El chavismo sólo puede bloquear enmienda para sacar a Maduro con un “fujimorazo”

Por Gloria M. Bastidas @gloriabastidas.- El gobierno metió en el congelador la mayoría calificada que obtuvo la oposición en la Asamblea Nacional. Cierto. Pero ese no es un golpe a lo Muhammad Alí o a lo Myke Tyson. Ahora es cuando a la alternativa democrática le queda juego. La opción de activar una enmienda para recortar el período de Maduro puede darse con mayoría simple, según el artículo 341 de la Constitución. Y la mayoría simple la constituyen 84 diputados. La oposición tiene 109: tendrían que “podarle” 26 parlamentarios más. Imposible. Sólo con un “manotazo” puede salvarse el Presidente. 


Nicolas Maduro 4Por Gloria M. Bastidas @gloriabastidas.- Mientras más revise la Constitución, más se debe dar cuenta el gobierno de que la Carta Magna, luego de las elecciones parlamentarias del 6D, es un verdadero corsé que le quita mucho, pero mucho, margen de maniobra.

Cualquiera podría pensar que la jugada de arrebatarle el control de las dos terceras partes de las curules a la oposición (bajar el número de diputados de 112 a 109) significó un nocaut para la alternativa democrática. Desde luego: eso es patear la soberanía popular. Y quien la patea es nada más y nada menos que el Tribunal Supremo de Justicia. Pero esa patada no es mortal. Ese no es un golpe de un Muhammad Ali. Tampoco el de un Mike Tyson.

Mantener bajo el puño las dos terceras partes de la Asamblea Nacional es importante. Sin la menor duda. Implica, por ejemplo, la posibilidad de que desde el propio parlamento, según lo que estableceel artículo 348 de la Constitución, la oposición pueda tomarse la iniciativa de convocar una Asamblea Nacional Constituyente. Más allá de si este camino es intrincado o no (a Chávez le tomó casi un año aprobar una nueva Constitución en 1999), lo cierto es que con las 112 curules los adversarios del gobierno podrían activar este mecanismo. Mientras el numerito sea 109, no pueden hacerlo ellos directamente, sino, en todo caso, el 15 por ciento de los electores inscritos en el registro electoral.

Pero, repito, este no es el nocaut de Ali ni de Tyson. Ahora es cuando a la oposición le queda juego. Y a eso es a lo que le teme el gobierno.

El gran dolor de cabeza para el chavismo no era, ni es, arrebatarle la mayoría calificada a sus adversarios. Meter en el cesto de la basura tres diputaciones es un trabajo relativamente menor para el poder, acostumbrado a manejar al Tribunal Supremo como una suerte de apéndice suyo. (Ya se verá cómo evoluciona este episodio de despojo electoral, si con nuevas elecciones, que el chavismo perdería, o con cualquier otra jugada que brote de las neuronas de los señores magistrados).

Vuelvo al punto: el gran dolor de cabeza de la élite chavista está en arrebatarle a la alternativa democrática la mayoría simple. Porque con esa mayoría simple el país —el país que ha colocado a Maduro en un nivel de rechazo que bordea el 73 por ciento— puede asestarle al poder un duro golpe. Un golpe a lo Muhammad Alí o a lo Tyson. Fulminante.

hemiciclo de la asambleaCon la mayoría simple, es decir, con 84 diputados, según lo pautado en el artículo 341 de la Constitución Nacional, la oposición puede proponer una enmienda constitucional para recortarle el período al Presidente. Esa propuesta, desde luego, tiene que ser aprobada por el pueblo en referendo. Y esto lo debe canalizar el CNE.

Aquí entra lo crucial: es con 84 diputados que se puede plantear esta iniciativa. Y la alternativa democrática cuenta ahorita con 109 diputados. Eso significa—escenario totalmente inverosímil—que el chavismo tendría que colocar en el congelador (podar) 26 diputados más para arrebatarle la mayoría simple a la MUD. Una tarea inviable: ¿Y adónde pasaría ese aluvión de curules? ¿Al gobierno? ¿Un simple trasiego? No es tan fácil. Ni siquiera la ingeniería genético-electoral podría con semejante reto. Ciencia ficción.

Tres diputados son “manejables” (y, con todo, la cifra crispó los nervios de Luis Almagro, un defensor a ultranza de los cánones democráticos). Pero escamotear tres más veintiséis sería un crimen de lesa humanidad electoral. Una masacre. Equivaldría a echarse a la OEA encima.

Robarse 29 curules constituiría una extravagancia que el chavismo no podría permitirse ni que quisieraporque, en ocasiones, la realidad es más imponente que la ficción. La realidad obliga. Y esa realidad es el corsé que tiene atado al chavismo: le impide moverse en el ring a sus anchas. No puede. No tiene agilidad constitucional.

La Constitución de la que tanto se ufanaba Chávez es ahora la principal enemiga de la revolución. Y el gobierno lo sabe. Y Maduro lo sabe. Y Cabello lo sabe. Y el poder todo lo sabe. Qué problemón.

El chavismo se manejaba con la agilidad de un púgil cuando detentaba una mayoría parlamentaria echona y apabullante. Pero ahora ese mismo chavismo es un elefante ciego que se pasea por los vericuetos de la Carta Magna con un exiguo número: 55 diputados (o uno menos si se resta el de Amazonas). Y eso le ha hecho perder agilidad. Lo ha encorsetado. Está en un callejón sin salid

La única opción que el gobierno tiene para maniatar a la Asamblea, y despojarla de las enormes atribuciones constitucionales que tiene para relevar a Maduro del cargo, sería un manotazo. Un golpe que rompa el récord de un Muhammad Alí o de un Mike Tyson. Un golpe certero que le permita bloquear la opción de la enmienda constitucional. Pero esas son palabras mayores. Sería salirse del cuadrante democrático de manera muy explícita. Una obscenidad.

Henry Ramos Allup

Y luego: ¿Está en condiciones el gobierno de disolver el parlamento? ¿Puede dar un “fujimorazo”? ¿Va a contar con el apoyo de las FANB? El clima apocalíptico del país no da para eso: estamos a las puertas de una hiperinflación y de un colapso económico con posibilidad de default. Un verdadero terremoto.

Lo ha dicho el economista Ricardo Hausmann: Venezuela recibirá en 2016, si se mantienen los precios del barril que se registraron en enero, 18 mil millones de dólares de ingreso por la factura petrolera. De ese monto, 10 mil millones de dólares se irán en pagar el servicio de la deuda externa. El año pasado, las importaciones montaron los 37 mil millones de dólares. Y miren como estamos: con los anaqueles vacíos de comida y medicinas. Imaginemos cómo será el 2016 con menos importaciones.

Ya eso es suficiente catástrofe como para, encima, ponerle un candado a la Asamblea Nacional. La pelea apenas comienza. Y es para pesos pesados.