El doble juego de Escotet

Volvamos a principios de 2003. El Ministerio de la Defensa revisa las cuentas y observa que no hay liquidez con que pagar al personal militar la primera quincena de enero. El banco seleccionado por Chávez para llevar la cuenta de los militares es el estatal Banco Industrial de Venezuela. Lo es, desde que el presidente …


Volvamos a principios de 2003. El Ministerio de la Defensa revisa las cuentas y observa que no hay liquidez con que pagar al personal militar la primera quincena de enero. El banco seleccionado por Chávez para llevar la cuenta de los militares es el estatal Banco Industrial de Venezuela. Lo es, desde que el presidente en una oportunidad anterior, desconfiando de Banesco, ordena el cambio de institución. Hay que recordar que después del 11 de abril todo es desconfianza. Banesco había heredado la relación con los militares, que eran clientes del Banco Unión y con en el que Escotet, en el año 2000, se había fusionado en Unibanca. El Unión, por décadas, había sido el banco de la nómina militar. Por ello, las cuentas habían quedado bajo control de Banesco que apostaba en grande. Y aunque la orden de Chávez había sido mudar el dinero de los militares al BIV, estos, en lo particular, no habían cerrado sus cuentas, conservaban las tarjetas de crédito, se endeudaban y ahorraban en el banco de Escotet que les ofrecía un mejor servicio, una red más amplia de agencias y de cajeros hasta en los cuarteles. Cuando el ministro alerta de la situación, de la emergencia, de la falta de plata, Escotet no lo piensa dos veces. Aprueba un sobregiro y el ministerio paga los salarios.

Un mes más tarde, un Chávez crecido se muestra dispuesto a intervenir Banesco por el papel de Escotet en el paro. Entonces entran en escena Diosdado y Rafael Sarría, y también un amigo de Sarría que hace el puente entre aquellos dos con Escotet. Este tercer personaje ha preferido, siempre, mantenerse en el anonimato. Por su parte, Diosdado ha subido en puntos. La línea planteada en diciembre pasado se ha cumplido al pie de la letra. Tanto así que adversarios, tipo Juan Barreto, se lo reconocen. Diosdado y Sarría le recuerdan el episodio de las cuentas de los militares a Chávez e interceden por el banquero y la institución.

–¿Qué hubiese ocurrido si en medio del paro los militares no cobran sus sueldos?

Chávez lo piensa y decide perdonar a Banesco. Antes, Escotet ha querido hablar con él. Pero el mandatario no dispone de ánimo para ello a pesar de que conoce a Escotet, lo conoce desde la campaña de 1998 y sabe también que Escotet era el corredor del empresario Orlando Castro cuando desatan la OPA contra el Banco de Venezuela, y sabe que Castro empleó a militares golpistas que no encontraban quien los acogiera. En fin, había una identificación, o tal vez una cierta comprensión por parte de Chávez hacia Escotet y lo que representaba. Sin embargo, con el paro toda esa empatía se había venido abajo.

Entonces, Escotet toma una decisión. Quizá una de las más arriesgadas en su corta carrera de banquero. Le dice a sus ejecutivos más cercanos, le dice a su grupo íntimo, que se va al Palacio de Miraflores. Que Chávez tiene que oírlo y ¿por qué no?, recibirlo. Mientras se desplaza por la avenida Urdaneta de Caracas va redondeando las palabras y la idea que lleva entre ceja y ceja. A dos cuadras de Palacio tiene que abandonar el vehiculo pues el recinto ha sido convertido desde meses atrás en zona de seguridad. Camina, explica al centinela quién es y la diligencia que le ocupa: hablar con el presidente. El soldado consulta. Un oficial superior consulta adentro a otro superior pero Chávez mantiene la posición de no recibirlo. De pronto, sin embargo, ocurre lo inesperado. El presidente se pone al teléfono y desde la garita del Palacio Presidencial hablan. Si la conversación con Diosdado Cabello fue dura, tajante, directa, la de Chávez ya es posible imaginarla. Por lo demás, la imagen es fílmica. La garita, el banquero, los soldados y en la patalla dividida en dos, el presidente hablándole, eufórico de poder. De lo poco que ha transcendido del diálogo es que Chávez, de entrada, lo señaló de conspirador y Escotet le respondió:

–No soy un conspirador. Soy un venezolano preocupado por la situación del país.

