Crónica de Haití y de la caída del Presidente que ayudó al deshielo entre Cuba y EE.UU

Por Carolina Abrusci @caroabru.- Un presidente interino tomará posesión en Haití por resolución del Congreso y para evitar un vacío de poder, pero eso no significa que el país tenga un nuevo presidente electo, y tampoco representa un destacado indicio de solidez democrática.  Una primera vuelta calificada por el candidato opositor como una “farsa”.  Una segunda vuelta aplazada, sin fecha prevista. Y mientras tanto, la crisis avanza.


Carolina Abrusci

Carolina Abrusci

Por Carolina Abrusci @caroabru.- Apenas un sobrevuelo, un intento de aterrizaje en su suelo, es elemento suficiente para contrastar la realidad de dos partes que integran la isla de La Española. Y es que, incluso desde los aires, saltan a la vista las diferencias entre las dos realidades que coexisten en ese suelo. El color verde de la vegetación del lado dominicano contrasta inmediatamente con el color gris del suelo haitiano. ¿A qué se debe este contraste? ¿Cobra relevancia? ¿Acaso es el resultado de un territorio naturalmente árido, o tendrá que ver con el manejo que hasta el momento se ha hecho de esos suelos? Esta variable con la que decidimos introducir este artículo no es para nada superflua ni intrascendente, pues en un país cuya principal actividad es la agricultura, este hecho cobra un peso notable en términos de superación de unas cifras escandalosas de pobreza que hoy son un hecho que lamentar.

Las primeras líneas de la historia de Haití saltan a los ojos de cualquiera como una añoranza.  Primer país de América Latina en proclamar su independencia y segundo del continente americano en lograr tal hazaña. El carácter épico de un capítulo con el que empezaba el siglo XIX era sin duda muy distinto a todo lo que venía en los años posteriores.  Pero ese logro no fue poca cosa, y a pesar de los pesares, no se desvanece: Haití se convirtió en hito emancipador al lograr concretar la rebelión de una población que se liberó de la esclavitud como el resultado de propios esfuerzos. Eso, a Haití, nadie se lo quita.

Estos dispersos razonamientos son una excusa para viajar a la Haití de hoy en términos político-institucionales: un país que concretó la debilidad de sus instituciones y la crudeza de su panorama político y social ante la imposibilidad de determinar quién será el próximo presidente.

En efecto, un presidente interino tomará posesión en Haití por resolución del Congreso y para evitar un vacío de poder, pero eso no significa que el país tenga un nuevo presidente electo, y tampoco representa un destacado indicio de solidez democrática.  Una primera vuelta calificada por el candidato opositor como una “farsa”.  Una segunda vuelta aplazada, sin fecha prevista. Y mientras tanto, la crisis avanza bajo el rigor de un dibujo libre que compromete el destino de más de diez millones de almas…

Se trata de un hecho tan trascendente que debería, según indica la lógica, protagonizar parte importante de los titulares de la prensa regional y mundial. No ha sido el caso, pues en esa dinámica caótica, pareciera que la noticia sería más bien la superación de alguna dificultad y el tránsito hacia la normalidad, hecho que por supuesto no celebramos, sino que más bien nos alarma y nos llena de preocupación.

Haití aparece así como una amalgama histórica de dramas políticos que se debaten entre lo cuasi-dinástico y lo vitalicio que otrora pudieron representar los gobiernos de los Duvalier, y la ausencia de un presidente en este momento concreto.  Un salto abismal que va de las presidencias de facto, a una situación de limbo fáctico y acéfalo.

La región y el mundo parecen ciegos y sordos frente a una realidad demoledora. Devastadora en relación a lo humanitario. Hoy la desconfianza en el sistema y una escalada de violencia han impedido concretar un proceso de votación que determine quién estará a la cabeza de un Estado que para muchos, es fallido, aún a pesar de la crudeza que ese término supone.  Pero la realidad es esa y de hecho ha llevado a algunos a referirse a Haití como una “República de ONG´s”, un espacio en el cual éstas organizaciones tienen mayor solidez, peso, competencias e incluso recursos que el propio Estado, generando una suerte de trampa en la que la culebrilla que se muerde la cola..

Los problemas son tantos que prácticamente no se sabe por dónde empezar. El empobrecimiento del suelo, la dependencia, la debilidad de las propias instituciones, la crisis política, la falta de un liderazgo que aparezca como alternativa de algo distinto, la indiferencia de pares regionales, la precariedad de la infraestructura, las múltiples epidemias, el regreso forzoso de haitianos expulsados del vecino país, y pare usted de contar. No son pocos los que se empeñan –con razón- en desconocer los límites territoriales que imponen los hombres, movidos por la esperanza de poder migrar a un lugar con un futuro mejor.

Prersidente de Haití, Michel Martelly.

Prersidente de Haití, Michel Martelly.

Y las cosas hay que decirlas como son. El tema migratorio entre Haití y República Dominicana no aparece sobre la palestra regional, incluso en contextos en los cuales las migraciones se convierten en noticia, como lo ha sido, por ejemplo, el reciente caso de Siria. En nuestra propia realidad latinoamericana, la migración de haitianos a República Dominicana es un hecho alarmante. Es cierto, los tiempos han marcado los incentivos, las intensidades y las consecuencias, pero se trata de un hecho concreto, sean cuales sean sus motivos. Hubo años en los cuales esta migración fue prácticamente inducida por intereses económicos que buscaron abaratar costos de producción en suelo dominicano, así como también en 2010 fue la fuerza de las placas tectónicas la que obligó a tantos haitianos a buscar huir de los nefastos efectos de un terremoto que sacudió a la crisis desde su raíz terrestre.  Sean cuales sean las razones, los casos de apátridas no son pocos y las consecuencias de semejante status definitivamente, son muchas.

En medio de tan turbulento contexto y como una alegoría a su encrucijada vital, desde Haití  se visualiza otra realidad a la distancia: Cuba. Michel Martelly deja la presidencia de Haití y le hereda a su sucesor, sea quien sea, un caldo de cultivo minado de crisis intestina, a la vez que exhibe como un discreto logro diplomático el haber servido como uno de los tantos puentes promotores del deshielo entre Estados Unidos y Cuba (ver link),una realidad que geográficamente se encuentra cerca de su isla, pero que en este momento histórico registra una tendencia de una expectativa de cambio sin precedentes, distinto al panorama de su tierra. Martelly se inició en su gestión ejecutiva pudiendo decir que fue el primer presidente legítimo en Haití que pudo suceder a otro electo democráticamente.  Lo que probable y seguramente no estuvo en su cálculo, es que no iba a tener a quién entregar la presidencia, y con ella, el montón de problemas, retos y responsabilidades que la misma supone.