Mentiras y verdades en el discurso de Henry Ramos Allup

Por Johan Rodríguez Perozo @johanperozo.- La verdad sea dicha, la suerte con la cual carga hoy Venezuela y sus habitantes es de la absoluta responsabilidad de quienes accedieron al poder hace quince años sobre la base de un discurso lleno de mentiras y ofertas engañosas.


Por Johan Rodríguez Perozo @johanperozo.- A propósito del arribo de Acción Democrática a 73 años de haber surgido a la luz como organización política, el actual Secretario General de este partido, Henry Ramos Allup, ha sido protagonista principal en el escenario declarativo en actos públicos y medios de comunicación social. Como es lógico y corresponde a la eventualidad, dada la responsabilidad inherente al cargo, debe cargar con la misión de exponer públicamente la posición de su partido en el marco de la realidad política actual. Como base de algunas de sus declaraciones, Ramos “ha escogido” como tema central, algunas de los errores más importantes cometidos por la oposición al régimen, en el curso de los quince años transcurridos desde el arribo de Hugo Chávez al poder. Tales equivocaciones están centradas, según su particular punto de vista, en la forma como ha sido combatido el régimen, en el marco del intento por imponer a la sociedad venezolana su proyecto político.

Algunos de los señalamientos concretos formulados por Henry Ramos, se han referido al trillado paro petrolero; la participación de los militares en eventos como los de Plaza Altamira; el llamado a la abstención en las elecciones parlamentarias de 2005; la incursión de algunos dueños de medios de comunicación y su influencia en los eventos ya conocidos, en un claro intento por sustituir a los políticos en el proceso de toma de decisiones; el impulso de la anti política por algunos intelectuales, cuyas acciones sirvieron anteriormente de apoyo a Chávez, para mencionar sólo algunas de las afirmaciones formuladas por Ramos. Lo que pareciera ser una suerte de acto de contrición política, sin señalamiento ni mención alguna acerca de quienes deberían asumir tal cumulo de responsabilidad, se asoma como un llamado a revisar posiciones de cara al futuro político venezolano.

Por otra parte, en el marco de la evaluación de la contribución histórica de Acción Democrática al desarrollo político del país, intelectuales y “analistas políticos”, algunos de éstos tradicionalmente vinculados con la llamada izquierda moderada o de centro, apelan al discurso anti adeco para justificar la realidad característica de la Venezuela de hoy. Quienes así opinan, asignan la responsabilidad de los hechos del presente, al “fracaso del proyecto democrático” iniciado el año 1958, a raíz de la caída de la última dictadura militar. Es decir, según el juicio de estos intelectuales de la política y el análisis, la caída de los partidos dominantes de la era democrática, AD, COPEI, el MAS y la Causa R, organizaciones que ejercieron el poder de manera efectiva durante los ampliamente vituperados cuarenta años, son aún en la práctica, los responsables de la realidad impuesta por el chavismo gobernante.

Tales juicios son formulados, en nuestra opinión, dejando de lado algunas realidades fácticas. Si bien es cierto, según la visión compartida por muchos, que a partir de los ochenta comenzó un proceso de deterioro institucional en Venezuela, especialmente en los partidos, cuyo desarrollo y conclusión sirvió de base al surgimiento de nuevas realidades, no lo es menos que éstos partidos dejaron de ejercer la conducción del poder en el país hace ya mucho tiempo. En el caso de Copei, desde que Luis Herrera salió de la Presidencia en el año 1984 (30 años); en el de AD, a partir de la defenestración de Carlos Andrés Pérez (21 años) y del MAS, que acompañó activamente a Caldera en su segundo mandato (16 años) y causa R, a partir del arribo de Chávez al poder. Aunque el MAS como partido lo acompañó en el primer tramo por unos dos años y la Causa R dejó el poder, a partir de la salida de Andrés Velásquez de la Gobernación del estado Bolívar.

La verdad sea dicha, la suerte con la cual carga hoy Venezuela y sus habitantes, es de la absoluta responsabilidad de quienes accedieron al poder hace quince años, sobre la base de un discurso lleno de mentiras y ofertas engañosas. A partir de la instauración de la Asamblea Nacional Constituyente, el país entró en una vorágine de cambio institucional y de cultura política, cuyo norte y destino aún no está claro ni siquiera para quienes detentan el poder. La megalomanía característica de quien hasta hace poco tiempo condujo los destinos del país, sometió a la sociedad venezolana a la peor de las ignominias que le haya tocado vivir en el contexto histórico. Los herederos de la “borrachera” de poder, confundidos y sumergidos como están en la realidad de la prepotencia y la ignorancia en el manejo de los asuntos públicos, constituyen hoy los únicos causahabientes de la desgracia que significó el arribo de Hugo Chávez al poder.

Por ello, si bien es válido el reclamo histórico a los partidos dominantes de la política venezolana hasta 1998 y, fundamentalmente, a quienes los condujeron en esa etapa por la situación en la cual se sumergió a Venezuela, no menos cierto es que los sectores plutocráticos del país también tienen algunas cuentas por las cuales responder en este sentido. Principalmente, aquellos factores que sirvieron de puente de plata al proceso de defenestración de la política, para actuar como trompo servidor del proyecto chavista. En este sentido, válido es rememorar la historia buena de partidos y líderes que lucharon por la instauración de la Democracia y la modernización del país, como también lo es recordar las acciones generadoras de los vientos que trajeron estos lodos.

Vaya pues la reflexión, en sentido positivo y constructivo, dirigida a quienes hoy se abrogan la conducción de la sociedad venezolana, en el tránsito por la construcción de un camino distinto, capaz de devolver a los venezolanos la vida en libertad y en Democracia. Hoy más que nunca se hace necesaria la introspección de líderes y partidos con mentalidad democrática en la comprensión de los fenómenos que nos rodean. Ha de ser así, a objeto de encauzar un verdadero proceso de reinstitucionalización que permita la recuperación del país en todos los planos. Sólo de esta manera podrá surgir una verdadera crítica y reflexión constructiva, con capacidad para superar la opacidad discursiva y engañosa que ha postrado al país en el desaliento colectivo. La anomia social, igual como afecta al ser humano, puede ser superada y vencida desde la iniciativa de cambio político, planteada con verdadero sentido de humildad y grandeza.