A una década de la conversación, uno de los íntimos de Escotet interpreta que corrió con suerte porque Chávez, en cierta medida, aún conservaba alguna dosis de simpatía por aquel banquero de 43 años que era todo un emprendedor y a los 30 años se había enfrentado a los grupos tradicionales del poder bancario y económico. También, señala la fuente, cabe destacar el riesgo tomado por el banquero de asomarse a Palacio a pesar del rechazo manifiesto de Chávez. Ese acto de audacia lo salvó, afirma. Y ya se sabe, una de las condiciones naturales que explican el éxito de Escotet es su audacia.

Diosdado, que había impuesto su posición de resistir al paro con todas las armas, convencía a Chávez de que lo peor era generar una crisis bancaria. De manera simultánea, salvando a Escotet, le enviaba el mensaje a los banqueros y a los empresarios de quién tenía las llaves del poder. Entre Chávez y Diosdado, destaca el papel de Rafael Sarría. En calidad de operador financiero conoce los rigores del mercado y a cada actor; ya ha sido testigo, aunque lejano, de la crisis bancaria de 1993-1995. De tal manera que son sus argumentos, sus elementos, los que tienen peso, esa vez y en otras oportunidades posteriores. Enviará mensajes en los tiempos de Chávez: la desventaja, los riesgos de arrasar con todo el sistema bancario, aunque él mismo será víctima de la intriga y la lucha de poderes cuando su casa de bolsa, Global Corp, sea intervenida y revisada a fondo.

En tiempos de Maduro desempeñará un rol similar. Enviará la advertencia a tiempo. La situación  no es cómoda. Ubicarse en el centro de un escenario en el que se desarrolla un juego perverso por el poder. Es el trabajo del equilibrista. Empresarios y banqueros le reconocerán a Sarría el esfuerzo. En su caso no hay sospechas de estar jugando para el enemigo. No se le aprecia así dentro del chavismo aunque los recelos siempre brotan. Su caso es el de una figura de mayor consecuencia, bien lejos de ejemplos como el del ex-ministro de Finanzas Rafael Isea, quien se marchó a Washington a mediados de 2013, y lo menos que se dijo era que andaba en plan de colaborar con las autoridades de los Estados Unidos con el objeto de encontrar cobijo y protección[2].

Por su parte, Escotet les agradecerá el gesto. Y ello tal vez explique por qué Diosdado decía de Escotet que es «alguien que reencontró su rumbo». Me lo dirá después, en 2004, cuando le pida su opinión sobre el banquero. Y el “reencontró” remite al hecho de que Escotet había sido uno de los financistas de Chávez en la campaña de 1998 e inclusive, el día de la victoria se encontraba, junto a Chávez, Miquilena, José Vicente Rangel y otros escogidos, en la oficina del empresario Tobías Carrero, esperando los resultados electorales. Pero si hasta jugó con Rosinés, la niña de Chávez, según recuerdan testigos de aquella tarde del 6 de diciembre de 1998.

Eso de reencontrar el rumbo lo decía Diosdado aunque Cháez siguiera pensando otra cosa, pues todavía en noviembre de 2004, en Fuerte Tiuna, Chávez le advertirá a gobernadores, alcaldes, militares, ministros y dirigentes de su partido, tener cuidado con «los bancos enemigos de gente que están tratando de tumbarme».

O sea, a dos años y seis meses del 11 de abril, a casi dos años de la finalización del paro y de aquella conversación con Sarría y con Diosdado, a Chávez no le quitaban de la cabeza la idea de los bancos golpistas, y entre ellos, uno en particular, al punto de atreverse a mencionarlo en ese discurso con motivo de presentar «el nuevo mapa estratégico» de la revolución: Banesco.

–Gente que están tratando de tumbarme a mí y a nosotros, Jesse (Chacón). También lo he detectado, tengo la lista. Banesco, ese es uno. Alcaldes y gobernadores de este proyecto que, mientras esta gente esté arremetiendo contra mí a mansalva y contra nosotros y contra nuestro pueblo, tienen ahí miles de millones de bolívares metidos en esos bancos, y a plazo fijo, y ganando intereses.

