Los detalles de cómo la jerarquía chavista se aisló del pueblo

Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.- ¿De verdad no saben lo que está ocurriendo?¿Es concebible que ignoren los trabajos que están pasando los venezolanos para conseguir comida? ¿Es tan inaudible el llanto de un país?¿Es tan insignificante su rabia, su frustración, su dolor y su miedo ante el porvenir? ¿Es posible que los jerarcas estén fuera de la realidad? No hay otra explicación. El Olimpo chavista está completamente aislado de la cotidianidad de Venezuela.


Milagros Socorro

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Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.- El miércoles 17 de febrero, en la tarde, exactamente a la misma hora en que Nicolás Maduro gastaba el costoso tiempo de la televisión dando rodeos, repitiendo consignas e insultando a la oposición, como larga introducción a lo que se suponía sería el anuncio de medidas económicas, en el Bicentenario de Plaza Venezuela había una cola tan larga que llegaba hasta la estación del metro y más allá. 

Desde la autopista se veía la llegada de la cola, marcada por la reja exterior del Bicentenario, donde había soldados regulando el ingreso de la gente, pero era imposible ver dónde terminaba. Eran kilómetros de gente esperando al sol para entrar al supermercado.

Ante ese país, que ha visto desvanecer su salario, su capacidad de consumo, su calidad de vida y sus esperanzas, se plantó Nicolás Maduro para ofrecer dos cosas: el aumento de la gasolina de alto octanaje y la preservación de un dólar barato (ahora de Bs. 10) para los privilegiados del régimen mientras al país se le impone un cambio de mil bolívares o más.

Cómo se explica que los padecimientos del país sean invisibles para quienes pudieran aliviarlos con medidas de fácil aplicación y rápido impacto. Cómo es posible que esa multitud que formaba una cola gigantesca en las inmediaciones del Bicentenario de Plaza Venezuela pase desapercibida para los amos de Venezuela. A qué se puede atribuir la sordera del poder frente al clamor por la falta de medicinas y de insumos médicos.

¿De verdad no saben lo que está ocurriendo?¿Es concebible que ignoren los trabajos que están pasando los venezolanos para conseguir comida? ¿Es tan inaudible el llanto de un país?¿Es tan insignificante su rabia, su frustración, su dolor y su miedo ante el porvenir? ¿Es posible que los jerarcas estén fuera de la realidad? No hay otra explicación. El Olimpo chavista está completamente aislado de la cotidianidad de Venezuela.

Ese mismo día, miércoles 17 de febrero, la prensa recogió el hecho de que Nicolás Maduro llegó al Palacio de Miraflores, donde debía anunciar las medidas económicas ante la “emergencia” que él mismo cacarea, en la lujosa camioneta que hace poco usó también para exhibirse en un paseo.

Según EFE, la Toyota 4Runner que transportó al Presidente cuesta entre 33 y 40 mil dólares. Naturalmente, conducida por un chofer y rodeada de guardaespaldas armados.

Colas Abastos BicentenarioEsa parafernalia basta para tender una muralla entre él y el país que gobierna con autoritarismo e impiedad. Quien es conducido por un chofer en Venezuela empieza por taparse los ojos frente a la suciedad de las calles, a la anomia del tráfico y al abuso de los motorizados. Simplemente, no tiene que lidiarse con eso. Y quien va rodeado de escoltas se sustrae de la marca venezolana: el miedo constante. La desconfianza hacia quien se acerca. El pavor que emana del celular. La garganta seca por el carro que se paró al lado y de donde podrían saltar los secuestradores. 

Si tienes quien te lleve y te traiga, así como quien te proteja, no tienes la experiencia venezolana. No sabes lo que es vivir aquí. Y si además ignoras: de dónde sale la comida; dónde consiguieron el jabón de olor con que te bañas, el desodorante y el champú con que te aseas; de dónde salió y cuánto costó la ropa y los zapatos con que repusiste la que se gastó; cuántos salarios costaron los lentes con que lees; cómo se las arreglaron para conseguir personal de mantenimiento (cada vez más escaso en el país porque el bachaqueo es infinitamente más rentable)… entonces no sabes lo que es la vivencia venezolana.

Una es que te lo cuente y otra, muy otra, padecerlo.

Cuando tienes 17 años con un séquito que te resuelve todo; que te provee de un abanico de dólares en efectivo, como nos restregó la hija menor de Chávez, la misma que ahora ha marchado a Francia porque allí no la molestará nadie, como dijo su madre. Cuando tienes garantizadas las entradas y salidas del país, sin problema, con divisa extranjera, sin planillas, sin fotocopias, sin humillaciones… Si no compruebas en cada visita al mercado que los productos de primera necesidad cuestan el doble, el triple o más que la última vez que lo compraste (mientras tu salario permanece congelado)… Si no te encuentras con que el seguro de salud ahora no te cubre nada porque, según asegura la corredora, el Gobierno impide que haya una cobertura acorde con la inflación. Si no experimentas pavor al entrar a tu edificio a las 9 de la noche, entonces no tienes idea de lo que es vivir en Venezuela.

Si el Presidente de la República no sabe lo que es hacer agotadoras rondas de farmacias tras los remedios para la hipertensión de su madre, entonces no tiene la más remota noción de lo que experimenta la ciudadanía en forma cotidiana.

Colas Abastos Bicentenario1Eso, para no entrar en el infierno de las barriadas violentas donde las piñatas terminan a plomo y donde la droga corre por las manos de niños menores de 12 años.  La alienación de la nomenclatura chavista es un espejo en el que debemos vernos todos: el liderazgo democrático, el empresariado, los capitanes de empresas y los ejecutivos de medios de comunicación. Es muy fácil distanciarse de la gente, meterse en una burbuja y vivir en un embeleco.

El resultado lo vimos claramente el miércoles de los anuncios que no llegaron: mientras Maduro flota en camioneta de lujo, el país tiene el alma en los rines.