El golpe de Estado del TSJ no es con tanquetas sino con sentencias

Por Angel Medina Devis @AngelMedinaD.- El verdadero golpe se está dando en Venezuela, se da en capítulos y dosificado para que el mundo no advierta estas aberraciones, se da con el manto de la legalidad y la fuerza que puede tener un magistrado que se hace experto en la letra pequeña y en la interpretación maliciosa de los preceptos constitucionales.


Angel Medina Devis

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Por Angel Medina Devis @AngelMedinaD.- El verdadero golpe de Estado no se está dando en Brasil sino en Venezuela. En solo tres meses el Tribunal Supremo de Justicia ha publicado 13 sentencias que aniquilan las competencias constitucionales de la Asamblea Nacional. Estamos hablando de un promedio de cuatro sentencias mensuales que desconocen la legitimidad y legalidad de las leyes y acuerdos que se aprueban en el Poder Legislativo.

La sala constitucional del TSJ es hoy el mejor exponente de que la ley da para todo y que todo es susceptible de ser interpretado, o en el caso de estos tribunales, reinterpretado para que suene al compás de los intereses de quienes están en el poder. En muchas de estas decisiones se rompen jurisprudencias, se rechazan los esfuerzos institucionales, se les niega ejercicio de derechos a las personas y hasta se apela a las sagradas escrituras de la biblia para soportar cada aberración injustificable para el desarrollo de la nación.

Todo Poder Legislativo debe contar con la autonomía necesaria en su actuación y conformación, que le permita ser contrapeso por excelencia al Ejecutivo. Este es el principio de la división del poder que tanto se expresa para promover la democracia como sistema político a perfeccionar. Además, todo Parlamento tiene tres principalísimas funciones que son a nuestro entender, indelegables, ya que ellas mismas son el soporte de la actividad parlamentaria.

La primera de estas funciones es la de controlar, seguirles los pasos a las acciones del resto de los poderes, buscando el correcto uso de los recursos y permitiendo ponerle frenos a la discrecionalidad que se cuela como virus en quien gobierna. Resulta entonces que, según el TSJ, hoy no podemos observar y controlar a los gobernadores y alcaldes, a los militares y, si queremos controlar al Ejecutivo, debemos primero pedirle permiso, toda una manifestación amorosa a la impunidad y un aliento de fuerza a la corrupción.

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La segunda competencia es la legislación, el construir las leyes, estudiarlas, discutirlas y aprobarlas, para que sirvan como marco para el orden social, y en nuestro caso, como mecanismos legales que permitan materializar soluciones a los urgentes problemas que vive la nación. Aquí el TSJ, aprovechándose de un recurso solicitado por la MUD en el comienzo de la historia, es decir, hace bastantes años atrás, vuelca sus deseos incontenibles de alcahuetear al poder y nos sentencia que solo es posible legislar si y solo sí, el Ejecutivo desea la ley, porque impone que se tenga un informe de viabilidad económica realizado por el poder antes de aprobarla.

Por último, la tercera de estas funciones es la representación, la de ser voz del pueblo y poner al Parlamento como el centro del debate político de la Nación. Esta función se ve hoy también atacada frente a la posibilidad de que los próximos días también se sentencia a favor de eliminar las sesiones ordinarias y limitar así el espacio, cuanto ya hoy día también se prohíbe hacer el tan defendido, en el pasado,Parlamentarismo de Calle.

El verdadero golpe se está dando en Venezuela, se da en capítulos y dosificado para que el mundo no advierta estas aberraciones, se da con el manto de la legalidad y la fuerza que puede tener un magistrado que se hace experto en la letra pequeña y en la interpretación maliciosa de los preceptos constitucionales. Sí, estamos viviendo un golpe burlándose de la decisión de cambio del pueblo. Un golpe que de clásico no tienen nada porque en vez de tanquetas y bayonetas, dispara con sentencias, por ahora.