Por lo que se ve, el Gobierno ya está en retirada

Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.-  Antes de perder las elecciones que, según dicen las encuestas, perderán por paliza, ya el gobierno bolivariano dejó el pelero. Soltaron todo lo que no sea negocios turbios, abandonaron todos los frentes, menos el del pillaje.


Milagros Socorro

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Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.- Hay algo más desesperante que la omnipresencia del Estado: su ausencia. Es una paradoja, efectivamente. Una paradoja que Venezuela padece diariamente, con desesperante puntualidad. El primer impulso del régimen bolivariano se orientó a copar todo. Ponerse al frente de toda actividad. Desplazar a todos los sectores. Que no quedara un solo resquicio fuera de su hegemonía. Se determinaron a ser los amos de las fincas, gerentes de las empresas, jefes de las instituciones, caciques de las comunidades… Los únicos importadores de alimentos, prestadores de todos los servicios, el ojo que nos vigilaba a toda hora, el único adulto en una nación de menores de edad necesitados de representante.

Así procedieron a confiscar, invadir, perseguir, arrebatar… Método Chaz. Expropiación (sin pago) de unidades productivas. Parcelamiento de fincas en plena producción para establecer comunas. Contubernios con guerrilleros colombianos en zonas agropecuarias. Productores sometidos al cobro de vacunas, secuestros (muchos de ellos con desenlace de asesinato), “visitas” de militares que salen cargados de productos de las haciendas. Que todo se “nacionalizara”, como si la propiedad privada de venezolanos no siguiera siendo un activo de la nación, a la que se tributan impuestos y se sirve con bienes, servicios y puestos de trabajo.

Por ese camino decomisaron también la realidad. Requisaron la verdad. Se fueron apropiando de los medios de comunicación y los que no cerraron, compraron o pusieron en manos de amiguitos, los estrangularon por todas las vías, incluyendo las célebres demandas de Diosdado Cabello, que se han convertido en eficiente factor de autocensura.

Pero cuando ya habían ocupado todo y el paisaje nacional exhibía las marcas de la corrosión bolivariana, comenzó el repliegue. Las fincas convertidas en erial quedaron solas. Las empresas confiscadas fueron quebradas y reducidas a un cascarón. Los medios de comunicación estatizados (o chavetizados), ahora desprovistos de credibilidad y profesionalismo, están ahí, hablando solos. La infraestructura vial parece pisoteada por los monstruos del Ultramán. Y la debacle institucional se siente hasta en el último rincón de la república.

En cuanto a los servicios públicos, una vez sustituida su dirección profesional por una camarilla ideológica, quedaron al garete. La prestación es pésima. No hay quien responda. En vez de ocuparse de las funciones que le son naturales, sus nóminas deambulan con camisas rojas, gritando consignas o con los pies apoyados en escritorios donde ya no se gestiona nada útil. La energía eléctrica, la telefonía, el agua, el gas doméstico… son una calamidad. Cada día peor. Los usuarios tienen la sensación de que la mingoña de servicios que aún reciben es gracias a una especie de inercia que aún persiste después de que todos se fueron y dejaron esas empresas botadas.

A la Seguridad Ciudadana no vamos a referirnos porque en ese campo no solo se largaron del campo de batalla sino que muchos se pasaron al bando enemigo; y ahora es normal la presencia de policías en las pandillas de asaltantes y secuestradores.

En los hospitales no hay insumos, ni médicos, ni enfermeros. La gente se muere de mengua y el Estado está ausente. No sabe lo que ocurre. No escucha los ayes de los enfermos. No porta por las esquinas donde se muere de carencias.

5Con la Inteligencia pasó lo mismo. El régimen tiene 17 años jactándose de que nos tienen pillados, de que no se mueve una hoja en Venezuela sin que lo sepan el G2 cubano y el Sebin, pero resulta que dos personas (que sepamos hasta el momento), muy cercanas a la familia presidencial, andan en tratos con el crimen organizado y nos enteramos por los organismos de seguridad de otros países; porque los de aquí no tenían idea, aún cuando les pasaban delante con cargamentos de droga y en aviones piloteados por oficiales de las fuerzas armadas nacionales. Lo mismo se aplica la supuesto espionaje al que algún ente de seguridad de los Estados Unidos sometió a centenares de empleados de PDVSA. Eso y que duró meses, ¡y venimos a saberlo por Snowden!, que vive en Suecia rodeado de restricciones. Cómo es que infiltran a casi mil trabajadores de Petróleos de Venezuela y cuando ya toda la información está en manos de otro país es cuando venimos a tener noticia de que eso estaba pasando. ¡Y porque un gringo dio el pitazo!, no porque hubieran hecho alguna labor de contraespionaje.

Chávez amenazaba empresarios diciendo que si no sabían hacer lo suyo, que se lo dieran a él, que él sí cumpliría. Le echó garra a todo solo para destrozarlo. Ahí está el país vuelto leña para demostrarlo.

Antes de perder las elecciones que, según dicen las encuestas, perderán por paliza, ya el gobierno bolivariano dejó el pelero. Hace mucho que están en retirada. Soltaron todo lo que no sea negocios turbios: corrupción, delitos cambiarios, pactos con organizaciones criminales, tráfico de estupefacientes y sobreprecios en contratos con el Estado (eso, cuando tenemos suerte, porque ya se han aireado robos monumentales donde ni siquiera cumplieron con una fracción mínima de lo convenido).

Esta dejación de todos los frentes –menos el del pillaje- explica la urgencia de cambio que experimenta el país. Se necesita un liderazgo serio y formado que atienda la tienda.