La crisis política y la crisis económica están generando un ciclo de gran depresión en Brasil

Por Ayrton Salamanca (Río de Janeiro).- Ya tenemos evidencia de la gravedad de la recesión en Brasil. Imagine a Vale Do Rio Doce, la siderúrgica más grande de Brasil y entre las primeras del mundo, registrando pérdidas porque China ya no demanda el hierro y más bien inunda el mercado de acero bajando los precios. Imagine a otro monstruo, Petrobras, afectada por este escándalo, por el cual tuvo que castigar 5.000 mil millones de dólares en su estado de resultado, haciendo ajustes para recortar sus planes de inversión.


Lula Da Silva

Lula Da Silva

Por Ayrton Salamanca (Río de Janeiro).- Las cifras oficiales confirman lo que ya todos sabemos sobre la economía brasileña: que está mal. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) publicó que el Producto Interno Bruto cayó en 3,8% en 2015 y acumula 7 trimestres consecutivos en caída; es decir, recesión económica. Y lo peor, en 2016 las estimaciones es que siga en recesión, de allí que las calificadoras de riesgo no cesan en bajas de calificaciones consecutivas. Y esto es grave. ¿Y por qué esto es tan grave? Porque una familia, una economía, un individuo, una empresa, pueden tener un año  malo, hacen los ajustes que haya que hacer, aguantan el temporal y reaccionan, se recuperan; pero, aguantar dos años consecutivos complica las cosas. Tanto así, que en opinión de Alberto Ramos, director de investigaciones para América Latina de Goldman Sachs, entrevistado por Valor Económico, dijo que Brasil va a replicar en dos años la década pérdida de los años 80.

Para ponerlo en contexto histórico, desde la gran depresión de los años 30 del siglo pasado, Brasil no experimentaba una recesión de esta naturaleza, que abarca dos años consecutivos. En esa oportunidad, el PIB se contrajo 2,10% en el año 1930 y 3,30% en el 1931. En lo que va de este  siglo, la economía se contrajo 0,13% en 2009 como consecuencia del impacto de la crisis financiera internacional desatada a raíz de la quiebra de Lehman Brothers en 2008.

En 1990 fue la última contracción de importancia cuando el PIB cayó en 4,35%, situación superada con la aplicación del Plan Real. En resumen, en el siglo pasado, es decir en 100 años, Brasil tuvo 13 caídas del PIB, incluyendo las dos consecutivas en la época de la gran depresión y la de mayor envergadura en 1990. Y en este siglo, como señalamos, una en 2009. Y la economía es así, hay años malos o de ajustes, como para arreglar ciertos temas, tomar aire, y continuar la marcha, lo que en economía se denomina el ciclo económico. Pero la gran pregunta es, ¿por qué hay dos años malos consecutivos, o quizás más?

En una nota anterior, ya  señalamos que Brasil, al igual que otros países, se benefició de un largo periodo de alza de los precios de las materias primas que aumentó las exportaciones, fortaleció el sector externo y la solvencia internacional, además de conseguir otros logros macroeconómicos en términos fiscales y crecimiento económico; situación que a su vez alentaba la entrada de capitales de largo plazo en inversiones. Pero con la caída de los precios comenzaron a trancarse las piezas del engranaje, que el Gobierno de Rousseff trató de evitar con políticas anticíclicas con mayor gasto público, incluso dinamizando el crédito apoyando al sector empresarial a través de la banca pública y de allí que Banco do Brasil, Caixa Económica Federal  y BNDES ahora conforman más del 50% del sistema financiero de 25%  de participación en 2008. Pero nada, la recesión llegó y encontró a Dilma otra vez en la presidencia gracias a los esfuerzos populistas que se hicieron y que ahora pasan factura.

Y, al igual que otros países, Brasil devaluó su moneda, el Real, que en 2015 perdió el 40% de su valor como instrumento de política económica. El ajuste del tipo de cambio es un instrumento que se utiliza para cambiar los precios relativos con el exterior, mejorar la competitividad del sector exportador, estimulando el crecimiento de los bienes transables, disminuyendo las importaciones y sustituyéndola por producción nacional. Y, en ese sentido, la economía retoma el crecimiento y se fortalece el sector externo, es decir, la balanza de pagos. Pero el ajuste de la economía  no es automático, se requieren muchas cosas más, otros instrumentos. Y en efecto,  esto no fue suficiente y  Brasil cayó en recesión.

