El conflicto se libra en el terreno laboral

Por Amado Fuguet V. (@Amadofuguet).- Habrá más conflictividad laboral en los meses que vienen, justo cuando están en puertas medidas de alto impacto inflacionario. Los sindicatos no vinculados al gobierno se reagrupan. Analicemos los casos de Bolívar y Carabobo.


Por Amado Fuguet V. (@Amadofuguet).- Finalizaba julio y un grupo de trabajadores de la industria automotriz se apostaban a las puertas del Ministerio del Trabajo. La Plaza Caracas era escenario de arengas inspiradas por los despidos que se están dando en la industria automotriz.  Los obreros y sus dirigentes habían venido especialmente de las zonas manufactureras del centro y planteaban la necesidad de poner en funcionamiento las líneas de producción que se han ido apagando en los últimos meses como efecto de la crisis cambiaria.

En los mismos días, los trabajadores de Sidor reclamaban en las calles tanto acciones reivindicativas (el contrato colectivo vencido desde hace cuatro años), como la necesidad de que los hornos de la siderúrgica vuelvan a producir lo que dejó de hacerse desde que fue nacionalizada en 2008.

Dos estados en ebullición laboral

Carabobo, sede de la mayoría de las ensambladoras de vehículos y de buena parte del aparato manufacturero nacional, y Bolívar, donde la industria pesada es la gran empleadora; comparten el epicentro de la ola de protestas laborales que va tomando protagonismo durante este segundo semestre.

La tendencia comenzó a configurarse desde mayo. Apagadas por las protestas políticas del primer trimestre, las manifestaciones laborales retomaron su ritmo en los meses recientes. Lo registra el Observatorio de Conflictividad Social: de las 6.647 protestas de corte laboral del primer semestre, 255 se concentraron entre mayo y junio.

De seguir la tendencia, la segunda parte del año será más movida. Con un ingrediente adicional que seguramente las estimulará: la devaluación que supone la unificación cambiaria y el eventual aumento de la gasolina, un coctel inflacionario que seguirá devorando la capacidad adquisitiva del salario.

El rescate de la producción como lema

Los episodios recientes han movilizado al poder. Diosdado Cabello se presentó en julio en Ciudad Guayana, y responsabilizó a la dirigencia sindical de socavar la producción. A partir de entonces, los trabajadores siderúrgicos –además del reclamo contractual- han venido denunciando  “la responsabilidad de los burócratas” en la crisis de Sidor.

Para los sidoristas, está claro que su futuro depende del rescate de la producción de la planta. Cuando estaba en manos privadas, llegó a producir 4,7 millones de toneladas métricas al año. Pero desde que la retomó el Estado en 2008,  la producción ha ido en picada, tanto que apenas llega a 1,5 millones de toneladas de acero al año. Suttis está exigiendo un cambio gerencial para revertir esta situación.

La consigna de rescatar la producción también la utilizan los trabajadores de las ensambladoras automotrices, a quienes disgustó el anuncio de la importación de 13 mil vehículos chinos. La semana pasada fue el asunto planteado, aunque con perspectivas diferentes, al gobernador Francisco Ameliach, quien convocó tanto a dirigentes empresariales como laborales de este sector. ¿Qué les respondió? Que abogaría en Miraflores para que pueda solventarse las liquidaciones cambiarias que limitan la falta de insumos y con ello retomar la producción para que se estabilice el empleo.

Pero la crisis de la industria automotriz es profunda: sólo 6.161 vehículos fueron ensamblados entre enero y junio. Es el semestre con más baja producción de  la historia de la industria automotriz venezolana. Y eso ha arrastrado a los fabricantes de partes.

Ensambladoras y autopartistas han perdido el crédito internacional para importar componentes e insumos, ya que los proveedores apenas han cobrado una cuarta parte de las liquidaciones de divisas pendientes. Y no reciben despachos de las alicaídas empresas estatales, especialmente del aluminio y el acero. Por eso están cerrando líneas de producción total o parcialmente. Lo que ha obligado a reducir gastos, entre ellos los de nómina.

El planteamiento de incrementar la producción para mantener el empleo es formulado además por trabajadores de otras industrias, y en eso hay coincidencia con el sector empresarial.

En Carabobo se han esfumado 8 mil puestos de trabajo en diversos sectores, según la cámara regional de Fedecámaras.   “La zona industrial en Valencia es la locomotora de la economía. Tenemos el 70% del ensamblaje de vehículos, el 90% de la fabricación de neumáticos,  el 60% de alimentos”, dice su presidente, Damiano Del Vescovo.  Y en todos hay crisis.

Ocurre también en otros estados. Zulia, Aragua, Anzoátegui, Sucre, Lara y Miranda. Donde hay industrias. Pero Carabobo y Bolívar son los más emblemáticos. Y es donde se están dando las mayores movilizaciones.

Vienen más protestas

No es casual que justo ahora se celebre el Primer Congreso de los Trabajadores Socialistas. Allí acudió Maduro a anunciar la instalación de un Consejo de Gobierno Popular de la Clase Obrera. “Vamos a reactivar la producción”, fue precisamente, su promesa a los dirigentes laborales oficialistas.

Pero los sindicatos no vinculados al gobierno se han reagrupado. Aunque olvidados por la dirigencia política opositora, han establecido redes que se habían perdido. Pablo Castro, del Frente Autónomo en Defensa del Empleo, el Salario y el Sindicato (Fadess), asegura que incluso algunas corrientes oficialistas están coincidiendo en sus planteamientos.

En Fadess se asegura que en septiembre habrá grandes movilizaciones. Y que el foco será la revitalización de la producción nacional, para que las empresas puedan mantener el empleo y generar bienes para frenar la inflación y la escasez.

Son precisamente las tres preocupaciones personales más importantes que tienen las familias en Venezuela. En la última encuesta de Keller (II Trimestre 2014) los problemas económicos (sumados el costo de la vida, la escasez y el desempleo) representan el 60% de los problemas que afrontan hoy día, seguidos por la Delincuencia (27%). En el último trimestre de Chávez como presidente (2012), los tres problemas económicos sumaban  sólo 21%.   La Delincuencia 61%, según registra comparativamente este encuestador.

En este marco, de adoptarse las medidas económicas anunciadas, y de no resolverse la crisis de producción, los escenarios de mayor conflictividad laboral para los próximos meses cobran mayor vigencia.