Los libros eran la puerta de entrada al alma de Pedro Manuel Arcaya (VI)

Por Francisco Gámez Arcaya @GamezArcaya.- Libros y más libros tapizaban el suelo de la casa de María Teresa. Diccionarios, libros de historia, de sociología, de filosofía, de derecho, brotaban de las cajas como un manantial inagotable.


41Por Francisco Gámez Arcaya @GamezArcaya.- Pedro Manuel pasó el fin de semana sentado en un pequeño taburete rodeado de cajas apiladas que llegaban al techo. Sacaba libros mientras María Teresa encargaba muebles al carpintero de su madre. Ante la súplica de su hija, los Urrutia enviaron quince grandes escaparates que tenían en la hacienda y que eran utilizados para guardar la lencería y las vajillas.

Mientras los muebles encargados al carpintero se hacían con la urgencia del caso, los Urrutia veían con espanto sus platos, manteles y cubiertos esparcidos sobre mesas, bancos y alfombras. Sin embargo, el préstamo de muebles era insuficiente. Libros y más libros tapizaban el suelo de la casa de María Teresa. Diccionarios, libros de historia, de sociología, de filosofía, de derecho, brotaban de las cajas como un manantial inagotable.

María Teresa, entre la admiración y el espanto, trataba de encontrar, por encargo de Pedro Manuel, un grueso libro color crema que contenía el índice de su colección.

–¡Aquí está!- dijo María Teresa en un suspiro de alivio y satisfacción cuando lo encontró en una caja debajo de la batea, en el tercer patio.

El libro contenía el listado cronológico de todos los libros comprados a la fecha, escrito de puño y letra por Pedro Manuel. Era un inmenso volumen de unas tres mil páginas pero tenía escrito menos del diez por ciento de sus folios. “Esta historia no ha terminado”, pensó acertadamente María Teresa.

Ese fin de semana ella lo empezó a conocer como nunca antes. Los libros eran el pasaporte de entrada al alma de Arcaya. Mientras abría una caja y sacaba un diccionario latín español, su primera compra que encargó por correo cuando tenía doce años, Pedro Manuel le contaba la historia de su vida, una historia que coincidía con la historia de su ciudad natal, Coro.