A José Vicente Rangel le gustaba recordar que Chávez nunca olvidaba la bandera nacional con la cual Escotet vistió la Torre Banesco en señal de protesta contra el gobierno. Una gigantesca bandera –la de siete estrellas–, lanzada al paso de una también gigantesca marcha de esas de diciembre de 2002, provocando una especie de paroxismo en los manifestantes. Previamente, en la terraza del edificio, Escotet había deshojado la margarita. La lanzo o no la lanzo. La lanzamos o no la lanzamos. Y al grito de ¡síííííí, hay que lanzarla! se decidió dejarla caer, como un manto, un vestido vaporoso, tricolor. Fue una jugada que pudo costarle todo. Tanto que en la conversación telefónica con Chávez el episodio salió a relucir.

Destaca, no obstante, que a pesar de la advertencia de Chávez y la confesión de Rangel, cuando Diosdado Cabello arriba por ese tiempo a la gobernación de Miranda, mantiene las cuentas de la gobernación en Banesco, cuentas abiertas desde los periodos del gobernador Enrique Mendoza.

–Eso no era gratis –señalaba un directivo de Banesco.

En efecto. No todo es gratis. Y unas son de cal y otras de arena. Dicen que Diosdado es manso por las buenas y terrible por las malas. Y es que pasado el tiempo, él mismo se encargará de poner a Escotet en su sitio cuando vuelva a «torcer» el rumbo. Es hecho confirmado que perdida la gobernación de Miranda, 2008, y antes de que Capriles Radonski, su odiado enemigo, se siente en la silla regional, se emiten órdenes de pago por miles de millones de bolívares que no pasaron, no se pagaron, bien por alguna formalidad administrativa, o bien porque el poder cambiaba en el estado Miranda.

Ya se había producido un antecedente en la anterior elección cuando Diosdado le ganaba a Enrique Mendoza. El banco cubrió la falta solicitándole al gobernador saliente, Mendoza, una comunicación en la que autorizaba darle curso a los cheques a pesar de que ya no era el poder. De nuevo, con Diosdado, el banco solicitó la comunicación pero esta vez no hubo respuesta y por tanto no se le dio curso a los pagos. Ante esta situación, el exgobernador, Diosdado, pasaba a ser el responsable, el único responsable, de incumplir compromisos previos con contratistas, proveedores y empresas de servicios. Además, en los cuarteles de Primero Justicia –el partido de Capriles Radonski– suponían que la idea de Diosdado era dejar seca la cuenta de la gobernación de Miranda en Banesco, práctica habitual en la era chavista cuando el poder cambia de mano, hacia la mano de un adversario.

Además, la sospecha de secar las cuentas era firme, pues tal conducta estaba en sintonía con lo decidido más tarde por el gobierno central: despojar de competencias a la gobernación, y una gobernación sin competencias es un gobierno sin recursos. De hecho, en 2012, una de las últimas medidas de Hugo Chávez es que a Elías Jaua le crea un cargo político-electoral, protector de Miranda, con el fin de restarle y hacerle competencia a Capriles Radonski en su patio. Jaua no había podido arrebatarle la gobernación a Capriles en los comicios de ese diciembre.

Después se sabe que a pesar de las formalidades del caso, lo menos que esperaba Diosdado o su equipo era que el banquero lo llamara directamente para solventar la situación y los procedimientos de pago o transferencia se cumplieran. No ocurrió así, dicen unos. Claro que ocurrió, señala una fuente interna del banco: ¿acaso Escotet es loco? Lo que pasa es que Diosdado estaba intratable, incontrolable. La derrota le pesaba en el cuerpo y era imposible que entendiera. Lo cierto es que el banco asumió el procedimiento de no pagar o transferir lo que no podía pagar y transferir. Y no pagar significaba ofender a Diosdado Cabello.

