El enemigo es Primero Justicia

Por Redacción.-Aquí Cabello no da tregua en la lucha contra los dirigentes de Primero Justicia. Es cuando se asoman otros actores como Wilmer Ruperti.


Que la pauta del combate político contempla el acoso permanente a Primero Justicia, no hay duda. No es casual que un año más tarde, en el fragor de la carrera presidencial, se presente un video que muestra a otro dirigente de Primero Justicia y jefe de la fracción parlamentaria, Juan Carlos Caldera, recibiendo dinero para financiar su campaña como candidato a alcalde del municipio Sucre del estado Miranda, y suponen –y de ahí se cuelga el chavismo para atacar con más saña- que Caldera también actúa de intermediario de Capriles Radonski, pues el que da el dinero solicita reunirse con el candidato, encuentro que el diputado debía procurar. Pero Capriles Radonski, una vez se hace público el video, se desmarca de Caldera.

Cabello no lo oculta. El enemigo es PJ, y los dirigentes de PJ, el partido de la ultraderecha –tal cual lo van a bautizar–: la ultraderecha fascista. Así se desencadena el combate, round tras round. Un combate que agrega asaltos ya que en el inventario del chavismo prevalece:

Primero, el recuerdo del Borges cercano al Carmona Estanga del Carmonazo golpista de abril de 2002; segundo, el Leopoldo López, para la época alcalde de Chacao, deteniendo a los funcionarios con mayor rechazo del gobierno chavista, ya caído; y tercero, el Capriles Randonski, alcalde de Baruta, retratado en una escalera sorteando la valla de la embajada cubana, en atención al llamado del embajador dada la amenazante multitud en la calle, lo cual deriva en acusación y juicio por violación del espacio diplomático,  por lo que va a la cárcel y de la cárcel sale forjado en líder, embalado a enfrentar y derrotar a Cabello en la gobernación de Miranda, enfrentar a Chávez en carrera presidencial y, por último, enfrentar a Maduro. La derrota en Miranda es un pasivo anotado y revisado en su cuenta personal. La derrota y la subsiguiente denuncia sobre hechos de corrupción.  Hay hitos en este combate que no termina: Chávez el 7 de octubre de 2012 derrota a Capriles. El chavismo derrota a la oposición en diciembre de 2012. Capriles se desquita reteniendo la gobernación de Miranda, y cuando se anuncia el 5 de marzo de 2013 la muerte de Chávez, otra vuelta se abre.

En el ataque contra Juan Carlos Caldera se supone que el dinero proviene de Wilmer Ruperti, uno de los boliburgueses, el magnate petrolero de la Era Chávez, presuntamente vinculado, o al menos con nexos, con Diosdado Cabello y de allí que la reacción de Caldera enfila en acusar directamente a Cabello de la maniobra. Para Cabello –suponiéndole autor de la maniobra–, el video llevaba impacto triple.

Primero, favorecía a Chávez en el momento en que la candidatura de Capriles Radonski iba en ascenso; segundo, afectaba a Capriles Radonski, quien se vio obligado a desprenderse de toda relación con el diputado Caldera; y tercero, sacaba de juego nada más y nada menos que al jefe de la fracción parlamentaria de Primero Justicia, uno de los diputados más activos, de mayor credibilidad, que había hecho de la corrupción una de sus banderas, entre los cuales destacaba el expediente que señalaba a Cabello de irregularidades en la gestión en Miranda, el cual, al cabo de un lustro, agosto de 2013, fue descartado por la Contraloría General de la República, librando a Cabello de culpas y responsabilidades.

