¡Epa! Gobierno: Estamos al borde del abismo

Por Ángel Medina Devis @AngelMedinaD. – Mientras tanto, seguimos aquí, observando el descalabro del país y participando en las numerosas despedidas de los que se cansaron y se van, de los velorios de quienes perdieron la vida por la bala asesina, o simplemente de quien con el corazón destrozado ve cómo, por falta de medicamentos y tratamiento adecuado, la vida de su ser querido se apaga lentamente.


Por Ángel Medina Devis @AngelMedinaD. – Vamos en una carrera imparable hacia el abismo. La calidad de vida de quienes vivimos en esta tierra asiste a un proceso permanente de fusilamiento por parte de la escasez, la inflación y el desasosiego de la violencia. Los últimos ocho meses de la vida nacional han estado marcados por imágenes jamás vistas ni por los de mayor edad. Las colas que hoy se notan en cada rincón y puerta de abastos o supermercados no tienen registro histórico. El nivel alarmante de falta de medicamentos hace que muchos se enfermen de la angustia de enfermarse, y el panorama físico y espiritual de nuestras calles se ha transformado en un gris tenue que claramente se refleja en la percepción sobre el futuro personal y de la nación, y todo esto se registra en las diferentes encuestas realizadas por las empresas más reconocidas del país.

supermercado

En medio de este momento difícil, la mayor de las incongruencias es ver que quienes tienen el verdadero poder para tomar decisiones, se niegan como en una especie de orgullo tonto o soberbia incapaz a reconocer esta situación. La moldean, le dan nuevos conceptos, le describen de formas diferentes, le generan apelativos y trasladan la responsabilidad permanentemente a otros. Así es como Maduro y sus ministros ven esta enorme crisis. No la reconocen en su total magnitud, y ello por supuesto limita de forma real su aproximación. La “guerra económica” como discurso hoy se ve languidecida y a pesar de que está en el verbo de quienes llevan las riendas, se denota sin fuerza, sin ganas de pronunciarla y con evidente certeza de que ni ellos se creen ese cuento. 

Los ministros vienen y van, salen los moderados y llegan los ortodoxos. El que propone un cambio o giro a un modelo más lógico es acusado de ir contra el proceso. Quien más radical se muestre y quien infiera mejores y mayores improperios que alimenten la polarización será recompensado, es tomado en cuenta y goza del cariño de muchos, de los que firman y de los que deciden.

Pareciera una historia que se repite sin cesar y que, por supuesto, tiene su fondo en la necesidad de mantener todo en el debate político, de llevar cada evento de la vida nacional al prisma del amigo-enemigo, del revolucionario contra todos los enemigos que luchan contra su sueño del hombre nuevo.

Los mejores economistas de la nación han puesto sus propuestas sobre la mesa de la opinión pública. Los cientistas sociales han hecho lo propio en publicaciones, estudios y declaraciones. La calidad de nuestro capital humano que está en las universidades y centros de investigación ha presentado caminos para salir de esta crisis. Lamentablemente todo choca con ese muro de la polarización política y lo que son propuestas terminan convirtiéndose en ataques políticos, en parte del debate público sin mayor reconocimiento.

Mientras tanto, seguimos aquí, observando el descalabro del país y participando en las numerosas despedidas de los que se cansaron y se van, de los velorios de quienes perdieron la vida por la bala asesina, o simplemente de quien con el corazón destrozado ve cómo por falta de medicamentos y tratamiento adecuado, la vida de su ser querido se apaga lentamente.

Mientras tanto, el poder juega a amenazar, a levantar la voz como una especie de creencia de que gritar genera respeto.

Vivimos esta incongruencia. Padecemos esta irresponsabilidad, pero lo peor de todo: La vida sigue y estamos participando como protagonistas de primera fila en este descalabro de país. Nuestro esfuerzo es hacer de la esperanza y el cambio el motor que nos lleve día a día a enfrentar esta dura realidad.