América Latina sufre un ajuste en el que la devaluación de las monedas lleva la delantera

Por Ayrton Salamanca (Río de Janeiro).- En general todos los países han devaluado sus monedas como mecanismo para amortiguar el shock. El último informe del FMI lo destaca, pero haciendo la salvedad de que no se les pase la mano por su impacto en los balances de las empresas privadas y públicas y en la inflación. Venezuela es un arroz con mango que exige cambiar el modelo. Todo.


Por Ayrton Salamanca (Río de Janeiro).- No es nuevo que la economía mundial haga  reacomodos y que América Latina tenga que enfrentar shocks externos y tenga que aplicar ajustes a sus economías. Lo interesante es de qué manera tomó el shock a los países y qué hacen para amortiguar el impacto y retomar el crecimiento más o menos sostenido que es el objetivo de cualquier política económica, sin entrar en los temas distributivos.

Y tampoco es nuevo que los países de América Latina sean exportadores netos de materias primas y sean vulnerables a la baja de los precios y la demanda. Por decirlo en los términos más de moda décadas atrás, cuando esto más preocupaba: “la caída de los términos de intercambio”.

¿Pero qué han hecho los países?, pues este reacomodo pone en evidencia que con la baja de los precios de los commodities, más común ahora en la literatura económica, siguen  vulnerables a este impacto.

En efecto, la tan conocida desaceleración de la economía China es el factor que más ha influido en la baja de los precios; así como influyó para su aumento cuando crecía a tasas de dos dígitos. China realizó ajustes a su modelo de crecimiento, de un esquema basado en la urbanización e industrialización con mucha inversión, ahora se basa más en el consumo y modera la inversión, corrigiendo sus propios desequilibrios.  La consecuencia es la baja de la demanda por materias primas, muchas provenientes de América Latina, y el precio. Pero el mayor peso es para las materias primas de origen  minero, precisamente porque el recorte fue en la industrialización y no en el consumo. De allí que los más afectados son los exportadores de minerales. Además del petróleo donde otros factores, como la sobreoferta, ha jugado un papel importante.

Así que, los minerales más afectados fueron el cobre y el hierro, además del petróleo; y de origen vegetal la soja. El cobre de Chile y el hierro de Brasil aportan más del 80% y 90% de las importaciones realizadas por China. Y la soja también bajó de precio, pero el consumo no para de crecer pues, como señalamos, el modelo chino se ajustó haciendo más peso en el consumo. De hecho, en la estructura de las exportaciones de Brasil, la soja desplazó al sector minero como mayor exportador, incluso hay dos datos importantes: la soja sigue batiendo records de producción en Brasil con niveles de 100 millones de toneladas por año y, el sector agropecuario fue el único con crecimiento en esta fase recesiva de la economía brasileña.

Por su parte,  los países petroleros, Venezuela, México, Ecuador y Colombia están severamente impactados por la baja del precio.

Todos tienen un común denominador: exportadores de materias primas. Y el impacto es mayor en función de la dependencia de la materia prima y de  lo que haya hecho en materia económica para amortiguar los shocks.

Dependientes de la materia prima, incluso, en algunos casos,  en mayor medida que en el pasado. No se hizo la tarea de diversificar la economía y romper con la dependencia de pocos productos primarios. Todavía recuerdo la literatura y las predicas de los economistas de los años 60 y 70 que predominaban en la época, en los medios, en las escuelas de economía: Raul Prebich, Aldo Ferrer, Maza Zavala, Malavé Mata y Arturo Uslar Pietri,  que hizo celebre la frase de “Sembrar el Petróleo”.

En los 90 también se hizo famosa una frase: “mientras México se resfría y a Brasil le da pulmonía, Chile ni estornuda”. Y es que Chile, a mediados de los 80 aplicó un programa neoliberal liderado por economistas formados en la escuela de Chicago bajo el liderazgo de Milton Fridman; y logró despegar y consolidar una economía sólida con un sobresaliente manejo macroeconómico que le ha permitido por mas tres décadas mantenerse en crecimiento y sin sobresaltos, excepto en 2009 por efectos de la turbulencia internacional. El tema es que 2015 tuvo que devaluar su moneda en forma importante y tratar de amortiguar el impacto, como todo país exportador de materias primas donde el cobre representa más del 50% de sus exportaciones. Sin duda, una economía ordenada, con un tejido industrial sano e  instituciones robustas, tiene las herramientas para salir adelante.

