Nada tan crudo ni tan real como Africa

Por Gustavo Sánchez Guerrero (Madrid).- Dijo el presidente de los Estados Unidos: “África necesita instituciones fuertes, no hombres fuertes”. Esto es parte de la tragedia del continente donde nació la humanidad.


Por Gustavo Sánchez Guerrero (Madrid).- Uno de los cinco Continentes, el más antiguos y el tercero después de Asia y América, un poco más de treinta millones de kilómetros cuadrados, cuna de la humanidad de donde procedieron las sucesivas especies de Homínidos y Antropoides que dieron lugar a la especie humana. África está compuesta por 54 países independientes, 24 territorios pertenecientes a países no africanos: España, Francia, Italia, Portugal y siete territorios no reconocidos.

A lo largo del tiempo los africanos se labran su propia historia y los pueblos originarios y conquistadores se hacen su espacio, incluido los árabes. En la Edad Moderna la esclavitud se entroniza en este continente con una fuerza hasta ese momento desconocida de la mano de los portugueses que establecen factorías en la desembocadura de los ríos, practica pronto imitada por ingleses, franceses y holandeses que se suman al comercio de esclavos hasta su abolición a lo largo del siglo XIX.

El colonialismo europeo que se inicia de manera desordenada a partir del siglo XVII se hace dominante, aproximadamente en 1885 en la Conferencia de Berlín y el comienzo de la Primera Guerra Mundial, época en que los imperios coloniales se extienden en África, si bien Liberia y Etiopía consiguen mantener su independencia. Europa busca colonialmente las materias primas que alimenten el rápido crecimiento de su producción después de la Revolución Industrial iniciada en Inglaterra a fin del siglo XVIII.

Según Dambisa Moyo, en su obra Cuando la Ayuda es el Problema, 2011, editorial Gota a Gota, Madrid, alrededor de 50% del continente permanece bajo regímenes no democráticos, al menos once regímenes completamente autocráticos: Congo-Brazzaville, Guinea Ecuatorial, Eritrea, Gabón, Gambia, Mauritania, Ruanda, Sudan, Suazilandia, Uganda y Zimbabue. Amén que tres jefes de Estado: Dos Santos en Angola, Obiang en Guinea Ecuatorial y Bongo en Gabón han detentado el poder desde los años setenta; mientras otros cinco presidentes llevan en el poder desde los años ochenta: Campaor de Burkina Faso, que en el mes de noviembre dimite por la protesta ciudadana al pretender alterar la Carta Magna para ser reelegido de nuevo, accedió al poder en 1987 tras un golpe de Estado contra Thomas Sankara, considerado el “Che Guevara de África. También está Biya de Camerum, Conté de Guinea que falleció en junio de 2009, Musevini de Uganda y Mugabe de Zimbabue. Además, al menos once países se han visto envueltos en guerras civiles: Angola, Burundi,, el Chad, la República Democrática del Congo, Congo-Brazzaville, Guinea-Bissau, Liberia, Ruanda, Sierra Leona, Sudan y Uganda.

En su condición de ex colonias, la mayoría de los países africanos mantienen estrechas relaciones económicas con la Unión Europea (UE), una suerte de extensión bajo otros parámetros políticos y económicos de relativa igualdad, pero superada por la China comunista que ha enfilado sus baterías hacia Angola, su principal proveedor petrolero, Guinea Ecuatorial, Nigeria, Chad, Sudan, Gabón, Zambia y República Democrática del Congo, estos dos últimos productores netos de minerales. Por supuesto, la ayuda internacional se ha acrecentado y en los últimos cincuenta años se considera que podría situarse al menos en mil millones de dólares el flujo que ha terminado favoreciendo a las burocracias gubernamentales, presidenciales y ciertas ONG financiadas por algunos gobiernos. Se calcula que la corrupción cuesta al menos ciento cincuenta millones de dólares al año.

¿Qué hacer? Son oportunas las palabras del presidente Obama ante el parlamento de Accra (Ghana), noviembre, raro país que transformó con éxito sus estructuras políticas transitando hacia un sistema de libertades reduciendo en dos décadas la pobreza a la mitad sin aspavientos retóricos ni socialismos africanos que fracaso tras la descolonización. “África necesita instituciones fuertes, no hombres fuertes.”