La importancia de las visitas de Rodríguez Zapatero y Albert Rivera a Venezuela

Por Carolina Abrusci @caroabru.- Recientemente vinieron a Venezuela el ex presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero y Albert Rivera, líder del partido Ciudadanos.  Ambos lo hicieron invitados por instancias distintas, a cumplir agendas distintas, y evidentemente se llevaron conclusiones distintas. Una visita que, por cierto, ocurre en dos momentos importantes: en plena campaña electoral en España   y en un momento muy duro de la crisis en Venezuela.


Carolina Abrusci

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Por Carolina Abrusci @caroabru.- Sobre la visita de Albert Rivera se han pronunciado propios y extraños. Su llegada a territorio venezolano fue en si misma una noticia. Diosdado Cabello había asegurado que Rivera sería expulsado al llegar a Venezuela. Pero entró sin mayor inconveniente y la explicación que dio el “número dos”  del chavismo es que le permitieron la entrada “para que hiciera el ridículo”, cuando en realidad parece que el ridículo lo hizo él, al tener que recoger sus palabras.  Por cierto: esa polémica en torno a la  entrada de Rivera al país es un excelente termómetro para medir cómo están la democracia y las libertades en Venezuela, y los factores de poder dentro del chavismo. 

Por su parte, Pablo Iglesias, líder de Podemos, denunció que Rivera venía a Venezuela a gastar dinero en un “spot” de campaña rodado en Caracas. Lo que Iglesias ignoró en su señalamiento es que Rivera defendió desde la Asamblea Nacional a ese espacio como baluarte de la soberanía del pueblo venezolano. No pensó Iglesias que una posible visita suya sería más bien por una citación hecha por esa misma instancia, pero para que suministre la información debida sobre el dinero que ha recibido del gobierno de Venezuela, destinado a financiar su proyecto anti político.  Un pequeño error de cálculo de Iglesias: criticarle a Rivera temas de dinero y visitas a Venezuela, y omitir el llamado a la defensa de los derechos humanos que desde Ciudadanos se hace, cuando Podemos está envuelto en un escándalo  en relación a dinero proporcionado por el chavismo por montos que, evidentemente, le invitan a hacerse la “vista gorda” sobre la crisis venezolana.

José Luis Rodríguez Zapatero también visitó días antes al país con una agenda mucho menos reseñada, a pesar del peso que la misma supondría. Su misión en Venezuela fue un mandato dado desde la Unasur, espacio en el cual se ha fomentado una iniciativa encabezada por Zapatero para promover un “diálogo” en Venezuela, y en la que también participan ex mandatarios como Martín Torrijos y Leonel Fernández.

Rodríguez ZapateroSi bien es cierto que todos los sectores han visto esta iniciativa de diálogo como positiva, no con ello se tiene una esperanza de resultados tangibles. La visita de Zapatero fue, en el mejor de los casos, opaca. Poca información, poca trascendencia y no pocas dudas y recelos  en torno a la misma. Samper como persona y Unasur como instancia, están lejos de contar con el prestigio que deberían tener en amplios sectores de la oposición venezolana. La trayectoria los ha hecho merecedores de eso. Zapatero, por su parte, ha participado ya en varios intentos de diálogo en Venezuela. Muchos sectores sienten el ruido generado por los intereses con este país durante su gobierno y dudan de su  laxa visión de la crisis venezolana. Sin embargo, Zapatero se reunió, sin hacer mucho ruido, con unos y con otros, cumpliendo el rol de un mediador, de alguien que busca el diálogo. Veremos si en esta oportunidad sus gestiones permiten alcanzar, finalmente, resultados concretos. Ojalá que así sea.

Mientras tanto, muchos critican que Venezuela sea un tema de campaña en España. Se afanan en su crítica y se desviven haciendo señalamientos a quien se atreva a alzar la voz a favor de los derechos humanos y de los presos políticos. Les espanta que se hable de “crisis humanitaria” y la niegan, en vez de preocuparse ante la posibilidad de que la misma sea cierta. Una posición bastante cuestionable para quienes se dicen de “izquierda”. A ellos hay que recordarles que no es Venezuela tema de campaña por tratarse de una especie de provincia ultramarina, como han intentado posicionar y denunciar. Es lógico que Venezuela sea tema por la magnitud de la crisis que la envuelve, pero también por las constantes agresiones, insultos y ataques que el gobierno de España ha recibido por parte del gobierno venezolano, una tensión que ha amenazado incluso la propia existencia de relaciones bilaterales entre ambos países. ¿Acaso no es ésta razón suficiente para meter a Venezuela en el radar de la campaña?

Albert Rivera1Rivera ya salió del país y sus declaraciones parecen apuntar a una clara comprensión de lo que sucede en Venezuela. Unas pocas horas acá  fueron suficientes para constatar eso que tanto se dice en la prensa española, y que algunos sectores de la “izquierda” (financiada por el chavismo) denuncian como una guerra mediática. Rivera constató nuestra crisis. Entendió que en ese padecer de nuestra gente, no hay chavistas ni opositores, simplemente venezolanos pasando hambre. Y sobre todas las cosas, en sus palabras hubo un constante llamado a la unión, a la visión a futuro, a pasar página, a evitar la imposición de vencedores sobre vencidos. Eso se le agradece, pues es una contribución a la paz contra la que atentan sectores de su propio país que constantemente avivan las polémicas en nuestra patria polarizada. Esos sectores panfletarios furibundos que tanto critican a Rivera deberían, por lo menos, hacer silencio por respeto a las casi 30 millones de almas que padecemos el calvario que supone hoy la supervivencia en Venezuela y que ellos se niegan a reconocer, por cuestionables intereses.

Vienen elecciones en España y tendrán razón muchos españoles a temerle a esa admiración latente y confesa que profesa Pablo Iglesias por el modelo chavista. El mundo conoce bien el legado de ese proyecto en Venezuela. La ruina.  Los españoles están en su derecho de no querer algo igual para su país. La sociedad española tiene vivas aún muchas cicatrices que otrora propiciaron divisiones y odios. Será lógico (y sano) entonces que su pueblo huya de quien intenta hacer política desde el resentimiento y la división. Y que bueno que así sea. El legado de los vengadores ya lo conocemos (padecemos) los venezolanos.