Una de banqueros

Como la derrota no tiene padre, se echaron las culpas unos a otros. Escotet terminó de romper con Salvatierra pues este le pedía calma. Víctor Vargas Irausquín convocó a una reunión, 8 de enero, en su casa y se notaban los desencuentros. Él hablaba poco. Calculador. Ortega dice en el libro con Alfonso Molina que …


Como la derrota no tiene padre, se echaron las culpas unos a otros. Escotet terminó de romper con Salvatierra pues este le pedía calma. Víctor Vargas Irausquín convocó a una reunión, 8 de enero, en su casa y se notaban los desencuentros. Él hablaba poco. Calculador. Ortega dice en el libro con Alfonso Molina que sostuvo “una reunión con los banqueros y fue una conversación deprimente”. Ese encuentro, según se dijo entonces, era el  mismo concertado en casa de Vargas Irausquín. Y de esa reunión, también se supo entonces que era grabada por mesoneros de confianza del banquero, y la información volaba rauda hasta el gobierno. El espía estaba adentro. A Ortega lo acompañó en el encuentro Carlos Fernándes.

Si antes Edgar Dao, Banco del Caribe, le había dicho a Escotet que estaba muy recalcitrante, ahora era el momento de recordárselo.

Chávez los invitaba a cenar a Miraflores y había banqueros dispuestos a ir, y otros que no, en virtud de que las condiciones del paro seguían vigentes. Es que ante lo que se consideraba una derrota del paro en su línea comercial y petrolera –pues ya se había roto el embargo de la gasolina y comenzaba a aparecer la comida-, le correspondía el turno a la banca, azuzada, por los  dueños de los medios. Y era Escotet, principalmente, quien recogía la propuesta del clan mediático. Que no han cambiado las condiciones, decía. Han empeorado más bien, añadía. Hasta ahora la posición de la banca había sido la del horario restringido, que según una voz que se dejaba oir en el Hotel Marriot, significaba que “la cosa no es normal pero tampoco altera los nervios de la gente”.

Por esos días hablé con Orlando Castro, quien había sido mentor y socio de Escotet en los años 90, y en 2002 se encontraba en posición cercana al chavismo. Castro, promotor de la OPA contra el Banco de Venezuela, una OPA que será recordada como el detonante de la mayor movilidad empresarial en el último medio siglo en el país. Después de purgar cárcel en Estados Unidos había regresado en 1999 con una mano adelante y otra atrás. Castro me dijo: “Si la banca se convierte en el sustituto del paro petrolero, que está derrotado, para tratar de darle el golpe final al gobierno, se evidencia, una vez más, que esto ha sido un movimiento de grandes grupos. La banca no se puede refugiar en la mentira de que los trabajadores no quieren ir a trabajar. No existe un solo sindicato de bancos que no sea patronal. Que lo sé yo que he sido banquero. Por cierto, el gran error que yo cometí como empresario fue involucrarme en hechos políticos del país porque creía en los cambios. Ahora reconozco que estaba equivocado, pues en los que yo creía que iban a hacer los cambios, no se cambiaban ni los interiores. Yo espero que algunos empresarios recuerden lo que me pasó a mí y no repitan el mismo error”.

Como Dao insistía en que Escotet estaba muy «recalentado» en su posición, este le responde:

–Si al presidente del Consejo Bancario le resulto incómodo, yo no asisto a la cita con el presidente.

Planeaba en el ambiente la amenaza de la estatización de la banca. El gobierno tenía preparados algunos decretos. Había asomado la primera medida que los banqueros querían impugnar, pues obligaba a los bancos a abrir jornada completa. El argumento de algunos banqueros era que si abrían, tomaban una posición política y los que no, también. Lo que procedía era impugnar la decisión. A lo que el presidente de Fogade, Rómulo Henríquez, les decía: por qué impugnar si van a una reunión con el presidente. Sin embargo, lo peor que se temía eran intervenciones selectivas de bancos. O represalias individuales. “Vienen con todo contra Escotet”, se escuchaba en el ambiente. En ese entorno, ya entrado enero de 2003, había banqueros dispuestos –para usar palabras de Ortega en libro de Molina- “a jugarse a Rosalinda”, que es una expresión muy venezolana del todo o nada. Solo que, según Ortega, la respuesta de los banqueros fue mínima a la hora de hacerlo. Luego de ir a la reunión con Chávez hubo banqueros que se quedaron con la duda: ¿Para qué se convocó? Dao se preguntaba: ¿Acaso sea un paso para nacionalizar? Pero del otro lado se obtenía esta respuesta: No, eso no está planteado.

Oscar García Mendoza escribía un artículo en El Universal condenando a aquellos que se excusaban en su condición de inversionistas extranjeros, lo que les obligaba a ser «apolíticos». Decía García Mendoza que ese banquero «olvidaba voluntariamente en ese momento que reposan en tribunales de su país pruebas testimoniales de sus contribuciones ilegales con el gobernante de turno». Obviamente, el destinatario de ese artículo era Michel Goguikian, presidente del Banco de Venezuela Grupo Santander y a lo que García Mendoza hacía referencia era a la plata que el Santander había entregado para la campaña de Chávez en 1998[1].

Toda esta opereta de banqueros rememoraba otra noche, la noche de diciembre de 1993 en la que banqueros y autoridades decidían la suerte del Banco Latino. Eran todos contra todos. Las lealtades habían quedado en el cesto de basura. Los banqueros entregaban al presidente electo, Rafael Caldera, la cabeza de Gustavo Gómez López, y calculaban que entregando a Gómez López, el banquero de Gustavo Cisneros, el banquero de Carlos Andrés Pérez, el heredero de Pedro Tinoco, calmaban los apetitos de venganza de Caldera. Ignoraban que ya Caldera le había dicho a sus amigos del MAS: «Otra vez no. Esta gente, cuando la cosa marcha bien, piden privatizar para monopolizar las ganancias. Y cuando va mal, piden socializar las pérdidas»