Además de los dos bloques políticos en contienda, en estas elecciones van a medirse dos titanes: el miedo y la esperanza

Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.- Y por ahí se ha metido el régimen: ha intentado crear la certeza de que si gana la oposición, se acabará esa fuente de comida subsidiada. Por su parte, la Unidad Democrática, sin medios de comunicación y con toda clase de limitaciones, ha intentado diseminar la esperanza: en una economía sin controles no se necesita una Misión Alimentación ni tienes que dedicar mitad de tu tiempo en hacer colas para conseguir comida.


Milagros Socorro

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Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.-El Gobierno, que en la inminencia de mediciones anteriores se pasaba meses repartiendo incentivos viviendas, electrodomésticos, becas, bolsas de comida, la nacionalidad, (a quienes no reunían los requisitos de ley para aspirarla…), en esta ocasión está quebrado y no puede, por tanto, ganar voluntades con sobornos. Tampoco tiene margen para crear más ilusiones, puesto que tiene casi veinte años haciendo promesas fallidas: según la Encuesta de Condiciones de Vida 2015 (Encovi), de las universidades UCAB, UCV y Simón Bolívar, en la actualidad 73% de los hogares y 76% de los venezolanos están en pobreza de ingresos; y 49% de los hogares están en pobreza extrema.

Por primera vez el porcentaje de hogares en pobreza extrema supera a los hogares en pobreza no extrema. Esto configura una auténtica catástrofe social. Hoy somos un país de gente muy pobre, sin empleo formal, que pasa más de la mitad de su tiempo viendo cómo hará la siguiente comida, que probablemente no será el mismo día.

La encuesta Encovi revela que la mitad de los hogares en pobreza de ingreso dicen comprar en las distintas modalidades de la Misión Alimentación. Es decir, sin abastecimiento subsidiado no se come en Venezuela.

Y por ahí se ha metido el régimen: ha intentado crear la certeza de que si gana la oposición, se acabará esa fuente de comida subsidiada.

Por su parte, la Unidad Democrática, sin medios de comunicación y con toda clase de limitaciones, ha intentado diseminar la esperanza: en una economía sin controles no se necesita una Misión Alimentación ni tienes que dedicar mitad de tu tiempo en hacer colas para conseguir comida.

El régimen presenta como privilegios los castigos a los que estamos sometidos los venezolanos: las colas son chéveres porque así consigues comida con subsidios; los subsidios son chéveres porque compensa tu ínfimo salario…

El hambre debilita y agota.

El miedo atenaza y abruma.

Uno puede acostumbrarse al miedo, pero al hambre no.

Y llega un día en que el miedo se convierte en ira, en rebeldía. Llega el día en que uno se cansa de vivir con miedo. Los especialista que trabajan con mujeres maltratadas explican que esa dinámica se rompe el día en que, después del bofetón, esa mujer levanta la cara y en cara al marido: nunca más me pegarás, te vas de aquí.

19En el caso del maltratado pueblo de Venezuela hay, además, otro miedo. El miedo metafísico. Hay un porcentaje, pequeño pero muy sólido, de gente que tiene en el chavismo una religión y en Chávez su profeta. Es una fe con catecismo de odio a “la oligarquía”, “a los que tienen”, “a los que hablan inglés” y de adoración a las guerrillas colombianas, con monumento a Tirofijo incluido. La realidad del país, esa que la Encuesta Encovi recoge con cifras estremecedoras, cuestiona severamente la secta chavista, puesto que hasta el más fanático ve la depauperación de su propia calidad de vida y del entorno material y humano, deteriorado hasta la degradación por donde se mire.

Pero, qué le queda al fanático si pierde la fe. Qué puede haber detrás de la decepción… A qué se aferrará si un día cae en cuenta de que Chávez fue un gran farsante y que su legado ha sido de miseria, violencia y atraso. Eso puede ser aterrador.

A esta hora no sabemos si ya Venezuela decidió levantarse del rincón donde ha sido arrojada por el empellón del maltratador. No sabemos si se atreverá a mirar a la cara a su verdugo y decirle: esta es la última vez que me humillas.