El tiempo favorece a Maduro y conspira contra la salida constitucional que propone la oposición

Por Gloria M. Bastidas @gloriabastidas.- Sea cual sea el mecanismo que la oposición escoja para sacar al Presidente, tiene sobre ella una espada de Damocles: El artículo 233 de la Carta Magna, que le permitiría al Vicepresidente montarse en Miraflores hasta el 2019 si la salida de Maduro no se produce antes de diciembre próximo. ¿Qué sería lo mejor? ¿Dejar que el Gobierno se cocine en su salsa, pese al riesgo que implica el 233, o salir pronto de Maduro? A nadie le gusta ser el jefe del Apocalipsis, pero dejar que quien sortee la crisis sea el chavismo radical sería un suicidio.


Gloria M. Bastidas

Gloria M. Bastidas

Por Gloria M. Bastidas @gloriabastidas.- ¿Cuándo arranca el período presidencial de Nicolás Maduro? Yo pensaba que arrancaba el 19 de abril de 2013, que fue el día en que tomó posesión del cargo. Pero estaba equivocada.

El artículo 233 de la Constitución Nacional establece que si se produjera una falta absoluta del presidente de la República durante los primeros cuatro años de su mandato —que fue lo que ocurrió con Hugo Chávez—, se celebrarán nuevas elecciones y quien resulte electo completará el período constitucional correspondiente.

Es decir: Maduro no fue designado para un nuevo periodo sino para concluir el de Chávez, que se inició el 10 de enero de 2013. Esto tiene una importancia capital. Por algo los griegos hablaban del dios Cronos. El tiempo. El tiempo que aprieta.

La precisión de la fecha significa que el margen con el que cuenta la oposición para activar el mecanismo constitucional para sacar a Maduro del poder (la enmienda, el revocatorio, la asamblea constituyente), se estrecha. ¿Por qué?

Porque el chavismo puede jugar con los tiempos. Me explico: si el período de Maduro efectivamente hubiera arrancado el 19 de abril de 2013, ello significaría que  sólo sería a partir del 19 de abril de 2017 cuando el gobierno podría apelar a la “tabla de salvación” que le proporciona el artículo 233.

El artículo 233 pauta que si el presidente de la República renuncia durante los dos últimos años del período constitucional (falta absoluta), el Vicepresidente asume el cargo y completa el mandato.

Entonces, si el período arranca es en enero de 2013 y no en abril de 2013, quiere decir que el chavismo puede apelar a este mecanismo en enero de 2017 y no en abril de 2017. Tres meses antes de lo que yo calculaba en uno de mis artículos anteriores, en el que ya planteaba que el tiempo que le quedaba a la alternativa democrática para esquivar el 233 era muy corto. Ahora es peor.

Que el período arranque en enero de 2013 vale oro para el Gobierno. Y acrecienta mi temor: Le confiere a los hijos de Chávez un manejo más provechoso de la variable Cronos.

El chavismo puede jugarse la carta del 233 en enero próximo. Y, repito, no falta nada: menos de once meses. La renuncia de Maduro podría producirse (como escribí hace tiempo, hablando del tiempo) el mismo día 10 de enero, de manera abrupta (para que la Asamblea no produzca un veto), y ese mismo día sube al mando el vicepresidente, que podría ser Aristóbulo Istúriz (o Diosdado Cabello), y se monta en la primera magistratura.

Una salida completamente constitucional, que le permitiría a la élite gobernante contar con un seguro de vida por dos años más.

El artículo 233 constituye una espada de Damocles para la oposición porque la obliga a considerar la opción constitucional que tiene para sacar a Maduro bajo una gran presión: la presión que significa tener al dios Cronos en contra. Eso es realmente como que a uno le pongan un cuchillo en la yugular. Hay una hora cero. Un deadline. Es ahora o en el 2019. Tamaño dilema.

El hecho de estar contra la espada y la pared le impide a la alternativa democrática pensar con cabeza fría. Cronos es más urgente que cualquier cosa. Y esa razón de fuerza mayor se comprende.

Pero entonces saltan las preguntas. Las que se hace todo el mundo en este momento: ¿y si la premura deviene en desastre? No es lo mismo que la oposición tome sus decisiones bajo el peso del 233 que sin su peso. Con el fardo del 233, está casi que compelida a activar la salida constitucional de Maduro: lo otro sería ponerle en bandeja de plata al chavismo la posibilidad de que se atrinchere en el poder por dos años más. Un martirio. Una flagelación.

Una flagelación porque dejar que la granada le estalle en las manos a Maduro implica elevar a la enésima potencia la magnitud de la crisis. Es decretar el caos. Es pisar el terreno fangoso de la hiperinflación. Apostar a que el Gobierno se cocine en su propia salsa sería arriesgarse a que esta crisis económica y social se salga del cauce institucional. Y en el terreno de la violencia, nadie sabe lo que puede ocurrir. Correr la arruga supondría que un paciente que está en terapia intensiva tendría que ser atendido por un chamán y no por un médico intensivista.

Presidente Nicolás Maduro

Presidente Nicolás Maduro

Ahora, quitarle la granada a Maduro de las manos también acarrea grandes, pero muy grandes riesgos. El riesgo que corre todo explosivista que pretende desactivar un artefacto explosivo: que la bomba se lo trague a él. Pongámoslo así: ¿Quién quiere ser el presidente de un país que está casi en bancarrota? El presidente que vendría en esas circunstancias sería el presidente no de un país, sino de un Apocalipsis. Y ser presidente de un Apocalipsis no es cosa fácil. Tienes que tomar medidas impopulares. Tienes que recortar el gasto. Tienes que subir los impuestos. Tienes que subir las tasas de interés. Tienes que devaluar. Tienes que subir la gasolina. Tienes que subir la tarifa de la luz. Tienes que hacer de la austeridad una consigna. Tienes, en muy pocas palabras, que firmar un acuerdo con ese alien llamado FMI.  Tienes que decretar el fin de la fiesta. Duro.

A pesar de todo eso, creo que la mejor opción es la de sacar a Maduro este mismo año. Tal vez por esa vía, los costos sean menores. El país no está para utopías. El país está para agarrar papel y lápiz y sacar cuentas. No hay plata. Y si este gobierno lo hizo mal cuando el precio del petróleo pasó de los cien dólares, ¿cómo lo va a hacer bien si el país está en la quiebra? Lógica pura.

Por eso es que me preocupa que tengamos al 233 encima. Como una espada de Damocles.