¿Adónde va Argentina?

Por Gustavo Sánchez Guerrero (Madrid).- El peronismo repite el hacer de gobiernos argentinos del siglo XIX que se mostraron en ocho ocasiones incapaces de devolver la deuda nacional a los tenedores de bonos extranjeros. Argentina hoy no podrá pedir prestado a los mercados internacionales ni podrá atraer inversiones extranjeras.


Por Gustavo Sánchez Guerrero (Madrid).- El vocablo populismo es vago, impreciso, ambiguo, equivoco. En la literatura, cuando se le describe, casi siempre se le da una definición diferente, situación comprensible en la medida que los diferentes partidos, movimientos y gobiernos populistas surgen en diferentes periodos históricos y en diferentes condiciones económicas y sociales. Y, precisamente la dictadura populista insurge por vez primera en América en la figura del general Juan Domingo Perón en la Argentina (1946-1955 y 1973-1974) y Getulio Vargas en Brasil, superando ambos la figura del tradicional caudillo, el dictador oligárquico y el militar golpista.

Transcurrido el tiempo, Argentina deja de ser granero mundial y despensa de carnes como consecuencia de las políticas económicas derivadas de su hacer populista. En 1945 era la sexta economía mundial y ahora es la número 62. En el ínterin, el enquistamiento con el peronismo la lleva del “corralito” a la suspensión de pagos, sin olvidar un pasado de sables y violación de los derechos humanos. Otra elemento intrínseco al peronismo sin Perón es el uso de la demagogia en el discurso político; así, pues, ”El maestro en este tipo de demagogia ha sido, sin duda alguna, Perón en Argentina (…) en ningún otro país se han concedido del modo más arbitrario, con una perfecta indiferencia por las posibilidades económicas: la fantasía de una actriz, Evita Perón, dictó durante mucho tiempo su distribución.”, como refiere Carlos Manuel Moscoso en su obra El populismo en América Latina, Madrid, 1990.

Ese hacer Argentino suma otra novedad política y social, los piqueteros como hacedores de política económica desde la calle, que auspicia el propio peronismo gubernamental. Resultantes contrarias a la felicidad social que ofrece el peronismo. La inflación como fenómeno monetario derivado del creciente gasto público se ha disparado: los 100 pesos de principio del año 2007 a fines del año 2012 solo equivalen a 28 pesos y, a fines del año 2013 en términos de poder de compra, es el equivalente a 21 pesos; en fin, la inflación acumulada en el periodo 2008-2013 se sitúa en 116,5% que afecta a los pobres sujetos de su discurso reivindicativo.

El peronismo repite el hacer de gobiernos argentinos del siglo XIX que se mostraron en ocho ocasiones incapaces de devolver la deuda nacional a los tenedores de bonos extranjeros. Por tanto, la Argentina de hoy no podrá pedir prestado a los mercados internacionales ni podrá atraer inversiones extranjeras que requiere para explotar los hidrocarburos recién descubiertos. En fin, atraer la inversión y el conocimiento técnico petrolífero con la contracción que ello producirá en el empleo y en la demanda efectiva.

En ese contexto, como bien refiere el escritor Guy Sorman, “El sistema argentino siempre se ha basado en la confiscación de la propiedad privada, no en el pago de las deudas nacionales y extranjeras, y en un Estado de bienestar sobredimensionado para comprar votos, por lo que no es de extrañar que los empresarios locales no estén dispuestos a invertir en su propio país.”
Finalmente, la ultima viuda peronista con poder, Doña Cristina Kirchner será suplantada por otros peronistas, elecciones populares y contrincante político casi tan peronista como el rival. Descamisados, Milonga y Chacaritas.