El juego electoral y el parlamentarismo mediocre en el chavismo

Por Johan Rodríguez Perozo.- La Asamblea Nacional se compone de 165 curules. La distribución viene dada de la representación asignada por la Ley a cada una de las entidades políticas y territoriales. Por una decisión del órgano electoral, profusamente cuestionada en su momento, se impuso un esquema conocido en teoría de los sistemas electorales, como el “Gerrymandering”.


Por Johan Rodríguez Perozo.- De las situaciones de mayor complejidad política que deben abordar los partidos políticos, una de las más importantes es la relacionada con la selección de candidatos a cargos de elección popular. La lucha en el plano interno de estas comunidades suele ser a veces a muerte y sin cuartel. De pronto, debates basados en temas ideológicos, programáticos, sistemas de relacionamiento de los partidos con la sociedad o simplemente, acerca de ideas en torno a la construcción de políticas públicas, pasan a ser material de utilería para dar paso a las pasiones desbordadas. Una serie de demonios internos, desconocidos por todos hasta ese momento, se desatan en medio de una vorágine capaz de contaminar todos los ambientes posibles.

Tradicionalmente, acceder a un cargo de elección popular, a través de la organización en la cual se milita, requiere de una trayectoria de lucha y demostración de capacidad para el ejercicio de la posición a la cual se aspira. Sea una curul edilicia, parlamentaria de nivel regional o nacional, o bien una alcaldía o gobernación y hasta la mismísima Presidencia de la República, requiere que el aspirante demuestre las credenciales mínimas suficientes para optar a tales posiciones. No obstante, todo lo anteriormente descrito aún no es suficiente. La persona que aspira ser seleccionada, para tales posiciones, ha de someterse a una cierta dinámica que pasa por varios “cedazos”. Algunos de éstos serían ocupación de una instancia directiva en el partido acorde con la aspiración; ser parte del grupo dominante del proceso de toma de decisiones en el partido; pertenecer al círculo del líder o “jefe de turno” con mayor influencia en la organización o, la más importante de todas, ser un activista o dirigente con apoyo popular en las bases de la militancia, dada la demostración devenida de su trayectoria y relacionamiento con la comunidad a la cual se pretende representar.

En todo caso, en el marco de la dinámica venezolana y a efectos de las expectativas planteadas por las diferentes comunidades políticas actuantes en el contexto de la realidad política y electoral actual, probablemente este tipo de condicionantes no sean las que imperen a la hora de la escogencia que está por venir. El clima de polarización política reinante en el ambiente, obliga a una actuación que se sale de los marcos de referencia éticos antes descritos. Ante la contundente realidad que nos acogota, probablemente estos procesos se hagan menos complejos. Ello es así, en razón de que ninguno de los sectores contendientes por el poder, están en condiciones de ceder terreno a algo distinto que no sea el vil pragmatismo político.

El parlamento venezolano se compone de 165 curules. La distribución viene dada de la representación asignada por la Ley a cada una de las entidades políticas y territoriales. En la última elección relacionada con el tema, hubo una serie de circunstancias que impactaron seriamente la composición parlamentaria, lo cual dio lugar a una serie de distorsiones en los resultados. Por ejemplo, a instancias del régimen, el organismo electoral trastocó la antigua distribución establecida por el sistema electoral venezolano, cuya aplicación permite la elección nominal y por listas de los diputados. Como es sabido, la Ley establece que los parlamentarios han de surgir de una distribución según la cual, un porcentaje mayor se elige nominalmente y uno menor por la vía de las listas. En este caso, y de acuerdo con esa última elección, tenemos que nominalmente a través de 87 circuitos electorales, fueron elegidos 110 diputados, a lo cual se agregan, dado el origen similar, 3 representantes de las comunidades indígenas. Colateralmente, a través de las listas, fueron elegidos 52 diputados, lo cual suma un total de 165 parlamentarios. Del total de 87 circuitos establecidos, existen 19 llamados plurinominales, de los cuales 15 se eligen dos diputados en llave y en 4 se eligen 3 diputados.