Las cifras del IBGE para 2015, destacan que por el lado de la demanda el consumo de las familias cayó en 4%, el consumo del gobierno lo hizo en 1% y la formación bruta de capital fijo, es decir, la inversión, cayó en 14,1%. Pero las exportaciones crecieron 6,2% y las importaciones disminuyeron 14,3%; se cumplió la teoría: la devaluación del Real mejoró la balanza comercial, de hecho, hubo superávit comercial. Pero, como señalamos, esto no es suficiente para recuperar la economía. Y en efecto, por el lado de la oferta, el sector industrial cayó en 6,2%, los servicios en 2,7% y, lo que salvó el cuadro, es que el sector agropecuario creció en 1,8%, tema que abordaremos en otra oportunidad. Pero seguimos sin responder el porqué de un período recesivo tan largo.

Ya las noticias han recorrido el mundo. El expresidente Lula ha sido acusado de corrupción y el expresidente de Odebrecht, la empresa de construcción más grande de Brasil y Latinoamérica y una de las más grandes del mundo, fue condenado a 19 años de prisión acusado de sobornos por más de 2.000 mil millones de dólares   a  funcionarios de Petrobras, la estatal del monopolio petrolero en Brasil, para conseguir contratos de grandes magnitudes, con ciertas irregularidades, como puede ser sobreprecios. Estos son los personajes más importantes de todo un entramado de corrupción que incluye también a las otras empresas importantes  constructoras en Brasil, políticos del PT y congresistas. La “Operación Lava Jato”, iniciada hace más de un año, ha puesto al descubierto todo este entramado que, por sus dimensiones, afecta la ejecución de políticas y, sin duda, ha paralizado sectores importantes de la economía. Entonces se juntaron los factores estrictamente económicos con problemas políticos de bajo vuelo, como es la corrupción de una magnitud tal que involucra a agentes  importantes de la política y de la economía. Todo ese impacto ha llevado a especialistas a calcular que le quita entre un punto y dos al  PIB.

Dilma Rousseff

Dilma Rousseff

Ahí está la explicación del porqué Brasil atraviesa una recesión “larga y profunda” como señalan algunos economistas. Y es que revisando algunos puntos, ya tenemos evidencia de la gravedad de la recesión. Imagine a Vale Do Rio Doce, la siderúrgica más grande de Brasil y entre las primeras del mundo, registrando pérdidas porque China ya no demanda el hierro y más bien inunda el mercado de acero bajando los precios. Imagine a otro monstruo, Petrobras, afectada por este escándalo, por el cual tuvo que castigar 5.000 millones de dólares  en su estado de resultado, haciendo ajustes para recortar- lo menos posibles-, sus planes de inversión,en un contexto internacional de baja del crudo, mercado donde proyecta parte importante de sus ventas. Imagine Odebrecht, OAS, Camargo Correa, Andrade Gutierrez, Mendes Junior y otras empresas, enredadas en este proceso de investigación, paralizadas enfrentando cargos y, además, todo el sector construcción y conexo afectado por el ajuste fiscal que la fase recesiva exige. Y  este es sector clave para dinamizar e impulsar la recuperación. Ya no hay obras del mundial y las Olimpíadas que construir. Por ahora no hay impulso.

Tenían razón los brasileños de protestar y tomar las calles de las principales ciudades de Brasil antes que se celebrara el mundial de futbol. Olían la corrupción, sentían lo que venía, no querían perder sus condiciones de vida, su poder adquisitivo, su acceso a los servicios básicos, su empleo. Cifras a febrero del IBGE, señalan que el desempleo sigue creciendo y analistas coinciden que en 2016 cerraran más empresas. Estos hechos, retroalimentan la crisis, de allí que el panorama no luce fácil en esta convergencia de crisis económica y política impregnada de corrupción.