El metabolismo diabólico

Por Redacción.- ¿Cuánto saquearon los cubanos con las importaciones de alimentos? El grupo de Ricardo Fernández Barrueco tiene la respuesta, la cifra. Ricardo Fernández hizo la advertencia y los cubanos lo marcaron. Lea Chavismo, Dinero y Poder.


El metabolismo diabólico

La dimensión del problema era que Fernández Barrueco y sus aliados –todos– se estaban transformando en un poder, en un poder económico que derivaría en poder político, y por tanto había que anticiparse, había que jugar por adelantado. «Metabolismo diabólico», acuñará Maduro cuando Chávez ya no esté.

Ya rodaba la especie de que Fernández Barrueco soñaba con ser presidente de la República, que le dijo a un banquero que pronto sería gobierno, y suponían otros que ayudaba a que el sector más capitalista del chavismo tomara las riendas de la Asamblea Nacional.

Evaluado el costo y el beneficio, Chávez y el gobierno podían correr el riesgo de «tumbar» a otro banquero egoísta, a otro capitalista corrupto, convirtiéndolo en la bandera antitética de lo que no puede convivir con el socialismo.

Desde la crisis bancaria de 1994 los banqueros y empresarios venezolanos pasaron a ser los malos de la película, y justo cuando recuperaban su imagen de gente de trabajo y creadores de riqueza y baluartes de la democracia y la libre iniciativa, vinieron La Carmonada del 12 de abril de 2002 y el paro empresarial de 2002-2003, arrastrando con el fracaso lo poco que quedaba de gremios y figuras empresariales.

Sacrificar a Fernández Barrueco puede inscribirse en el mismo plan de que el capital –chavista o no chavista– no restablezca su posición ante la opinión pública. Por lo demás, «tumbado» Fernández Barrueco, al resto de sus aliados en el gobierno los asolaría el miedo, tal cual fue el objetivo de la caída del canciller Felipe Pérez Roque y el vicepresidente Carlos Lage en la nomenclatura cubana, acusados de sostener relaciones de negocios con un empresario español, devenido doble agente, autor de grabaciones, detonantes de la caída de los funcionarios que, vale decirlo, se supone sostenían vínculos con Fernández Barrueco. Estaba de por medio, además, la intención de los cubanos de controlar de manera total la importación y distribución de alimentos en el país.

Por esos días, el propio Fernández Barrueco había cometido un error. Otro error muy grave. Fue una advertencia. Gente de su grupo se la hizo llegar al entonces vicepresidente de la República, Ramón Carrizales. Lo que había comenzado como política de cooperación entre los gobiernos de Cuba y Venezuela, se había convertido en el negocio de unos pocos. En concreto, las importaciones de alimentos. En la práctica, la operación era monopólica. Los cubanos tenían el control de las importaciones: qué se compraba, cuánto, a quién y cómo se pagaba. ¿Recuerdan a Barbarita Castillo Cuesta?

El esquema afectaba a la industria nacional de alimentos. ¿Y quién era el que ascendía en la escala de productor nacional? El grupo de Ricardo Fernández Barrueco. La advertencia a Carrizales era directa: no solo es que hay corrupción sino que además están acabando con la industria nacional.

Después llegarían los cálculos. Son cálculos de la oficina de Ricardo Fernández Barrueco. De sus técnicos y sus analistas. La conclusión es que de la operación controlada por cubanos emergía esta cifra: más de 30 mil millones de dólares. Tal cantidad representaba lo «saqueado» en los últimos cuatro años. En efecto, los técnicos prefieren usar el término: saqueo. Y quizá, en el término se halle la connotación del error político. Del mal paso.

Previamente, Carrizales intentó establecer nuevas normas, incorporando a nuevos actores en el negocio, nuevos actores nacionales en la importación, distribución y producción de alimentos. Sin embargo, en lo que refiere a Fernández Barrueco su situación ya estaba decidida. Los cubanos, un sector del poder cubano, de la burocracia cubana, lo habían detectado como estorbo para sus intereses y sus objetivos en Venezuela.

–Inventaron que soy agente de Estados Unidos y que con mi poder económico y mis aliados la revolución al estilo cubano no podía salir adelante. 

La frase anterior es del propio Fernández Barrueco. ¿Cuál podía ser el origen de la apreciación cubana del doble agente? ¿Porque tenía empresas en Estados Unidos?

Tal vez el origen se encuentra en esta historia que ocurre en paralelo o que se inicia cuando hay certeza de que él y sus socios y sus hermanos han apostado al proyecto de Chávez. El entorno del poder suele ser celoso y mezquino, evitando que otros se asomen a la cúpula, al dedo que lo decide todo. De hecho, no olvidaba que en los días del paro de 2002-2003 hubo militares no chavistas que le ofrecieron cárcel por su respaldo al gobierno, y Sarkis Arslanian, el socio, escuchaba el insulto, impotente.