Por otra parte, la consecuencia lógica es que un agradecido Capriles Radonski hubiera mantenido los fondos de la gobernación en Miranda. No ocurrió así. Fueron trasladados hacia Banvalor, el emergente grupo de la camada boliburguesa de los hermanos Castillo Bozo. Son tres los hermanos y de ellos, Leopoldo es el que llevaba las relaciones y los negocios con fichas del gobierno. Primero por vía del alcalde Alfredo Peña, después por vía del sucesor de Peña, Juan Barreto, más tarde por vía del Ministerio de Educación, en los periodos de Aristóbulo Istúriz y Adán Chávez;  y por último por vía del Ministerio de Finanzas, en los tiempos de Alejandro Andrade, con los bonos, con las notas estructuradas, favorecido por las adjudicaciones directas de estos papeles; y hasta favorecidos por el lobby de una rubia de gran movimiento entre el chavismo y algunos operadores: la bolibarbie. Cierto que tienen formación, que son hijos de un exejecutivo de antigua vinculación al Banco Provincial. El padre consolidó fortuna en los 90 vendiendo su posición de acciones en el Provincial al banquero David Brillembourg, quien se había montado en una ola especulativa con los papeles de este banco. Un tiempo, Leopoldo operó con futuros de petróleo, y le fue bien.

La Fiscalía General llegó a adelantar averiguación por el uso de la nómina de empleados de Banvalor con el objeto de adquirir cupos de bonos transformados en divisas, cuyo beneficio engordaba las cuentas de los hermanos, sin utilidad para los enlistados. Usurpación de identidad, decían en la Fiscalía. Por algo similar habían señalado a los directivos presos de Econoinvest. Los hermanos Castillo Bozo ya no viven en Caracas. Antes de la persecución de los boliburgueses ya habían tomado la precaución de no pasar estancias largas en el país. Mejor Miami. Mejor República Dominicana.

El uso de las nóminas y listas falsas de clientes fue una práctica aparecida en el segundo periodo de Nelson Merentes en el Ministerio de Finanzas, resultante de que en la adjudicación de bonos se aplicara un esquema matemático con el supuesto de favorecer a los pequeños inversionistas: se ofrecía un menor porcentaje en la medida en que el particular aumentara su demanda. O en sentido contrario: el pequeño inversionista, al demandar menos dada su debilidad de compra, llevaba la ventaja de obtener más, hablando en términos porcentuales. ¿Qué pasó? Que algunas casas de bolsa con su matemática muy particular, incorporaron a sus empleados, a los familiares y amigos de estos, en listados hechos en casa con el objeto de “adquirir” los bonos, transmutados después en dólares. Se supone que toda esta masa de gente de bajos recursos, al prestar su nombre al operador, podía obtener alguna ventaja traducida en una pequeña comisión.

Era tanta la gente enlistada en las operaciones que casas de bolsa pequeñas y medianas aparecían con miles de solicitudes, contingente de personas anónimas a las que se les pagaba una bagatela a cambio de la copia de la cédula y la firma. Se montaron operativos en puntos de alto tránsito peatonal en Caracas, y como si llenaran una encuesta de opinión, acumularon listas de nombres pagando en efectivo a cada individuo.

-Chico, se te pasó la mano. Metiste a todo el estadio de béisbol- le reclamaba, medio en broma, medio en serio, un operador a otro.

En medio de la fiesta se adelantaron algunas investigaciones, entre ellas la de Banvalor, por iniciativa de algunos empleados que no habían autorizado a la entidad a usar su nombre. En mayo de 2009, la Fiscalía imputó a Leopoldo, Gabriel y Juan Castillo Bozo, lo cual resultaba sorpresivo, dado los nexos sostenidos por el trío con figuras del alto gobierno.

Y si la averiguación podía convertirse en peso muerto y obstáculo que los afectara en futuras negociaciones, resulta que sin embargo, el nuevo gobernador de Miranda, Henrique Capriles Radonski llegaba al cargo y, como se dijo, transfería los recursos a las cuentas del grupo y también los contratos de seguros a Banvalor, evocando las antiguas sospechas de las operaciones sin transparencia. En la Asamblea Nacional hay amago de un debate por parte de diputados chavistas que anuncian que van investigar, aunque solo de palabra, pues ¿cómo iban a investigar una empresa que contrataba con el alto gobierno? ¿Cómo investigar a una empresa con relaciones de primera mano con Alejandro Andrade, el jefe de la Tesorería Nacional? ¿Y el ex-ministro Aristóbulo Istúriz no había ascendido ya a posición de alta jerarquía en el partido de la revolución? ¿Y la figura de Adán Chávez? De modo que quienes habían tomado la iniciativa de averiguar con el propósito de atacar a Capriles Radonski y algunos de sus colaboradores, callaron al final pues no convenía alborotar tantos avisperos: la aseguradora manejaba la póliza del Ministerio de Educación, una póliza montada en 100 millones de dólares. La verdad es que a los solícitos diputados rojos les podía salir el tiro por la culata, afectando a los jerarcas de la revolución.

