El populismo latinoamericano batalla en el centro de un huracán impredecible

Por Carolina Abrusci @caroabru.- El fantasma del golpe recorre a América Latina y obliga a organizaciones, instancias regionales y  países a adoptar medidas y a asumir posiciones en medio de un contexto bastante complicado.  Pareciera que, a diferencia del historial de nefastos golpes que ha vivido la región, en este caso se trata del golpe de la ley, el golpe de la voluntad de los pueblos. 


Carolina Abrusci

Carolina Abrusci

Por Carolina Abrusci @caroabru.- El caso de Brasil es particularmente preocupante por las consecuencias que supone. El impeachment  a Dilma Rousseff es una figura legal pero se está mezclando por un contexto político, y quienes están a la cabeza de las instituciones no sólo no se libran de los escándalos, sino que tienen la popularidad por el suelo. Por ello, la situación de Brasil golpea a la región, y en particular a los países del bloque llamado “bolivariano”, quienes han perdido a un gobierno aliado de suma relevancia.

El nuevo Canciller, José Serra,  ha asegurado que la política exterior del gigante suramericano estará fundamentada en intereses estatales,  lejos de preferencias ideológicas o partidistas particulares. En un discurso en el que planteó el “decálogo de directrices” para orientar su gestión, aseguró también que la nueva política exterior de su país estaría en el marco permanente de la defensa de la democracia y los derechos humanos a nivel regional. Sin embargo, pareciera que Brasil ha perdido su agenda latinoamericana de manera temporal. La situación interna impone, necesariamente, tareas prioritarias.

Venezuela, cuyo gobierno está en este momento bajo la lupa vigilante de los derechos humanos, asumió recientemente la presidencia pro  témpore de la Unión de Naciones Suramericanas. Le toca hacerlo  con dos situaciones particularmente preocupantes a escala   regional: las consecuencias del sismo en Ecuador, y la inestabilidad política tras el impeachment en Brasil. Eso sin contar que la República Bolivariana tiene, en su propio seno, una verdadera bomba de tiempo.

Para rematar el calvario interno, el gobierno venezolano no atraviesa tiempos favorables en materia internacional. Dos grandes han dejado de ser aliados. Nuevos gobiernos en Brasil y Argentina están apuntando a un norte distinto al que los llamados “bolivarianos” intentaron darle al Sur. Y así, el panorama regional está en plena redefinición. Una nueva configuración que no se parece en nada a la que pensó, promovió, defendió y consolidó Hugo Chávez.

Esto ha generado una crisis en todas las instituciones que de alguna manera tienen el sello del chavismo. Samper, Secretario General de Unasur, se refirió a la destitución de Rousseff tras el impeachment como un “golpe de Estado pasivo”.  Sobre este incidente, el nuevo gobierno de Brasil emitió un comunicado en el cual se repudian tales declaraciones por ser incompatibles con las funciones del ejercicio de un Secretario General. El comunicado asegura que las declaraciones están cargadas de infundados juicios de valor. Unasur atraviesa una situación de debilidad que es responsabilidad de sus integrantes, y particularmente de aquellos que han hecho importantes esfuerzos para convertir a la unión en el foro alternativo que fortaleciera a la región sin contar con presencia norteamericana. ¿Lograron su objetivo, o se convirtieron simplemente en un club de presidentes?

Pues si a ver vamos, ¿ha servido Unasur a los objetivos que dieron cabida a su existencia? Sobre el primero de ellos, el fortalecimiento del “diálogo político entre los Estados Miembros que asegure un espacio de concertación para reforzar la integración suramericana y la participación de UNASUR en el escenario internacional”, dicha unión pareciera haber fracasado.

En su seno se ha dado pie para la discordia y la existencia de la organización ha pretendido ser utilizada por un bloque para imponer y someter a la región a una oleada populista cuyos gobiernos a la cabeza están atravesando un verdadero huracán. En ese sentido, misión fallida: la región hoy presenta importantes divergencias, poca cohesión, y sobre todo, ausencia de liderazgo. Pareciera que su trayectoria va en un camino muy parecido a la del ALBA: rumbo al ocaso.

Dilma Rousseff

Dilma Rousseff

El gran dilema y drama de los esfuerzos de integración latinoamericana no es ni siquiera la penetración del tema político, sino la dogmatización consecuencia de un empecinamiento ideológico. Con un Hugo Chávez vivo, en compañía de un Lula, de los Kirchner, esa apuesta se constituía como una fortaleza. Temporal. Hoy ninguno está y se transforma en la debilidad que constituye nuestro eterno drama: la falta o la debilidad institucional.

Y es precisamente eso lo que ha llevado a relativizar situaciones tan trascendentes como las que se viven en este momento en Brasil y en Venezuela. Sirvan dos ejemplos a esta necesaria reflexión. Si Ernesto Samper, Secretario General de Unasur, hace un llamado a la defensa de la democracia y a no avanzar en un juicio sin pruebas contra Dilma en Brasil, el llamado bloque bolivariano aplaude. Pero si Almagro, Secretario General de la OEA, hace un llamado a Nicolás Maduro a efectuar el referéndum y garantizar las vías democráticas establecidas en la Constitución para superar la crisis política, el bloque bolivariano chilla.