Ya no me calo más este debate político

Por Johan Rodríguez Perozo @johanperozo.- En Venezuela se ha impuesto la circunstancia según la cual, debido a la polarización del ambiente político, el debate tiende a simplificarse en la contraposición de dos discursos, cuyo único sustento es la confrontación entre el oficialismo y sus adversarios. Sin embargo, la flacidez en la lucha protagonizada por los elementos en pugna, comienza a mostrar los signos clásicos de fatiga de toda confrontación prolongada en el tiempo y el espacio.


Por Johan Rodríguez Perozo @johanperozo.- Una de las características fundamentales del desarrollo de la política, lo constituye la posibilidad de construcción de un marco idóneo para el debate y la discusión de las ideas. Al fin y al cabo, la política es esencialmente discusión, intercambio y confrontación de posiciones diversas, en torno a las realidades circundantes. Teorías, doctrinas, posiciones ideológicas, conceptos y visión plural acerca de los temas diversos y fundamentales que afectan a la sociedad, constituyen el centro vital del debate político. La concepción acerca del manejo de los asuntos públicos determina la orientación y la manera como quienes pretenden el poder, han de construir el discurso en el cual se apoya la aspiración política. El ejercicio del poder desde la posición de gobierno, instancia política o control partidista que se detenta, exige disposición y correspondencia ética e intelectual para la discusión y el debate de las ideas y los asuntos públicos.

En Venezuela se ha impuesto la circunstancia según la cual, debido a la polarización del ambiente político, el debate tiende a simplificarse en la contraposición de dos discursos, cuyo único sustento es la confrontación entre el oficialismo y sus adversarios. A partir del arribo de Hugo Chávez al poder, la acción política oficial se decantó por imponer el esquema dominante y de control de todos los estamentos del Estado. La conversión del aparato público oficial en plataforma de apoyo al proyecto político, ha generado una lucha asimétrica en todos los planos. Los adversarios naturales de la política ejecutada por el grupo dominante, han devenido en un tipo de oposición no tradicional. Grupos políticos partidistas de distinto credo ideológico, político y programático, se han visto en la necesidad de unir esfuerzos en el combate al régimen. Tal acción ha supuesto una cierta declinación en el contenido del discurso, con la única finalidad de construir el consenso posible y capaz de desplazar del poder a quienes lo detentan.

La realidad del momento político le ha impuesto al liderazgo y partidos opuestos al régimen una actitud pragmática, cuyo efecto principal se ha traducido en el abandono del debate en lo ideológico y conceptual respecto al manejo del poder, a fin de priorizar la confrontación electoral como única estrategia ante el adversario común. La traducción orgánica de esta posición se expresó en la conformación de la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), plataforma desde la cual se adelantan las acciones tácticas y políticas de ese sector. En el frente oficial, el mimetismo estructural ha sido la característica principal, expresado a través de variados intentos por imponer un esquema en el cual el PSUV hace de partido nodriza, repartiendo migajas de poder a sus aliados. Una variopinta participación de base, propiciada desde el poder y sustentada en una inmensa plataforma clientelar, adosada a la capacidad de reparto de favores a través de los organismos del Estado, sustenta la formación colateral de grupos que hoy muestran la faz anárquica que les caracteriza.

Sin embargo, la flacidez en la lucha protagonizada por los elementos en pugna, comienza a mostrar los signos clásicos de fatiga de toda confrontación prolongada en el tiempo y el espacio. La disconformidad con la dinámica inscrita en el proceso de toma de decisiones de ambas plataformas, se ve erosionada por la imposición de los grupos dominantes de la escena política. Es una tragedia que asoma por igual en los bandos en pugna, dada la complejidad del reto de mantener las alianzas tácticas por tiempo prolongado. El sistema de recompensas, con relación a los aportes dados, se muestra deficitario respecto a las aspiraciones ideales de quienes buscan acceder al poder. El ambiente de cooperación que una vez sirvió como marco de relación para la acción permanente, ya no ofrece la solidez de los días primigenios. Es la incertidumbre frente a la realidad derivada de los actos fallidos, el detonante en los estados de ánimo que inspiran el pensamiento y por tanto, las acciones políticas de cada bando.

En una asimétrica y no muy lejana coincidencia, dos agrupaciones de distinto signo político, a pesar de estar ubicadas en aceras distintas, parecieran correr una suerte parecida. La tendencia oficialista denominada Marea Socialista, parte de la familia política del PSUV y el partido Voluntad Popular, integrante de la MUD, son muestras claras de la intolerancia característica del debate político venezolano. Ambas agrupaciones, protagonistas en ámbitos separados por la adversidad, se han manifestado en posición discrepante con la política y el discurso de los bandos a los cuales pertenecen. En el caso de Marea Socialista existe la posibilidad cada vez menos inédita, de ser execrados de las filas del chavismo gobernante, como consecuencia de la posición crítica asumida por estos días frente a quienes conducen el régimen. Al menos así se desprende de declaraciones públicas en este sentido, de personeros de la más alta representatividad de la cúpula del PSUV.

En el caso de Voluntad Popular, prácticamente ha sido condenado al ostracismo político, a partir de la manifestación pública de su diferencia con la posición de factores integrantes de la MUD frente al régimen. Tales posiciones condujeron a este partido y sus principales líderes, a ejecutar algunas acciones públicas, duramente criticadas y “satanizadas” por los factores dominantes de la comunidad opositora. Las críticas surgidas a la posición de VP han dado lugar a debates diversos acerca de la pertinencia y la integridad de la plataforma opositora. Tanto es así, que voceros calificados de partidos integrantes de la MUD, han adelantado opinión acerca de la inconveniencia de la compañía de VP en las próximas elecciones parlamentarias.

La observación política de los próximos días, con toda seguridad pondrá su atención en estas dos agrupaciones que, aunque representan posiciones político partidistas distintas, significan la punta del iceberg de discrepancias que asoman como expectativas, en el contexto de la discusión de los asuntos políticos. La suerte de “secuestro” en la que ha estado sumido el debate, tanto en el seno del oficialismo como de la oposición al régimen, pareciera comenzar a dar signos de cansancio. En todo caso, el escenario político electoral ofrecido por los comicios parlamentarios del próximo año, podría ser el marco en el cual “las fisuras” señaladas se conviertan agentes de un cambio cualitativo del debate y el discurso político venezolano.