Pero Seguros Banvalor fue intervenida el 23 de septiembre de 2010. La medida administrativa llegó cuando los hermanos Castillo Bozo ya se habían ido del país. La solidez conseguida por la aseguradora con la póliza del Ministerio de Educación se resquebrajaba desde 2008. La empresa perdió hasta sus reservas técnicas y al grupo se le señaló de haber anticipado los problemas y usar los recursos para abrir operaciones fuera del país, Aruba y Panamá. La insolvencia de la aseguradora terminaba impactando al banco y a todo el grupo financiero. No obstante, el banco era muy poca cosa para impactar al sistema financiero, siempre más una entidad para intermediar bonos del Estados, papeles de la República y acumular ganancias. Acreedores, empleados, corredores de seguros y clientes alzaron su queja ante las autoridades. Ejecutivos dijeron que los hermanos se habían ido del país a raíz de la intervención de la casa de bolsa, meses antes, dejando en sus manos el manejo de la aseguradora, agónica, y del banco, en riesgo. Vivían como reyes en Miami, sí, pero habían perdido lo que construyeron en una década.

Y desde Miami, Leopoldo Castillo Bozo se defendía, afirmando que desde el gobierno le estaban cobrando factura política. Lo mismo dirán los otros boliburgueses caídos en desgracia. ¿Cuál factura se le cobraba a Castillo Bozo? Si nunca fue investigado a propósito del contrato con el Ministerio de Educación. Si por nada se le espetaban sus nexos con el tesorero nacional. La versión era que la factura venía por los lados de los seguros que había contratado con gobernaciones de la oposición, Miranda y Carabobo. O sea, que después de disfrutar de las mieles del gobierno se vendía como factor antichavista. ¿Era por la póliza de la gobernación del estado Miranda? ¿Era porque se le señalaba como uno de los apoyos financieros de un sector del partido Primero Justicia?

El caso es que Leopoldo Castillo Bozo le apuntaba a sus amigos que las autoridades no le habían dejado margen de maniobra. Que la aseguradora poseía suficientes reservas, que las colocaciones en el exterior estaban permitidas por la antigua Ley de Seguros, y que hizo todo lo posible para ser escuchado por la Superintendencia de Seguros.

-En las batallas el rey se queda atrás –le declaró al diario El Mundo– A qué voy a ir a Venezuela, para que me metan preso injustamente…No me intervinieron. Me confiscaron una empresa que tiene mucho más patrimonio que deudas.

Lo cierto es que la decisión de la gobernación de Miranda de moverle los recursos no molestó tanto a Escotet –que ya de por sí es una chispa de carácter-, sino que lo hizo caer en razón y juicio. Convocó otra vez al grupo de mayor confianza, pidió consejo y es por esas fechas que confirmó lo que había decidido en la etapa postparo, luego de aquella derrota política: toma la firme de decisión de concentrarse en ser banquero de verdad y hacer grande a Banesco y montarse en la estrategia de internacionalización. Fuentes de todo crédito apuntan que el consejo directo vino de José Luis Lagoa, un hombre que ha sido banquero, asesor de banqueros, exsocio de Escotet en la fundación de Banesco, consejero en los tiempos en que ambos trabajaban con Orlando Castro y, más que nada, amigo de ese grupo fundador de Banesco, verbigracia, Escotet, Luis Xavier Luján, Carlos Acosta López, Omar Gerardo Camero y Miguel Angel Capriles López, entre otros. Hay banqueros que apuntan que Lagoa es, de ellos, el más inteligente de Venezuela solo que él también tomó una decisión de vida: no ser dueño de banco ni empleado de algún otro. Unos ojos chispeantes y una sonrisa permanente confirman el por qué de la decisión. De hecho, él suele afirmar:

-Los ricos mientras más ricos lo que compran es soledad.