Por esa fecha de mediados de 2012, Caldera no contaba con las pistas suficientes para señalar a Cabello de la maniobra del video, y lo que dijo en contra de aquel fue más por desesperación que por comprobación. Algo tenía que decir. Hacia alguien tenía que apuntar en el pataleo. No obstante, esperó un año, casi un año para obtener la pista en un siguiente audio en el que se demostraba que Ruperti, en plan de financista, ficha principal, y los intermediarios, otro diputado opositor, militante de Un Nuevo Tiempo, Heliodoro Quintero, y el abogado de Ruperti, Erick Peña, le habían tendido una trampa. En el audio todos se van de bruces. Ruperti y Quintero admitiendo su relación con Cabello y el general Hugo Carvajal, el jefe de la División de Inteligencia Militar. Quintero, receptor de la ayuda de Ruperti, abunda en señales de que son viejos conocidos, pues Quintero, cuando ocupaba en PDVSA –gobierno de Caldera–, la posición de asistente de Luis Giusti, el entonces presidente de la petrolera, y más tarde como gobernador de Venezuela ante la Opep, habría ayudado a Ruperti a hacer plata.

Se supone que gracias al músculo de Ruperti, de donde proviene la plata, Quintero, a su vez, tiene bajo control a un grupo importante de diputados -se habla de 16- y la idea, lo que sale a relucir, es que Caldera sea el próximo a meter en la red y ello solo se logra si Ruperti le entrega dinero para su campaña. De ese encuentro sale el plan. Y del plan, el primer video, la primera grabación que se exhibe en la campaña de Capriles Radonski contra Chávez.

En la segunda grabación –la que presenta Caldera en defensa propia–, es evidente que su amigo y colega Quintero se ha prestado para la emboscada. El colmo es que en ella, Heliodoro Quintero hace referencia a Cabello, llamándolo el jefe, el jefe a quien le pide favores.

Pero la arremetida de Cabello no se queda en Caldera ni en Borges. Hay que seguir, no hay que parar. El siguiente paso es vincular al diputado de PJ por Aragua, Richard Mardo, a una red de corrupción que presuntamente extiende tentáculos en el narcotráfico, pues no otra cosa explicaría –según Cabello- el que Mardo disponga de recursos para ayudar a grupos de personas –construir canchas, entregar viviendas, donar tanques de agua, juguetes, equipos deportivos–, en el marco del proselitismo y la carrera política que desarrolla en su estado, donde ha ganado las elecciones para la gobernación –contra el propio Mardo– el exministro de Interior y Justicia, Tareck El Aissami, quien llega a comparar a Mardo con Pablo Escobar Gaviria. ¿Quién lleva la avanzada contra Mardo? Cabello otra vez. Y de nuevo presenta copias de cheques. De presuntos cheques. Forjados, señalan del lado opositor[1], que para los efectos del chavismo, la costumbre es levantar de la nada expedientes, o forjar historias, al estilo puro de los estados autoritarios o totalitarios, y en tal sentido, Chávez, armado de la palabra, fusilaba, crucificaba, enterraba, a quien consideraba su enemigo. Y todo ello con total impunidad. El caso es que Cabello de nuevo es un tanque de guerra que arremete y golpea. Lo siguiente en este cuerpo a cuerpo, es la acusación contra el asistente de Henrique Capriles Radonski, Óscar López, y contra Primero de Justicia: lo menos que se dijo, en agosto de 2013, es que formaban parte de una mafia de prostitución y blanqueo de dinero. La mafia amarrilla, bautizará el chavismo al partido de Borges, Caldera, Capriles y Mardo. La mafia amarilla apéndice de la burguesía parasitaria amarilla.

Al momento de la primera confrontación, un Mardo descolocado apela al juicio de Dios y a la eventualidad de que la mentira termine desvaneciéndose, y dice algo que hincha aún más la humanidad de Diosdado Cabello, sentado en la altura de la Asamblea Nacional: “Diosdado, ahora te sientes poderoso, con mucho poder, tú que tienes poder…”. A Mardo terminaron allanándole la inmunidad parlamentaria.

