En Brasil se admite la crisis y por ello el Gobierno de Dilma aplica un ajuste ortodoxo

Por Ayrton Salamanca (Río de Janeiro).- En resumen, las medidas son de corte recesivo, sobre una economía que ya venía cayendo: llover sobre mojado. Pero necesarias para que Brasil levante vuelo a mediano y largo plazo. Todavía, nadie se atreve a dar un pronóstico certero. Con mucha timidez se comenta de una débil recuperación para 2016 y parece más claro que para 2017 se estaría creciendo por encima del 2%, al menos.


28Por Ayrton Salamanca (Río de Janeiro).- La recesión de la economía, acompañada por los llamados déficits gemelos, ha obligado al gobierno brasileño a aplicar medidas que, sin duda, caracterizan lo que se llama un ajuste clásico u ortodoxo, con receta bastante conocida pero que hacía tiempo que no se utilizaba en Latinoamérica, al menos con todos los ingredientes.

Son las recomendaciones  clásicas que suele sugerir   el FMI para restablecer los equilibrios macroeconómicos, recobrar la confianza y, en consecuencia, los países retornen a la senda de crecimiento ordenado y sostenible. Y hace un tiempo, en la época de las vacas gordas, en pleno boom de los commodities, el entonces presidente del FMI, Rodrigo Rato, visitó Brasil. La portada de la revista Exame, especializada en negocios, mostraba a Rato sentado en un caucho en una tienda de cauchos, con la expresión: “No tenemos a quien prestarle”.

Brasil nadaba en liquidez, con  reservas internacionales creciendo asombrosamente, tanto que cada año marcaban record, producto de las exportaciones  y mucha inversión extrajera, de corto y largo plazo.  Un país emergente, un coloso incorporado a la elite de los BRICS.

Los tiempos han cambiado. Pasó la época del boom de los commodities, y, como lo señaló acertadamente Julio Maria Sanguinetti, ex presidente de Uruguay, en un artículo publicado en el diario El País de Madrid, “cuando baja la marea, nos damos cuenta  quiénes nadaban desnudos”. Y en efecto, con la baja de los precios de las materias primas, por un lado y, por otro, el gasto público creciendo por políticas anticíclicas, determinó que, en muchos años, Brasil terminara con déficit en la balanza comercial y déficit fiscal primario. 

II

En esta oportunidad, nuevamente, Brasil recibe la visita del presidente del FMI. Cristina Larralde estuvo en Brasil recientemente, ahora hay mucho por hacer, al menos, validando todas las medidas que ha venido tomando la administración de Dilma Rousseff para poner la casa en orden y generar confianza en los inversionistas. Por ahora, pareciera que se va en el sentido correcto, la señora Larralde lo corroboró directamente.

Las medidas:

  1. Corrección del tipo de cambio.  El real brasilero se viene devaluando en relación al dólar,  buscando recuperar la competitividad perdida de las exportaciones y reducir las importaciones; con esto, se restablece el equilibrio en la balanza comercial.
  1. Ajuste fiscal. Para restablecer el equilibrio en el presupuesto, se inició con alzas de tarifas de servicios públicos, eliminación de subsidios y otros recortes en gastos.
  1. Alza de la tasa de interés, fundamentalmente para anclar las expectativas y bajar las presiones inflacionarias.

Sin duda, son medidas de corte contractivo, no había otra alternativa, ya Brasil agotó  otras vías, como las políticas anticíclicas, con una  amplia batería de instrumentos  para evitar llegar a la recesión que fue inevitable y  que se viene acentuando por las propias medidas. Y es que el aumento del gasto público, las bajas tasas de interés, la cartera de  préstamos crecientes  de los bancos públicos, los subsidios a las tarifas eléctricas  para aumentar la competitividad, entre otras medidas,  no pudieron levantar una economía que se venía desplomando por los impactos de factores internos y externos.

La baja de los precios de las materias primas, el rezago cambiario, los cuellos de botella en infraestructura, la baja competitividad, la falta de confianza por los escándalos de corrupción en Petrobras, finalmente terminaron llevando a Brasil a la recesión.

La moneda brasileña se devaluó 13% en 2014. Ya en 2013 se había devaluado 14%.  Al primer trimestre ya se siente el efecto de la variación de los precios relativos con el exterior y las exportaciones están aumentando, pero el mayor ajuste es la baja de las importaciones, por una economía que demanda menos, bien por el consumo como también por la inversión. Pero ya se vislumbra el equilibrio comercial, con su costo en recesión en el corto plazo y esperanza de recuperación a mediano y largo plazo.

Ya el congreso aprobó un paquete de recorte de gastos por 70.000 millones de reales (US$ 25.000 millones) aproximadamente 1,27% del PIB. Esto sumado a la alza de las tarifas de electricidad  permite a Eletrobras mejorar sus resultados aunque Moody´s le bajó recientemente  la calificación de riesgo. Pareciera que esto aún no es suficiente, pues en materia de recaudación fiscal, el menor nivel de actividad económica limita el alcance de las metas. Algunos analistas consideran, que el Gobierno está manejando la idea de aplicar el impuesto a las transacciones financieras, muy efectivo por su fácil recaudación y su alcance; no obstante, hay dudas de conseguir su aprobación por la debilidad política del Gobierno en el congreso. 

III

En materia monetaria, el Banco Central de Brasil sigue subiendo la tasa de interés (SELIC), y esta semana fue la sexta alza consecutiva desde que se inició en 2013. Con esto la tasa SELIC alcanzó 13,75% en relación a 7,3%, su mínimo histórico. Política monetaria contractiva, baja el consumo y la inversión con el objetivo de anclar las expectativas inflacionarias, la mayor amenaza para la economía y así alejar este fantasma que afectó Brasil en la década de los 80 y parte de los 90, hasta que con el Plan Real (1994) se  logró detener.

En resumen, las medidas son de corte recesivo, sobre una economía que ya venía cayendo: llover sobre mojado. Pero necesarias para que Brasil levante vuelo a mediano y largo plazo. Todavía, nadie se atreve a dar un pronóstico certero. Con mucha timidez se comenta de una débil recuperación para 2016 y parece más claro  que para 2017 se estaría creciendo por encima del 2%, al menos, el último reporte país de The Economist lanzó esta cifra.

Dilma RousseffIgual, cada día se conocen más medidas que siguen la política de austeridad y recortes. La última de relevancia: BNDES recorta el crecimiento de la cartera de crédito, pues su principal fondeo, las trasferencias directa del Gobierno Central también se cortan en el contexto del ajuste fiscal. Y se reduce la tasa de interés subsidiada a muchos “sectores estratégicos”. La banca privada empezará a recuperar mercado.

Por su parte, el Gobierno consigue oxigeno: el primer ministro Chino, en su visita a Brasil, firma 35 acuerdos bilaterales y ofrece un paquete de intención de inversiones por US$53.000 millones. Fue celebrado como un triunfo que busca revertir el ambiente de pesimismo en la economía. Más adelante ahondaremos en este tema. Y mientras tanto, Petrobras sale al mercado nuevamente, después del escándalo de corrupción, y levanta US$2.500 millones en  bonos a 100 años plazo.