Breve historia económica de la venezolana que mudó a Barlovento para la Ciudad de Panamá

Por Ayrton Salamanca (Río de Janeiro).- Jessica nos comenta que en el casco histórico hay unos 10 restaurantes propiedad de venezolanos, con mano de obra venezolana. Jessica es una profesional clase media que tenía un buen trabajo de ingeniero en una empresa de telecomunicaciones y nos cuenta que una vez quedó atascada en medio de una manifestación en La Plaza La Castellana, pero que, en definitiva, el factor que la motivó a emigrar fue la inseguridad. Jessica es muy bonita y educada, y ahora entiendo la fascinación de mi anfitrión, un ejecutivo de origen colombiano que labora en una multinacional, y en consecuencia cliente asiduo del restaurant.


Por Ayrton Salamanca (Río de Janeiro).- Jessica nos atendió en el restaurante Barlovento ubicado en el casco histórico de Ciudad de Panamá, y desde la azotea se aprecia una vista panorámica de otros restaurantes y sitios nocturnos que también son de venezolanos, que han emigrado producto de la crisis económica y social con alto componente de violencia e inseguridad que se agudiza con el pasar de los días. Es la consecuencia del modelo de “socialismo del siglo XXI” aplicado por Hugo Chávez y sus herederos.

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Jessica es venezolana, el dueño del restaurante es venezolano y, el nombre del negocio Barlovento, es el nombre de un pueblo bastante típico de Venezuela, con playa, muy concurrido por los caraqueños los fines de semana y en vacaciones. Pero ahora ya no es así: Barlovento está en Panamá.

La fuerza de trabajo, el capital, el talento, el esparcimiento, los clientes, ya no están en Venezuela, en el estado Miranda, ahora están en Panamá, dinamizando la economía, generando empleo y pagando impuestos, lo que a su vez se inyecta a la economía a través de gasto público y quizás va a contribuir con la educación, la salud, la infraestructura, y en general, como dicen los economistas a “crear las condiciones básicas necesarias para la inversión”.

Jessica nos comenta que en el casco histórico hay unos 10 negocios del ramo propiedad de venezolanos, con mano de obra venezolana. Jessica es una profesional clase media que tenía un buen trabajo de ingeniero en una empresa de telecomunicaciones y nos cuenta que una vez quedó atascada en medio de una manifestación en La Plaza La Castellana de Caracas, pero que, en definitiva, el factor que la motivó a emigrar fue la inseguridad. Jessica es muy bonita y educada, y ahora entiendo la fascinación de mi anfitrión, un ejecutivo de origen colombiano que labora en una multinacional, y en consecuencia cliente asiduo del restaurant.

Y hubo una acotación interesante. Mi anfitrión se pregunta sorprendido: ¿Por qué mis paisanos colombianos no hicieron estas inversiones? Acotación lógica conociendo las habilidades de los colombianos para los negocios e inversiones dentro de su país y en el exterior. De hecho, los colombianos tienen larga tradición en emigrar y están esparcidos en el mundo como fuerza de trabajo o como inversionistas. Esto se puede constatar en la Balanza de Pagos colombiana en la partida “remesas del exterior”, que históricamente ha tenido un peso importante, incluso superior, a un rubro como el café. Ya en 2003 las remesas de los trabajadores colombianos en el exterior superaron los 3.000 millones de dólares, superior en 3,3 veces las exportaciones de café, según datos del Banco de la República. En 2015 hubo record de remesas que alcanzaron 4 mil 638 millones de dólares, y superaron las exportaciones de café que alcanzaron 2 mil 788 millones de dólares, las cuales también fueron record.

Pero el hecho es que los colombianos no hicieron las inversiones en bares y restaurantes en Panamá como lo están haciendo los venezolanos, aunque también hay banqueros y aseguradores que están operando con éxito bancos y compañías de peso. Pero mi respuesta a mi anfitrión colombiano, para su tranquilidad, es que sus paisanos lo están haciendo en mayor proporción en sectores como la banca y seguros, y no en bares y restaurantes.

