Cuáles son las otras “virtudes” que la escasez de petrodólares le ha traído a Venezuela

Por Ezio Serrano Páez.- Para escarnio de los venezolanos, el súper líder deslenguado nos legó a Nicolás Maduro, un segundón con el mismo libreto de amenazas, dicterios y arrogancia. Con aumento de la represión, liquidación de libertades, pero con un barril de petróleo promediando un tercio del valor gozado por su mentor político.


Por Ezio Serrano Páez.- Debió ocurrir entre el 2005 y 2006. El líder gobernante en Venezuela se tomaba la molestia de mandar al carajo al entonces primer ministro británico Tony Blair. Ya para el momento, se había olvidado de aquella famosa “tercera vía”, expuesta por Blair, utilizada como distractor en la campaña electoral venezolana de 1998. Los traductores al inglés de aquella sentencia titularon: Chávez manda al infierno a Tony Blair. Suponían el carajo, con las mismas coordenadas que los predios de Satanás.

Hugo Chávez, ex presidente de Venezuela

Hugo Chávez, ex presidente de Venezuela.

También en aquellos tiempos de evocación del averno, el líder denuncia la pestilencia dejada por el presidente norteamericano G. Bush en la ONU: ¡Foo! ¡Acá huele azufre! El Demonio había pasado por la asamblea de Naciones Unidas.

No se trataba de karmas ni premoniciones, sino de un modo de hacer “diplomacia” a lo Juan Charrasqueado, con la natural arrogancia de quien navega en la abundancia de los petrodólares y conduce un Estado sin instituciones que le controlen. Y por la misma razón, no faltaban los aplaudidores, es decir, los beneficiarios nacionales e internacionales del reparto rentista, quienes convirtieron en próspero negocio, el apoyo político otorgado a las ocurrencias del estrambótico líder.

  1. De la petropolítica y sus leyes

En aquellos días, el barril de petróleo tramontaba la cuesta de los 70 dólares, amenazando con sobrepasar los 80. Entre tanto, Thomas Friedman, autor de las llamadas Leyes de la petropolítica se preguntaba en torno al contenido agresivo del lenguaje presidencial: ¿Hablaría con el mismo tono “si el precio del petróleo fuera 20 dólares el barril, y no 70 dólares, y si su país tuviera que dar poder a sus empresarios, en vez de limitarse a perforar pozos?”.

Friedman procuraba demostrar la existencia de una correlación, que “podía medirse y convertirse en gráfico, entre el precio del crudo y la sostenibilidad de las libertades políticas  en determinados países”. En otras palabras, según Friedman, si el barril aumenta su precio en el mercado, los líderes petrolistas podrán actuar con mayor autonomía, arbitrariedad y desparpajo. Si en cambio el precio cae, aquellos se verán obligados a consultar y atender a sus gobernados, lo cual obliga a la moderación y reducción de su talante autoritario.

Como es ostensible en la Venezuela actual, esta ley o principio de la petropolìtica no se ha cumplido, al menos por ahora. ¿Acaso no es posible revertir el proceso? Para escarnio de los venezolanos, el súper líder deslenguado nos legó a Nicolás Maduro, un segundón con el mismo libreto de amenazas, dicterios y arrogancia. Con aumento de la represión, liquidación de libertades, pero con un barril de petróleo promediando un tercio del valor gozado por su mentor político. Como en el pasaje bíblico, los venezolanos transamos libertad por lentejas y ahora no tenemos ni lo uno ni lo otro, y ni siquiera lo contrario.

  1. Dos variables esenciales

Pero el teorema de Friedman no se puede despachar tan fácilmente como alguna gringada más, de las tantas que abundan. A nuestro juicio, dos aspectos o variables condicionan severamente el cumplimiento o no, de su planteamiento, acertado en buena medida.

El primero es mencionado por el autor, pero sin extraer las consecuencias. Se trata de la correlación positiva entre debilidad o precariedad institucional, y el éxito de los líderes petrolistas en su tarea de liquidar las libertades. Pero si bien este aspecto apuntala el cumplimiento inicial del teorema, en cambio nada dice respecto a la posibilidad de reversión del proceso, es decir, nada indica del modo como pueden operar las instituciones cuando el precio del petróleo baja y teóricamente, se debería revertir la merma de las libertades. Momento en el cual las fuerzas sociales autónomas deberían hacerse notar.

De aquí se desprende un segundo aspecto o variable no mencionada por Friedman: Nos referimos al grado o nivel de organización de los distintos grupos o sectores que conforman la sociedad. Organizaciones sociales bien estructuradas, conforman un tejido poderoso que puede frenar los propósitos personalistas, y al revés: La precariedad de las organizaciones facilita el dominio de los líderes petrolistas.

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

  1. De arrogantes y aduladores

Y es que un mayor nivel de organización de la sociedad en diversas instancias, genera una cultura política favorable a lo colectivo, a lo público, por oposición al obcecado individualismo anárquico (A. Capriles), que caracteriza a las sociedades desgarradas. Como en el caso venezolano, con una cultura política afincada en el “sálvese quien pueda”, se reducen drásticamente las opciones para revertir los procesos destructivos, auspiciados en la época de los precios altos del petróleo. Y como efecto, la arrogancia del conductor de masas, produce un séquito de aduladores y aplaudidores, sujetos presuntuosos de su picardía y oportunismo. Estos sólo son aptos para procurar su propia sobrevivencia. Plegadizos que no ofrecen resistencia ante la arbitrariedad del líder.

Tal como lo dijera G. Martín, nuestra cultura política, poco dada a la estimación del logro y éxito fundados en el esfuerzo, en cambio, produce un individuo que se desvive por hallar el buen árbol cuya sombra le cobije. ¿Y quién más que un líder dadivoso, chequera al ristre, mercader de ilusiones?

  1. Caen los precios del petróleo: La virtud en la escasez

El líder petrolista que chapotea en la abundancia parece actuar pavlovtianamente: Premios y castigos para demarcar amigos y enemigos. La fidelidad y sumisión se premian, la autonomía e inobediencia  se castigan. El oscuro maná petrolero parece transitar del pozo a la conciencia, atomizando aún más a la sociedad, de por sí fragmentada. Es el momento del político garrochista y su salto de talanquera, es Winston Vallenilla y su rodilla en tierra. Es el productor, el industrial, el banquero, el comerciante, pegados a la teta estatal como fórmula de vida.

Pero llegaron los tiempos de escasez con su curiosa virtud, y ya los podemos ver: Sindicalistas abyectos que ya olvidaron su rol; comunicadores de espaldas a la verdad para no correr riesgos. Religiosos burlándose de su propia fe; transportistas al lomo de los usuarios, pero sumisos al poder que los defraudó; comerciantes atenazando al consumidor pero dóciles ante la arremetida estatal; empresarios usando sus “contactos” para procurarse el dólar oficial. El ciudadano convertido en sobreviviente, buscando donde morder. ¡Vaya virtud en la escasez! Nos deja desnudos, mostrando la verdadera intención que nos animó.

Y es que, como dijera Quevedo “el hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y la honra”. Pero todo sería distinto si la sociedad se organiza para resistir. Y es que, la escasez también nos da la oportunidad de redimirnos pues, nos señala la imperiosa necesidad de sumar esfuerzos para recuperar el país. Es la virtud de la fuerza que nos da la unión de propósitos, apoyados en la razón, y nos protege de la arbitrariedad reinante, pues volviendo con Quevedo, allí “donde hay poca justicia es peligroso tener razón”.