–Había militares saboteando nuestra operación. Cuando se hizo evidente que no podían con Chávez, desaparecieron de escena. 

Sarkis insiste en su posición:

–Apoyamos las políticas del gobierno

Y allí encuentra la causa, la explicación de las presiones, inclusive fuera del país, en Estados Unidos, en donde en 2004, Sarkis es retenido en el aeropuerto de Miami y obligado a volver atrás. Es 6 de diciembre de 2004 y Sarkis recuerda la fecha con rabia. La humillación. La revisión. La presión. Como si fuera la primera vez que viajara a Estados Unidos. Como si no mantuviera relaciones comerciales y de negocios en Estados Unidos, y de hecho, compañías en las que eran accionistas él y Ricardo, a saber, American Air Conditioner Internacional, Tayara Arslanian Enterprise Inc., Arab Ameritas Inc., West Fargo Jeans Internacional Inc., The Power 3001 Inc., Sajaka Japan Corporation y Grand Global Enterprises Inc, están registradas en el estado de Florida. Y como si Ricardo Fernández no hubiera sostenido en el pasado vinculación directa con el gobierno de George Bush padre, usando el barco El Santo, llevando cargas al golfo Pérsico en plena guerra del golfo. Y como si la filial de Proarepa en Estados Unidos, American Food Grain, AFG, no mantuviera operación pública y legal.

Sin embargo, ninguno de esos antecedentes bastaba para evitar que, según señalaban informes de la época, cursaran sobre ellos averiguaciones de la DEA y el FBI por el presunto lavado de dinero, tal cual lo revelaría Hugo Chávez en un Aló Presidente, pero no para condenarlo, sino para defenderse y defender al mismo tiempo a Fernández Barrueco.

–Nos sentíamos acosados –señalaba Sarkis.

Después le llegaría el turno a Ricardo Fernández. Este pasaría por una experiencia todavía más desagradable. Su avión va a ser retenido en 2006 por las autoridades antidrogas de los Estados Unidos. Sometido al escarnio público, intenta demanda y gana no solo que se le devuelva el avión sino que se le cancele un millón de dólares por daños morales. Sarkis explica que las investigaciones posteriores adelantadas a petición propia, arrojan que el operativo de retener la nave había contado con la cooperación de la derecha cubano mayamera y de exfuncionarios de la policía política venezolana, incluyendo a Thor Halvorssen, expolicía y reconocido exasesor de seguridad de antiguos banqueros locales, cerebro de algunas de las movidas de guerra sucia montadas en los años noventa en el país. Sarkis apuntaba que en el aeropuerto de Miami, el avión era esperado por 72 personas, incluyendo periodistas, con lo cual quedaba demostrado, en su opinión, que se trataba de un show preparado, planificado. Los revisaron a fondo, cuando debió tratarse primero de un trámite que buscara determinar el estado y condición del serial de la nave.

Pese a que luego será despejada la duda, el mal, según Sarkis, ya estaba hecho. Los periódicos, las agencias, las páginas web, se habían hecho eco de la información. A partir de allí, los dos socios toman la decisión de ir más arriba, de resolver los problemas no en Miami, predio del exilio opositor a Chávez, sino volcarse a diligencias directas en Washington, apelar a las antiguas relaciones con los Bush, a contratar bufetes y lobistas con acceso al poder, y aclarar así las sospechas con la DEA y el FBI.

–Nos desnudaron completamente. Mucha gente no pasa por el examen que pasamos nosotros –revelaba Sarkis.

En efecto, el lobby de Washington movió las piezas. Se supone que ambos ya no aparecían en la lista de personajes políticamente sospechosos.

–Nos obligaron a ir a Washington y ahí resolvimos el caso –decía por su parte Ricardo Fernández–. Es la ultraderecha de Miami la que me ataca.

Resuelto el asunto, el grupo se preparaba a mediados de 2009 para abrir operaciones con Fextun, la empresa atunera del grupo, en California.

¿Este era el antecedente que los calificaba como agentes de los Estados Unidos? Falso, infundado, intrigante, según los socios. Por ello es que Fernández Barrueco no guardará límite en sus críticas hacia la operación cubana en el país pues en el futuro, ya desde la prisión, le va a declarar a Francisco Olivares en El Universal, que «los cubanos tienen la mayor responsabilidad en la crisis de PDVAL». De las miles de toneladas de alimentos que se pudrieron, o se desviaron o nunca fueron adquiridas.