Los principales grupos financieros colombianos tienen bancos en Panamá: Bancolombia, Banco de Bogotá, Davivienda. Y no sólo en Panamá, en todo Centroamérica, incluso han fortalecido su posición con la adquisición de filiales de bancos europeos que la crisis financiera internacional y en Europa forzó a vender para hacer caja y fortalecer sus casas matrices, ante las mayores exigencias de capital y controles  impuestas por el Banco Central Europeo.

Y es que son situaciones diferentes. Si bien hay algo en común, como buscar mejores condiciones de vida, los modelos de economía son diferentes. Colombia se maneja con un modelo de mercado, que con su fallas e imperfecciones, logra mantener un ritmo de crecimiento más o menos sostenido en este siglo, y ha logrado cierto blindaje a los shocks externos como se puso a prueba en 2015 con la caída del precio del petróleo y otras materias primas y su impacto en la economía, pues siguió adelante aunque, a menor ritmo.

Me lo dijo un ejecutivo de Corfinsura, financiera del Grupo Bancolombia: Nosotros (los bancos) vamos donde van nuestros clientes. Es decir, el mercado local colombiano se ha quedado pequeño para ciertas empresas, entonces se globalizan, saltan la fronteras, y ahí están los bancos para atenderlas.

En Venezuela no hay crecimiento, sino un coctel perverso: Recesión, hiperinflación, escasez de productos y servicios, hambre y violencia. Y si alguna empresa venezolana abre en el exterior, es porque en Venezuela cerró, no por crecimiento, expansión y globalización. Hay sus excepciones, claro: Sushi Market es un ejemplo. Ha cerrado algunos puntos en Venezuela y ya tiene tres en Panamá, todos con empleados venezolanos.

Y hay más. Jessica no podrá enviar remesas a su país, a Venezuela. El modelo económico chavista “socialismo del siglo XXI” opera con un control de cambio que limita las operaciones en moneda extranjera, que maneja con discrecionalidad y que ha sido centro de corrupción, como todos los controles de cambio que han operado en el mundo y los textos de economía reseñan. Vale recordar las recomendaciones que le hacía Miguel Rodríguez, ex ministro de planificación del gobierno de Carlos Andrés Pérez, al futuro presidente Caldera .

-Dr. Caldera, ni que ponga a la Madre Teresa de Calcuta el control de cambio funciona. Es un antro de corrupción.

Por más que los venezolanos emigren, esto no se reflejará en la cuenta “remesas del exterior” como en las cuentas de Balanza de Pagos de Colombia u otros países con libertad económica. Jessica se consolará que la visite un familiar, por cierto bastante difícil por lo costoso, y lleve de vuelta la maleta repleta de productos básicos que escasean en Venezuela, incluso Harina PAN, producto de Empresas Polar, de las pocas que han logrado posicionarse en el exterior, pero cada vez más acorralada  en su país.

Ciudad de Panamá.

Ciudad de Panamá.

Así como Jessica, hay muchos emigrantes venezolanos en Panamá y otros países que esperan que las cosas mejoren para retornar a su país. Algunos tienen éxito, pero muchos no y la pasan difícil e incluso empiezan a sentir el rechazo de manifestaciones xenofóbicas, pues es notorio la avalancha en un país pequeño como Panamá, que viene creciendo a tasas promedio (6% en 2015) mayores a la región, pero se desacelera por el menor dinamismo del comercio mundial que pasa por el Canal y una fase de menor inversión en la construcción.

El diario El Nacional reseña: “Cada vez son más los venezolanos que migran hacia Panamá en busca de oportunidades de trabajo. La Oficina Nacional de Migración de este país indicó, en su último reporte, que hasta el 31 de julio de 2016, Venezuela ocupaba la primera posición de solicitudes de residencia”.

Mientras seguimos elucubrando en el restaurante Barlovento sobre el tema, mi amigo colombiano añora una cerveza Club Colombia, Jessica una Polar y yo una Brahma. Es un mercado muy especial donde prevalecen las costumbres y tradiciones de cada quien.