Hay que precisar que antes de que Chávez y Escotet hablaran por teléfono, ocurrió, de primero, el encuentro entre el banquero, Diosdado y Sarría. Ya se ha dicho, son los días siguientes al paro. Diosdado había ganado los puntos perdidos en abril de 2002. Su actitud firme y decidida lo colocaba en posición de emprender otra ruta, de mostrar que no había perdido la confianza del presidente. Ya se le veía con cierta autonomía de vuelo. Diosdado Cabello ha ofrecido su propia versión de aquella primera entrevista con Escotet.

–Pero no me mientas Escotet. No me engañes porque sabemos lo que has estado haciendo. Si intercedo en esta situación es por el bien del país, no es por salvar a un banquero.

Allí está el punto. El bien del país. Evitar una crisis bancaria. Evitar una hecatombe en la economía. En cuanto a Escotet, ¿qué estaba haciendo? ¿Qué era lo que sabía Diosdado Cabello. Que Escotet estaba liderando el paro. Conspirando, que es la expresión que el poder chavista lleva a flor de labios. De hecho, todavía en 2012, en ocasión del evento Palabras por Venezuela, organizado por Banesco, cuyos oradores eran los expresidentes Ricardo Lagos y Felipe González, Cabello no se va por las ramas y usa casi las mismas expresiones de aquella primera cita de enero de 2003.

–El dueño de Banesco siempre ha estado en la oposición. Así es lo dictatorial que tiene este Gobierno que si fuéramos tan malos ese banco ya no estaría operando. Estamos claros quién es el dueño de Banesco y a qué sector financia.

Ya había ocurrido –cuatro años atrás– el episodio de la gobernación de Miranda y Cabello no cedía. Tal vez consideraba que Banesco existía y operaba gracias a que él había obrado en su favor. Él había convencido a Chávez, entonces, de no intervenirlo. Y su argumento era que intervenir un banco, intervenir a Banesco, uno de los siete primeros bancos en 2003, era desatar una crisis de mayor proporción, crisis que se anticipaba inmensa, pues el costo a pagar por el paro era ya elevado: 12.000 millones de dólares, 20 puntos del PIB. Y cuando Chávez intervenga los bancos de los boliburgueses en 2009, el costo se ubicará cercano a los 8.000 millones de dólares.

El problema de las órdenes de pago y de las transferencias ocurría terminando noviembre de 2008 y cuatro meses después, Banesco –vaya casualidad– sufría una corrida de depósitos que estremecía los cimientos de la entidad, además de la migración de cuentas de la gobernación de Miranda. Escotet, sin embargo, era un experto en corridas, pues en tres lustros de vida, Banesco había sufrido al menos cuatro, incluyendo esa última, y en ninguna de ellas se había amilanado. Todavía exfuncionarios de Fogade recuerdan la ocasión de la primera o segunda corrida por allá a mediados de los años noventa. La reacción del banquero los dejó a todos con la boca abierta dado que el aviso de prensa con el que iba a enfrentar la emergencia, en lugar de colocar la institución a la ofensiva planteaba que al día siguiente todas las agencias del banco estarían abiertas para atender a la clientela como si nada estuviera pasando. Los funcionarios, atónitos, sin embargo, aprobaron la naturaleza del mensaje que reforzó la confianza en Banesco, que era lo que Escotet perseguía. En cuanto al caso de 2008,  lo sorprendente, confesaban altos ejecutivos del banco, es que la experiencia no les resultaba suficiente para detectar el origen de la corrida.

–Fue una operación muy bien montada –señaló uno de esos ejecutivos.

Tan bien montada que inclusive los autores de la corrida calcularon el tiempo del sismo, cuyo propósito era más asustar y menos tumbar el banco, pues de caer, todo el sistema financiero se hubiera sacudido y eso implicaba para el gobierno acarrear con consecuencias impredecibles.

Da la casualidad de que por esos días Chávez se dirige al país para anunciar las medidas económicas a objeto de enfrentar la caída de los ingresos petroleros, y en el discurso hace referencia a las presiones contra los bancos, contra Banesco, y si bien advierte que no es el gobierno el autor de los rumores, también concluía, tajante con esta frase: «Yo no defiendo banqueros». Entre las medidas anunciadas, estaba el uso de más endeudamiento bancario por parte del gobierno.

