Hasta los muertos vivientes también quieren cambiar a Nicolás Maduro 

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Nuevamente  el pueblo, la curiosa entelequia,  quiere cambio.  La mayoría parece estar de acuerdo: el orden actual no se soporta, es necesario cambiarlo. Que se cambie el gobierno, el presidente y su corte de ineptos,  que se cambie un modo de gobernar evidentemente nefasto. Los más aventurados  afirman: el cambio  debe ser en democracia. Con lo cual  se produce la conocida  simbiosis  lingüística  entre elecciones y democracia, como si se tratase de la misma sustancia, como si la democracia se redujera a un acto electoral.  Pero no hay tiempo para disquisiciones, el cambio no espera.


Ezio Serrano Páez

Ezio Serrano Páez

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Bien lo dijo Quino a través de su Mafalda: Como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante.  Y lo urgente es salir de Nicolás Maduro. Es lo señalado por la opinión general, es el sentir popular.   Es lo evidente y no requiere demostración. La voz de cambio parece  eliminar las diferencias, los matices, pero esto es en realidad una ilusión.

1.- Las veleidades del cambio político  venezolano.

Porque  estamos lejos de ser una sociedad  que reniegue del cambio, sino todo lo contrario. Tal como lo dijera Mario Briceño Iragorry,  nosotros  periódicamente  “buscamos hacer la tabla rasa para empezar una nueva construcción”.  Es Sísifo instalado  en el inconsciente  nacional. Sobre nuestra propensión al cambio político  dan cuenta más de 27 constituciones  a lo largo de nuestra historia. Un permanente, “ahora sí,  esta vez sí haremos el cambio definitivo y verdadero”.  Muy lejos de lo observado por Alexis de Tocqueville colocado frente a los cambios institucionales en la Europa del siglo XVIII y XIX: Algunas instituciones del viejo orden  evolucionaron hasta alcanzar  prestigio y honorabilidad en la sociedad moderna.  Nuestra propensión al cambio, lejos de elevarnos hacia la madurez política, se muestra como berrinche adolescente, como un coro desafinado de púberes enloquecidos que desean cambiarlo todo sin reflexionar acerca  del tipo de cambio deseado. ¿Acaso no fue esta matriz de opinión “cambiadora”  el nutrimento que llevó a Chávez al poder?

El siglo XIX  cerró con más de 100 revoluciones  encabezadas por  caudillos empeñados  en el cambio a lo Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”.  El siglo XX se inició con la promesa: Nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos. Así se consagró el caudillismo andino que habría de atornillarse por décadas. Para no quedarse atrás, la dictadura perezjimenista produjo “un nuevo ideal  nacional”, un modo de interpretar nuestra naturaleza esnobista. Los 40 años  “malditos  del puntofijismo”  nos parecieron demasiado permanentes. Había que cambiarlo todo pues nada parecía servir. Y así llegamos al atolladero de hoy, tras una Constituyente Originaria, servida en la mesa del caudillo delirante para sus juegos al lego político. ¿Aprendimos la lección?

2.- Cambio político con polarización

Sobre la necesidad del cambio parece existir unanimidad. Paradójicamente esta opinión  disimula  la subsistente escisión de los venezolanos: los cultores del personalismo militarista  albergados en el chavismo y los que aspiran  volver al esquema político democrático.

La tragedia de Maduro consiste en  cargar sobre sus hombros las consecuencias (el legado) del líder eterno como si le fuera propio. Pero los desencantados de Maduro no se convierten en opositores democráticos, tal como lo demuestran los datos del 6D.  En el pasado proceso electoral la Mesa de la Unidad registró una votación de 7.707.422. Agregó 343.434  votos respecto a los 7.363.980 obtenidos en 2013. En tanto el oficialismo  obtuvo 5.599.025 votos. Esto supone 1 millón 988.554 de electores menos  que en su anterior referente electoral (7.587.579). Es decir, pese  al país arruinado, los servicios básicos colapsados, pese al malandraje incontenible,  pese a la escasez y las colas humillantes, el chavismo  opta por la abstención o todavía defiende a los autores de la devastadora gestión gubernamental.

Datos más recientes (del pasado mes de abril) aportados por Datanalisis  asoman  un 6,7% adicional de chavistas  que eventualmente votarían  por la salida de Maduro, eso mientras la escasez de productos básicos y medicinas bordea el 80%.  Pero a pesar de este cuadro desolador, aquellos se siguen considerando chavistas, es decir, no reconocen la tremenda responsabilidad del líder eterno en la destrucción del país. Desean el cambio pero para retornar a la época dorada del reparto clientelar. La polarización  del país se hace más dramática  si en el análisis se incluye  la abstención,  la indiferencia y apatía  que actúan como peso muerto contra cualquier proyecto de unidad nacional.