Por una decisión del órgano electoral, profusamente cuestionada en su momento, se impuso un esquema conocido en teoría de los sistemas electorales como el “Gerrymandering”. Se trata de un método que busca distorsionar la representación parlamentaria, respecto al porcentaje de población de la cual se es mandatario. De la aplicación de la maniobra se obtiene como resultado que algunas localidades, según sea el caso, queden sobre representadas, en detrimento de otras sometidas a una condición de minusvalía en este sentido. Es decir, los escaños alcanzados en algunos casos, no se corresponden con la representación establecida en la Ley. En síntesis, la maniobra va dirigida a reducir las posibilidades de opciones determinadas, quebrantando el principio de imparcialidad que debe orientar el sistema electoral. En el caso venezolano pudimos observar como una tendencia política determinada, a pesar de haber logrado un porcentaje mayor de votos respecto sus competidores, sin embargo le fue asignada una cuota parlamentaria menor a la correspondiente proporcionalmente. Sobre esta realidad pende además, la espada de Damocles del régimen, con la clara amenaza no sólo de distorsionar nuevamente la relación circuitos – lista sino, además, plantear la posibilidad de emboscar al adversario con un adelanto de las elecciones, con lo cual lograría introducir nuevos elementos de distorsión en un proceso que desde ya luce complicado.

Recientemente, en declaraciones relacionadas con el tema, Nicolás Maduro planteó la posibilidad de que el grupo político al cual representa “reclute” a los candidatos del PSUV a la Asamblea Nacional, entre los jóvenes de su partido menores de treinta años. Sin duda alguna sería un experimento interesante, dado el fracaso de la camada que hoy concurre al parlamento en representación de esta tendencia. Una oleada de conmilitones, integrada básicamente por militares retirados sin cultura parlamentaria alguna y uno que otro militante de la izquierda ultrosa y trasnochada, cuya actuación en ese ámbito ha resultado verdaderamente infame y lastimosa, simboliza la representación oficialista en la Asamblea actual. Probablemente, en los anales de la historia del parlamento venezolano, jamás el país contó con una representación de tan poca calidad y desinteresada por realzar la imagen y el rol que debe cumplir esta instancia, como parte fundamental en el funcionamiento del entramado institucional del país.

Probablemente, dado el comportamiento político del sector oficialista, se podría esperar no sólo una actitud de absoluto desdén por lo que significa la institución parlamentaria. Al fin y al cabo, en el proyecto político gobernante sólo esperan del parlamento nacional una actitud de obsecuencia sometida allos designios del poder ejecutivo. Quizás sea éste uno de los acicates más importantes para quienes se oponen al régimen, a objeto de llevar adelante el esfuerzo por ganar de manera contundente las próximas elecciones parlamentarias.

Por último, es de observar que la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), debería considerar la posibilidad de una estrategia que, con el objetivo fundamental de construir una mayoría sólida en el parlamento nacional, vaya dirigida a obtener esa contundente victoria a la cual se aspira. Esa posibilidad pasa por comprender, a nuestro juicio, que la oferta de candidatos ha de estar consustanciada con tal interés, al margen de la natural aspiración de grupos, partidos e individualidades que aspiran a obtener una curul. Varias condiciones deberían formar parte de la aspiración colectiva. En primer lugar, no cometer nuevamente el error de postular candidatos que sólo requieren del puesto para promoverse luego como candidatos a alcaldes y gobernadores; considerar el amplio espectro partidista que conforma la plataforma unitaria y no hacer un “reparto burocrático” entre los partidos dominantes del esquema unitario; considerar la posibilidad de presentar candidatos sea en circuitos o lista, de personas vinculadas con otras realidades políticas y sociales, que permitan ampliar la base de apoyo de la oferta electoral. Sólo hurgando en esquemas dirigidos a lograr una victoria para el país, se podrá pensar, más allá de las controversias naturales, con sentido de grandeza en la necesidad de desalojar de su sitio a la claque que hoy detenta el poder en el país.