Jorge Rodríguez el acusador profesional de angustias fugaces

Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.- Como si se sintiera relevado de cualquier preocupación con respecto a la criminalidad y al hecho de que somos el país más violento de la tierra, ni él ni los otros revolucionarios que aparecen en las fotos haciendo aspavientos alrededor del féretro de Ricardo Durán han hecho absolutamente nada para enfrentar la inseguridad ciudadana


Milagros Socorro

Milagros Socorro

Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.- Ya es casi un procedimiento burocrático: corren hacia las cámaras para dar declaraciones grandilocuentes (“Expresamos nuestra indignación más profunda”…); amenazan a la oposición, a la que culpan velada o abiertamente; hacen coreografías en los velorios (con el saludo hitleriano, levantando los brazos al tiempo que gritan algo); ponen tuits con retórica uniforme (“¡Honor y gloria camarada y revolucionario al servicio del pueblo!”…) y luego se olvidan del muerto, al que si vuelven a mencionar es solo para hacerse propaganda ellos mismos. Muy raramente mueven un dedo para favorecer la justicia, para que los crímenes no se repitan y para que el país conozca la verdad.

Este es el patrón que guía la conducta del oficialismo cuando la violencia se ceba contra un miembro visible del elenco gobernante.

Ocurrió otra vez hace una semana. Exactamente. El mismo guión. Quizá con la única novedad de que esta vez Ernesto Villegas dejó caer en Twitter una perla: “Cantemos con Alí”.[En honor a la verdad, no lo hizo].

Por lo demás, fue una repetición del protocolo seguido con los asesinatos de Eliecer Otaiza y de Robert Serra: alharaca / atribución del hecho a sicariato y/o al paramilitarismo con insinuaciones que aluden a la oposición o a otro país / rápido olvido del caso / intento de adulterar la verdad para hacerla cuadrar con la propaganda oficial.

En las primeras horas del miércoles de la semana pasada fue asesinado el comunicador Ricardo Durán, figura prominente del chavismo. En la tarde, antes de que la policía ofreciera una versión firme, Jorge Rodríguez, alcalde del municipio Libertador, afirmó que el crimen había sido “un asesinato por encargo”. No especificó de quién.

“Fue un sicariato salvaje”, dijo Rodríguez. “Que no vengan ahora a tratar de obstaculizar las verdaderas razones que condujeron a este crimen. Fue un asesinato que procura llevar nuevamente al país a un expediente de oscuridad, de agresión y violencia, ya estamos hartos”.

Con igual celeridad, Diosdado Cabello se sumó a la tesis del homicidio por contrato. Y, tras recordar que la víctima había militado en el partido de Lina Ron, agregó que el asesinato de Durán “es una muestra de cómo el paramilitarismo colombiano tiene influencias en la criminalidad del país”.

Cabello no dijo en qué indicios se basaba para hacer esta conexión. Como tampoco sustentó su acusación a la oposición venezolana de “querer ensuciar la memoria del periodista”. Durán había sido director de Comunicación e Información de la Asamblea Nacional y fue quien prohibió, en julio de 2013, la libre circulación de los periodistas en la sede del Parlamento.

Igualmente aéreo fue el señalamiento del portal oficialista Noticias 24, donde se publicó que Durán “murió en la oscuridad del fascismo”.

Estas salidas contrastaron con la conjetura preliminar de las autoridades, que apuntó a que Durán había sido víctima de presuntas bandas criminales.

Un par de días más tarde, los ruidosos “hermanos” de Ricardo Durán quedaron mudos. No hubo más pronunciamientos. Solo los periodistas han seguido exigiendo justicia y que se divulgue la verdad de lo ocurrido. La reportera Jenny Oropeza escribió: “Las investigaciones sobre el asesinato del periodista Ricardo Durán continúan. Por ahora, las pesquisas se orientan a un grupo de jóvenes residentes de Caricuao que hace una semana habrían discutido con el comunicador, a quien amenazaron. Presumen que estos jóvenes vieron al colega cuando se dirigía a su vehículo y trataron de quitarle el carro por venganza. En el forcejeo se les disparó el arma. Por esta razón se presume que Ricardo Duran, no sacó su arma de fuego, ya que conocía a sus atacantes. Sin embargo, las investigaciones continúan”.

Transcurrida una semana, Jorge Rodríguez no ha vuelto a mencionar el asunto. Es como si se sintiera relevado de cualquier preocupación con respecto a la criminalidad y al hecho de que somos el país más violento de la tierra. Ni él ni los otros revolucionarios que aparecen en las fotos haciendo aspavientos alrededor del féretro de Ricardo Durán han hecho absolutamente nada para enfrentar la inseguridad ciudadana, con el racionamiento de comida y medicinas, los dos grandes flagelos de Venezuela.

No cabe esperar ningún compromiso con este crimen ni con ningún otro. Ya observaron el rito burocrático. Ya cumplieron con la revolución.