Incluso Brasil, golpeada por una crisis económica que ya va para dos años, y el tema político de por medio, dio muestras favorables en el ajuste de balanza de pagos. En efecto, los resultados a marzo señalan que la balanza comercial es positiva con superávit de exportaciones versus las importaciones; es decir, la caída del consumo por la recesión contribuyó en este resultado, un ajuste con costo, con pérdida en el consumo, lamentable, pero es la medicina. Pero a lo que vamos, es que la devaluación de la moneda sirve, es un instrumento de ajuste  y hay que pasar el trago amargo aunque en Brasil se va a prolongar por tantos desarreglos juntos: económicos y políticos.

Y Colombia, de una economía agropecuaria y semindustrial, famosa por la exportación de café, devenida  en economía petrolera que fortaleció el tipo de cambio por varios años de esa bonanza,  en 2015 sintió el impacto y sus exportaciones experimentaron una caída importante de US$56.923MM en 2014 a US$38.125MM. Hasta ahí llegó la fortaleza del tipo de cambio y el peso colombiano se devaluó 32% pasando de 2.392,5 pesos por dólar a 3.149,5. Pero más allá del déficit comercial que obliga estos ajustes, las proyecciones de crecimiento para 2016 andan por el orden de 2,5%; es decir, el país estaba preparado para aguantar el shock y retomar el crecimiento. Esa es la ventaja, cuando hay un aparato productivo que responda, la devaluación es un instrumento más o menos efectivo, por supuesto, en el marco de un conjunto de políticas. Los exportadores clamaban por la devaluación.

Y la economía ecuatoriana, también exportadora de materias primas, fundamentalmente petróleo, también acusó el impacto de la baja del precio del crudo. Las exportaciones cayeron de US$26.600MM en 2014 a US$18.300MM  y el PIB se desaceleró a un pobre 0,3% de crecimiento,  con  perspectiva  negativa de caer -2,5% en 2016. Y es que Ecuador basó su crecimiento en el gasto público, para consumo e inversión, financiado con las exportaciones petroleras. Ahora hay un problema, a diferencia de los otros países que devaluaron sus monedas como instrumento de ajuste económico: en Ecuador la moneda es el dólar, no tiene esta herramienta. Tiene sus ventajas, pero hay que manejarlas, y como todos, no se diversificó la economía que la hiciera menos dependiente del petróleo.

Argentina también devaluó el peso. Lo importante es que lo hace en el contexto de cambio de gobierno y cambio de modelo: de uno intervencionista y populista a uno de liberal y de mercado. También logró sacar del default a la Argentina que vuelve a los mercados internacionales después de muchos años. Al nuevo gobierno le tocó no solo devaluar, sino empezar a desmontar controles que distorsionaban el engranaje económico que desataban la inflación y crearon los déficits gemelos: en la balanza de pagos y el fiscal. Ese desmontaje tiene su costo, mientras se transita a una economía más prospera. La devaluación, subir tarifas de servicios públicos (electricidad, transporte, gasolina)  se refleja en la inflación y el crecimiento económico que no es inmediato. Lo importante es generar confianza y saber esperar la recuperación. El nuevo Gobierno tiene que saber transmitirlo.

Bolivia aún no ha devaluado, a pesar de la baja del precio del gas todavía tiene un nivel de reservas importantes, aunque vienen cayendo; pudiera ajustarse en el mediano plazo.

Y Venezuela es un arroz con mango. No solo hay que devaluar sino desmontar el control de cambio; cambiar todo, el modelo, para que la herramienta funcione. Con el “gran viraje” en 1989, se devaluó, y después del trago amargo, en los años siguientes ya empezaba a  dar los frutos. Las exportaciones no tradicionales estaban creciendo y de hecho, en la balanza comercial sin petróleo, Venezuela superó a Colombia en el intercambio binacional. Pero no dejaron madurar el programa.

En general, todos los países han devaluado sus monedas como mecanismo para amortiguar el shock. El último informe del FMI lo destaca, pero haciendo la salvedad de que no se les pase la mano por su impacto en los balances de las empresas privadas y públicas y en la inflación.