La muerte del niño que no fue televisada

Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.- Hace unos días seguimos la desesperada solicitud que hacía Adriana Medina, profesional de las finanzas, en las redes sociales. Su sobrino de tres años necesitaba “con extrema urgencia” Cardioxane principio activo Dexrazoxane, un tratamiento para el cáncer de pulmón… que terminaría matando a la criatura, y confirmando que el estallido social es todos los días.


Milagros Socorro

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Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.- Imagine usted (si es que no lo ha vivido) el momento en que llega el médico y anuncia el deceso del paciente por falta de la medicina que ha podido curarlo. Figúrese el horror de los familiares del epiléptico obligado a suspender el tratamiento porque no encuentra las pastillas. Piense en el abismo de quien ha sido diagnosticado de cáncer, el sobresalto del diabético, la desazón del depresivo, los dolores del artrítico, la furia de los enfermos crónicos… Todos deberán afrontar crisis sin el auxilio de los medicamentos.

Hace unos días seguimos la desesperada solicitud que hacía Adriana Medina, profesional de las finanzas, en las redes sociales. Su sobrino de tres años necesitaba“con extrema urgencia” Cardioxane principio activo Dexrazoxane, un tratamiento para el cáncer de pulmón… que terminaría matando a la criatura.

Nacido en la Venezuela de Chávez y Maduro, el niño no contó con el protector cardiaco que alivia a los pacientes en quimioterapia. El lunes leímos en Twitter: “El medicamento no se consiguió. Gracias a este maldito gobierno. Mi sobrino de tres años falleció esta madrugada”.

Supimos de ese caso porque Adriana Medina, quien se presenta en su cuenta de Twitter como especialista en desarrollo organizacional, lo divulgó por esa vía, pero son muchos, muchísimos los que ocurren sin que tengamos noticia. Cada día, mueren venezolanos o ven agravados sus males porque no encuentran las medicinas.

–Como si no fuera suficiente lidiar con una enfermedad –escribió Adriana Medina en la medianoche de este martes- también hay que padecer la angustia de no encontrar medicinas y estarlas mendigando.

En cada hogar donde esto sucede, hay un estallido. De rebeldía, de ira, de dolor, de piedad por el enfermo amado que ven sufriendo o apagándose sin poder aliviarlo. Son miles de estallidos que los medios de comunicación, en su gran mayoría controlados por el Gobierno, no recogen. Mucha gente humilde no da a conocer su caso, pero ocurre. Está ocurriendo. Los médicos lo dicen.

Y todavía hay quien hable del “estallido social” como algo que podría sobrevenir o que puede evitarse con represión. La verdad es que en Venezuela vivimos un estallido permanente. No solo por las protestas, que son miles y en todas partes, sino por estas tragedias imputables directamente al régimen, que las auspició y las niega. Quienes desconocen el “estallido” cotidiano de Venezuela dan la impresión de estar esperando que el estallido sea portátil, que tenga ruedas y que se lo lleven a la esquina de su casa para entonces percibirlo.

58La falta de información nos impide tener un panorama claro de la falta de medicamentos e insumos médicos, pero lo que sí sabemos es que el sector salud es el más castigado por el bolivarianismo. No tengo dudas de que ya estamos en una crisis humanitaria, si no por la comida, -que finalmente algo hay-, por los remedios. Y que su declaración deberá ser de las primeras iniciativas del nuevo parlamento. Ya veremos si el Gobierno, que se ha reservado por ley la exclusividad de la importación de alimentos y medicinas, impide la llegada al país de una eventual colaboración internacional.

La muerte de ese niño de tres años es un estallido en la casa de la justicia. Y puede –debe- ser  una campanada de futuro.