El 6D fueron convocados  19.504.000 electores. Cuando se suman  el voto chavista (contrario al cambio) con los indiferentes, se obtiene una cifra que pesa sobre el futuro como roca: más de 11 millones de  venezolanos  tensan la cuerda en sentido contrario a la transformación democrática del país.                                                                                                  

3.- El cambio por una sola vía, la electoral 

Y también parece existir unanimidad  respecto a la vía que se debe transitar para logra el cambio político.  Atrás quedaron salidas como La Salida, la invocación de un fetiche como el 350,  el cierre de calles, las marchas multitudinarias  o el paro indefinido.  La forma electoral  como expresión de los ciudadanos, se ha consagrado como la más aceptada, entre otras razones, porque el gobierno criminalizo la protesta política de calle.  Convendría puntualizar  las razones de esta unanimidad electoral: 1) El PAQUETE__proceso de demolición  sociopolítica que ha sufrido la sociedad venezolana  liquidó  las precarias organizaciones civiles existentes  antes de la revolución.  No existen gremios, sindicatos, asociaciones civiles ni partidos con suficiente fuerza como para entablar una lucha política de largo aliento. 2) El archipiélago  partidista apenas logra establecer un frente común en tiempos recientes. La MUD está reducida a instancia para organizar la participación electoral y sólo en tiempos electorales, la sociedad logra algún nivel de organización  y coherencia política. 3.) El gobierno logró derrotar otras vías de cambio político sembrando miedo, frustración y apatía. Aunque muchos mordieron el anzuelo de la desconfianza en el voto secreto, las evidencias (como los resultados del 6D) fortalecieron la esperanza  en el cambio por medios electorales. Se alimentó  la fantasía de un cambio ordenado, sin mayores  compromisos ni militancias que las expresadas en tiempos electorales.

4.- Cuando el perro se muerde la cola

Las fuerzas democráticas  se encuentran frente a una situación dilemática: han procurado con éxito, mantenerse  en los estrechos linderos de lo electoral, conformando una maquinaria política  respetable. Pero han descuidado el trabajo en función de la movilización y control de la calle, el escenario natural de una sociedad civil en lucha.   Ahora deben enfrentar a un estado forajido  que hace lo inaudito, para retardar un proceso de participación eleccionario. De este modo se configura  un proceso de causación circular a modo de perro que se muerde la cola: se optó  por la vía eleccionaria  para lograr el cambio político y se abandonó  el trabajo para la organización y movilización popular. Pero el CNE chavista no acatará  el pedido democrático sin la movilización de las fuerzas democráticas y su presión en la calle. El desprestigio de la protesta callejera será utilizado por el gobierno para frenar la presión democrática y así negar o retardar el revocatorio. La lección queda bien clara: el éxito de la lucha política por medios electorales, no se va a consagrar sin la movilización de las fuerzas democráticas con la gente en la calle.  No por casualidad el gobierno despliega a sus grupos  violentos. Su misión ya aceptada es inhibir la lucha política callejera, hoy criminalizada.

5.- El cambio político debe vencer el  peso muerto  del muerto 

El famoso economista  Paul Krugman, por añadidura premio Nobel, ha venido exponiendo sobre el peso político de ciertas  ideas que denomina  zombie idea.  Una idea zombi  es una propuesta que ha sido refutada a fondo por el análisis y las pruebas, y debería estar muerta -, pero no se queda muerta, ya que sirve a un propósito político, apela a prejuicios, o ambos.” (www.escepticcionario.com).  Para quien se interese en comprender el cambio político, esta definición puede resultar muy útil pues alumbra el camino en el estudio de las relaciones entre política, economía y cultura. El mundo de las ideas y su influencia sobre la praxis económica y política.

Krugman ofrece muchos ejemplos de zombie idea, pero su factor común se funda en que  “No importa cuántas veces se hayan enterrado estas ideas bajo el análisis lógico y la evidencia…siempre alguien logra desenterrarlas de la tumba, apoyarlas con nuevos palos y cadenas, e inventando un vocabulario que resuena en la amígdala de los amantes de las ideas zombis que en todas partes”.(Ibid)

Otras ideas incluyen  brujos, brujas, zahoríes, fantasmas, médiums y videntes. Cuando se encuentran utensilios para ejercitar la brujería en la Asamblea Nacional o se eleva el Cuartel de la Montaña a la condición de Santuario, podríamos pensar en algo meramente folclórico, pero en realidad esto es la expresión del peso muerto  que ejerce el  chavismo sobre cualquier proyecto de cambio político con progreso.  El amado líder logró compendiar y resumir  una tremenda batería de ideas zombis, asumidas por más de siete millones de electores. Aunque muchos de estos hoy detesten a Maduro,  son portadores de prejuicios políticos útiles para el atraso, el personalismo militarista y la postración de la república.  La derrota ideológica del chavismo supone  confrontar las almas en pena  que seguirán pregonando supercherías  tales como: Venezuela es un país rico, pero su riqueza está mal repartida,  luego, la riqueza preexiste al proceso productivo. El Estado debe controlarlo todo. El sector privado sólo atiende a sus aspiraciones especulativas. El imperialismo yankee  es el gran enemigo  a vencer porque nos quiere quitar  el petróleo.  Ser rico es malo, si deseas ser empresario,  aspiras a ejercer la maldad.  El país del porvenir tendrá que demostrase a sí mismo que  logró aprender su lección. El cambio sostenible sólo es posible confrontando y derrotando ideológicamente a los portadores de las ideas zombis que periódicamente  son resucitadas   para  la postración  de la república.