Por aquí va el asunto. El poder. Un poder que parece desbocarse luego de la muerte de Chávez. Y más aún luego del triunfo sembrado de dudas de Nicolás Maduro en la presidencia, el 14 de abril de 2013. Cabello se erige en el sostén. Cabello es la pieza necesaria para que la estructura no caiga, no se derrumbe. Protege a Maduro, pues si cae, caen todos. Pero también no deja de hacer su propio juego para dejar en evidencia que el fuerte es él, que Maduro depende de él. Capriles Radonski lo apunta: Maduro no es el que manda. Así, Cabello parece asumir el costo político. Asume el papel del policía malo, o el «más malo»: policía represor. En consecuencia, reclama en la Asamblea que los diputados opositores reconozcan a Maduro presidente. Impone la censura. Niega el derecho de palabra al diputado que previamente se ha negado a contestar a una pregunta suya de reconocimiento de Maduro presidente. Es la paradoja. Es la contrariedad. Es la ironía del Parlamento sin debate. El Parlamento mudo. Mayor paradoja que remite directamente al mismo hombre que años atrás me había dicho que aspiraba a llegar a la Asamblea y promover el debate de ideas.

Creo que fue al excandidato presidencial, Oswaldo Álvarez Paz, a quien le escuché esta comparación: en Maracaibo se les dice a los tipos que se comportan así que tienen el pelotazo hinchado. ¿De qué va la expresión? A que en Maracaibo como todo el mundo juega béisbol en algún momento de la infancia ha recibido un pelotazo en la cabeza. De modo que pasado el tiempo, si uno de los excompañeros de equipo se encuentra con otro y le pregunta por un tercero, puede ocurrir que la respuesta sea: por ahí anda, con el pelotazo hinchado. Y como Diosdado también jugaba béisbol, es posible hacer la conexión con los humos del poder. La personalidad transformada por el poder. Pasó con Chávez. Y dicen algunos que algo parecido le había ocurrido a Carlos Andrés Pérez en el primer gobierno, a quien llegaron a bautizarlo Locoven.

Los hechos del Parlamento se suceden en los días subsiguientes a la elección presidencial del 14 de abril de 2013 y el clima es tenso. Hay protestas en la calle. Se oyen las cacerolas. Capriles Radonski ha dicho que los enchufados se han robado las elecciones. La cuerda al final se rompe en el Parlamento. La violencia estalla en el hemiciclo ante la mirada impasible, cómplice de Cabello. En una primera sesión, con un objeto contundente, golpean al diputado de Acción Democrática, William Dávila. En una segunda, comienzan los calores de mayo, la arremetida es total. El saldo es la imagen de los diputados Julio Borges y María Corina Machado, golpeados, hinchados, deformados los rostros. Borges sangra y sangrando va a la televisión. La imagen le da la vuelta al mundo. A la diputada le han fracturado la nariz. Borges por poco pierde un ojo. Y Cabello ha logrado lo inimaginable. Ha victimizado a su enemigo. Lo coloca en el plano mundial. Le da voz. Le da rostro. Más ojos. Le brinda la excusa para elaborar un discurso contra el autoritarismo, la represión, contra los enchufados, contra la corrupción, contra el secuestro del Parlamento. La opinión mundial, cercana o lejana, evoluciona y es menos comprensiva con el chavismo.

En tanto, Cabello evoca la imagen del gorila militar vestido de parlamentario civil. Sin embargo, no afloja su posición. Se mantiene en sus trece. No se inmuta. Sigue atacando. Firme. Ejerce el poder. Reta a la opinión pública. Asume el costo. Está obligado a convencer de que es confiable para el chavismo, para el castrismo, para los otros aliados del chavismo. Lleva años tratando de convencer. Por ello, ejerce el poder con mano de hierro. Y solo cede cuando a mediados de 2013, otro video lo pone en evidencia. Lo curioso es que este video involucra a un personaje, Mario Silva, de la confianza del desaparecido Hugo Chávez. Aquí la historia ofrece un giro: estrena Diosdado el programa de Vladimir Villegas en Globovisión y allí confiesa, sorprendentemente, que el regreso de la oposición al hemiciclo significó que él se tragara su orgullo, dado que lo más importante era abrir espacios de convivencia política.