo, Diosdado el poder. O Chávez es Dios y Diosdado San Pedro, el amo de las llaves que conducen al reino. El chavismo parecía estar condenado a reinar, por años, con estos dos hombres.

–Se ha creado toda una leyenda –se quejaba en 2004 refiriéndose a lo inconmensurable de su poder.

Leyenda o realidad, lo cierto es que José Albornoz, secretario general del Partido Patria para Todos, PPT, antiguo aliado del gobierno, obligado a realizar ciertas consultas, se quejaba, impotente, en una reunión: ¿Y cómo entrarle a Diosdado?

Oscar Figuera, secretario general del Partido Comunista de Venezuela, expresaba la queja de otra manera: no hay canales para llegarle a Chávez sino a través de los ministros; entendiéndose que la referencia era directa hacia Diosdado.

En abril de 2005, la leyenda adquiría un nuevo matiz, puesto que serios elementos indicaban que Chávez preparaba otra ofensiva. En tal sentido, la traición entra a jugar como mensaje central, leitmotiv del discurso cotidiano. La traición gestada en las interioridades del poder. La traición de los amigos. De los compañeros. Por ello habla de Cipriano Castro traicionado por Juan Vicente Gómez y entregado a la oligarquía nacional, al capital transnacional, al imperialismo. Se podía pensar que Chávez retaba al Juan Vicente Gómez, al que sospechaba era su Juan Vicente, para que asomara la nariz, para que diera la cara. ¿A quién se refería? ¿Era José Vicente Rangel? ¿Era Raúl Isaías Baduel? ¿Era Diosdado Cabello? De hecho, para la fecha del referendo revocatorio, el que más sonaba como interesado en la derrota de Chávez era el vicepresidente Rangel.

Esta historia continúa