Pero qué curioso. Años más tarde, en la ocasión en que ya Escotet es magnate, el banquero que ha comprado bancos en España y ha expandido el grupo por buena parte de América Latina y Estados Unidos, le confesará a un grupo de periodistas españoles que Chávez solía convocarlo a altas horas de la madrugada al Palacio de Miraflores para hablar de la situación del país.

Como colofón, corría la especie en el ambiente bancario de que Rafael Sarría, empeñado en seguir en su rol de apagafuegos, intentaba advertirle a su amigo Diosdado Cabello sobre los peligros de la situación, pero este lo atajó de plano antes de plantearle el asunto.

–Vengo a hablarte…

–Si vienes a hablarme de Escotet, párate ahí…

–No, vale, vengo a hablarte de otra cosa –dice Sarría, girando hacia la conveniencia, sometiéndose a la nueva realidad del amigo. El amigo con más poder. Y dispuesto a usarlo.

No quería hablar de Escotet por ningún motivo. De hecho, en el aeropuerto de Maiquetía, cuyo director era el otro Cabello, José David, la emprenderían contra el avión del banquero, sometiéndolo a revisión más allá de lo común y lo formal, evitando el despegue de la nave, obligando al banquero y a toda su familia a viajar en vuelo comercial, al menos en una ocasión, e imponiendo la norma de que ese y otros aviones de matrícula americana si querían cielos libres en Venezuela debían portar matrícula nacional. Luego ocurre lo increíble. Es Chávez, enterado del affaire del avión, quien ordena que se le devuelva el avión a Escotet, desautorizando a los hermanos Cabello. Una fuente señala: a Chávez le molestó que la medida no se le hubiera consultado.

En todo caso, Escotet se había montado en su plan B. A la periodista Milagros Socorro le había declarado no temerle al socialismo de Chávez porque, claro, comienza a mirar hacia España. Ante la sorpresa de corredores e inversionistas, quien había levantado fortuna en el mercado de capitales, retiraba las acciones de Banesco de la Bolsa de Caracas, lo cual era seguir el guión de la nueva estrategia. Luego, la crisis bancaria española le dio la oportunidad de concretar lo que entonces era un escarceo y comprar barato en la península.

Entró en 2012 por Galicia adquiriendo el Banco Etcheverría y un año más tarde ganaba la puja por el Novagalicia Banco, con una inversión de más de 1.350 millones de dólares. El previsivo Escotet lo había hecho paso a paso. Primero vio el Banco Gallego, sin resultado. Madrileño de nacimiento, hijo de padres también españoles, el padre de León y la madre de Oviedo. Su nacimiento coincide con el momento en que la familia decide emigrar y por tanto él arriba a Venezuela a los quince días de nacido. Luego, debido a una crisis famialiar lo enviaron de vuelta a estudiar en Palencia, Castilla La Vieja, en un colegio de los hermanos maristas, donde alcanza la adolescencia para luego volver a Caracas. Escotet constituye a mediados de 2013 Banesco Holding Hispania en el que integró compañías de España, Latinoamérica y Holanda. El holding, a su vez, según nota aparecida en Economíadigital.es,  es el que mantiene el control de Banesco Panamá y de Banesco Banca Múltiple en Republica Dominicana y también “cuelgan participaciones en entidades en Panamá, República Dominicana y Estados Unidos”. Aquí habría que incluir Colombia. De modo que sí, el plan B de la expansión internacional le ofrecía fortaleza y blindaje ante cualquier represalia por parte del gobierno chavista y de este nuevo enemigo que encarnaba Diosdado Cabello.

En noviembre de 2013, Escotet no solo figuraba en la lista Forbes sino que ya aparecía en el radar de la banca española. En la puja por el Novagalicia había competido con los grandes de España y los había derrotado. Y si bien para las dimensiones de un Grupo Santander o un BBVA, mil millones de euros no son una cifra que les rompa la cabeza, en cambio sí habrá que señalar que se trata de la inversión más alta realizada por un grupo financiero venezolano en el exterior, solo comparables a las jugadas millonarias de otros tiempos y en otras áreas del Grupo Cisneros.