La increíble historia de la enfermera (y después tesorera) de Hugo Chávez

Por Gloria M. Bastidas  @gloriabastidas.- Los Papeles de Panamá han descubierto un lado del chavismo que pareciera producto de la ciencia ficción. Es el caso de la enfermera del tótem de la revolución, Claudia Díaz, quien terminó como tesorera de la nación. Raro espécimen: una profesional de las jeringas que luego pasa al reino de las finanzas.  Carlos Tablante ha dicho que ella y su esposo, Adrián Velásquez, ex jefe de seguridad de Miraflores, acumularon una fortuna de 2 mil millones de dólares. Este prototipo nos impacta porque quien lo financia es un país donde los bebés prematuros mueren en cascada. Un país donde una señora se suicida porque teme que el ejército de bacterias cancerígenas que la ha invadido se la coma viva dado que no hay medicamentos para combatir la enfermedad.


Gloria M. Bastidas

Gloria M. Bastidas

Por Gloria M. Bastidas  @gloriabastidas.- La verdad es que el caso de la enfermera de Chávez—que ha cobrado fama en el marco del escándalo de losPapeles de Panamá y sobre el que el ex diputado Carlos Tablante ya había adelantado detalles en el diario La Razón de febrero pasado— me produce vértigo. No es el monto de lo que haya robado lo que me perturba: que ya es perturbador el latrocinio. Lo que me deja perpleja es que Clara Díaz haya desempeñado oficios tan disímiles. Tan abismalmente distintos el uno del otro. Es una profesional que pasa del espanto de las jeringas al reino de los bonos del tesoro con total fluidez. Con una soltura frente al trapecio que uno solo ve en los espectáculos del Cirque du Soleil.

Es para ponerse a pensar. ¿Qué tiene que ver una aguja, ese objeto grimoso y necesario, con Wall Street, el templo de los que pujan y pujan, no por salud, sino por dinero? Mucho. Y no es ciencia ficción. Clara Díaz no ha salido de la mente brillante del novelista Isaac Asimov. Clara Díaz es una criatura que ha brotado de las fauces del socialismo del siglo XXI. Y hela aquí, con nosotros. O mejor dicho: en Punta Cana, donde reside con su esposo, Adrián Velásquez, ex jefe de seguridad de Chávez. Ambos han establecido su nido en un complejo cuyas viviendas están valoradas en montos que oscilan entre 410 mil y un millón 600 mil dólares.

La pareja, según la cifra que  maneja Carlos Tablante, posee en sus arcas dos mil millones de dólares. Caramba: pensemos nada más que la revistaForbes sostiene que Juan Carlos Escotet detenta un patrimonio calculado en  mil 500 millones de dólares. Pero también la enfermera  se ubicaría cerca  de los números de Gustavo Cisneros y  Lorenzo Mendoza. Es decir que la enfermera devenida en tesorera y el capitán retirado del Ejército se ubicarían en la lista junto  al magnate Cisneros y a un gigante como el de la Polar. Así es que hay que verlo: en perspectiva.

Desde luego que el monto resulta inquietante. Es un monto con categoría Forbes. A prueba de ranking, aunque constituye una pequeña fracción si se le compara con lo que ha sido la piñata revolucionaria: se han ido por el desaguadero 165 mil millones de dólares. Pero, insisto, qué curioso me parece el mecanismo ideado por el statu quo rojo rojito para asaltar el tesoro: Una enfermera devenida prácticamente en corredora bursátil. Una yuppie vestida de blanco, con zapatos blancos, con medias blancas y el pelo recogido. Una yuppie capaz de tomar una vía y de suministrar calmantes.

Yo pensé que el chavismo había llegado a su cenit creativo con Lina Ron. No porque esta niña terrible de la revolución fuese corrupta, sino porque era un ser atípico. Fuera de serie. Una rara avis. Un cuadro revolucionario que también me dejaba perpleja—y que a veces me divertía. Pero, santo Dios, Clara Díaz rompió la barrera del sonido.

Unknown-15Clara Díaz no forma parte del folklor de la revolución, como la camarada Lina Ron. Ella encaja en una categoría que va más allá de lo terrenal. Lina Ron era terrenal. Un ser de este mundo. La enfermera que también fue tesorera entra en otra etiqueta. Una etiqueta en la que la perplejidad nos sacude. Nos increpa.

Este prototipo nos impacta porque quien lo financia es un país donde los bebés prematuros mueren en cascada. Un país donde una señora se suicida porque teme que el ejército de bacterias cancerígenas que la ha invadido se la coma viva dado que no hay medicamentos para combatir la enfermedad. Lo que subyace detrás de esta nueva taxonomía que nos ha entregado el chavismo es algo realmente atroz. Claudia Díaz forma parte del engranaje de un aparato corrupto que hay que desmantelar ya, antes de que la inyección letal nos devore a todos.