¿Qué le pasa a la política y a los políticos en Venezuela?

Por Johan Rodríguez Perozo @johanperozo.- La promesa principal de quienes desplazaron al liderazgo llamado tradicional, fue la de cambiar el estado de cosas existente por uno capaz de reivindicar plenamente la expectativa colectiva de los venezolanos de vivir en un mundo mejor. La realidad que hoy nos da en la cara, contrasta plenamente contra la promesa incumplida.


Por Johan Rodríguez Perozo @johanperozo.- Leemos con interés la opinión dominical de Moisés Naím, publicada en el diario El País de España. En esta ocasión, Naím nos advierte acerca de los males y la degradación, según su punto de vista, que caracteriza el ejercicio de la política en estos tiempos en distintas latitudes. Hace referencia al significado de política en el ámbito local y global. Los ejemplos utilizado son, por supuesto, válidos a los efectos de sustentar la opinión emitida. Recogen en sentido general la realidad de diversas comunidades y elementos comunes a casi todas.

El caso venezolano sigue siendo ejemplo en discusiones de esta naturaleza. En los últimos tiempos la política en Venezuela ha sido transformada. Ya no la vemos como la conocimos a partir de la historia más reciente. La práctica democrática, sistema basado fundamentalmente en la vida en libertad, ha sido convertida en herramienta útil del discurso político. A partir de la instauración en Venezuela de la práctica democrática, se logró una transformación positiva en sentido general. La Democracia trajo a Venezuela mayor calidad de vida, elevación de la calidad de la educación, progreso en todos los ámbitos relacionados con la economía en sus diferentes actividades, primaria, secundaria, terciaria y una incorporación plena al desarrollo de instancias superiores en este campo, venidas de la mano de la transformación de la ciencia y las comunicaciones.

Partidos y líderes políticos han sido responsables de manera principal, de defectos y virtudes de la dinámica política criolla. A partir de su impronta, la sociedad venezolana es lo que hoy tenemos. El origen, auge y deterioro de todo cuanto ha ocurrido, es “achacable” a la acción de los partidos y sus líderes. La historia reciente está llena de reconocimientos y cuestionamientos a la actuación de ambos. Para no ir tan lejos, el discurso político oficial ha obligado a los venezolanos a voltear la mirada hacia el pasado, ya no en la búsqueda de culpables y responsables de la tragedia actual sino, además, para comparar los ignominiosos quince años de desgobierno chavista, con las obras y realizaciones de la Democracia. Algunos avezados analistas y opinadores de oficio, han estirado esa observación hasta la grandilocuente obra física ejecutada por la dictadura de Pérez Jiménez. Incluso en esta comparación, los tres lustros chavistas “pierden de calle” en el balance.

Lo cierto es, que a partir de la reflexión inspirada por Naím, vale la pena evaluar la actuación de nuestros políticos a la luz de la realidad actual. ¿Se comportan nuestros líderes a la altura de la exigencia de la sociedad de hoy? Responden nuestras organizaciones políticas, incluida la oficialista PSUV, en correspondencia con las expectativas de la gente? Preguntas de respuestas complejas, si nos atenemos a la dinámica de la lucha por el poder planteada en el país. Hugo Chávez logró el triunfo electoral, con base a serios cuestionamientos hacia un sistema democrático evidentemente alicaído e incapaz de haberse renovado a si mismo. La principal razón es que partidos y liderazgo de entonces, perdieron la capacidad de sintonía con los nuevos tiempos. Al menos es la afirmación más reiterada cuando se ha buscado la explicación lógica al origen de los males de hoy. La promesa principal de quienes desplazaron al liderazgo llamado tradicional, fue la de cambiar el estado de cosas existente por uno capaz de reivindicar plenamente la expectativa colectiva de los venezolanos de vivir en un mundo mejor. La realidad que hoy nos da en la cara, contrasta plenamente contra la promesa incumplida.

La dedicación a tiempo completo de quienes detentan el poder, por imponer a troche y moche un proyecto político sectario, capaz de hacer felices sólo a quienes lo comparten, se ha convertido en el leitmotiv de la acción oficial. La obligación fundamental de quienes desde las organizaciones políticas opuestas a esta idea le combaten, es la lucha por desplazarlos de donde están. En este sentido, la cotidianidad de la vida política de los venezolanos transcurre entre la angustia generada por la incapacidad del régimen en el manejo de los asuntos públicos y las deficientes acciones políticas de quienes luchan por desplazarlos del poder.

Ante la interrogante formulada por Naím, acerca del por qué de la “ojeriza” de la gente por la política, la respuesta debería ser, porque quienes la practican y conducen no se comportan a la altura de la exigencia fundamental que ésta nos plantea. La política es el espacio vital para el manejo de los asuntos públicos, de manera eficiente y en beneficio de las mayorías. Es también el ámbito al cual concurren quienes, alentados por estas ideas, luchan por conquistar el poder a objeto de aplicar las ideas y proyectos inspirados en el buen servicio público y la construcción de una sociedad plena de vida en progreso y libertad. Ciertamente, existe una dimensión de la política reservada a quienes hacen de esta actividad un modo de vida. Esa misma dimensión, admite como sujeto principal de la acción que lleva a cabo, al ciudadano que espera eficiencia en la conducción de los asuntos que le afectan. En este sentido, debemos tener claro que la misma obligación tiene un concejal, un parlamentario, gobernador, alcalde o Presidente, como quien lleva las riendas de un partido. La prolongación exagerada en sus funciones de quienes ocupan tales posiciones, es quizás una de las razones fundamentales por la cual se tuerce el verdadero sentido y la razón de ser del servidor público que permite la política.

La mayor parte de los males y vicios de la política, devienen de esta actitud poco democrática de quienes ejercen el poder en los partidos y en las instituciones públicas. Todo ello en detrimento de las realidades exigidas por la dinámica transformadora de los tiempos. Partidos y líderes formados en una cultura analógica, pretenden prolongar su estancia en el poder en un contexto digital. Como males necesarios, la permanencia en el cargo ya no obedece a la razón primaria que lo colocó allí, sino al interés de usufructuar lo más posible beneficios particulares y de grupo, derivados del disfrute sensual del poder. Mientras tanto, al decir de Naim, la sociedad se debate entre la antipolítica generada por la incompetencia de políticos y partidos, frente a la realidad y significado del deterioro de la política como consecuencia de sus acciones.