Las viejas ideas no acaban con la pobreza en América Latina

Por Ángel Medina Devis @AngelMedinaD.- La mejor muestra de estas ideas se puede ver en la lucha contra la pobreza, contra esa enorme deuda social que tenemos como región. La brecha entre ricos y pobres en América Latina es la más grande comparada con otras regiones del planeta. Los propios organismos internacionales así lo reflejan en sus informes y anuncios, incluso el propio CELAC reconoce, desde lo político, esta tremenda deuda de los gobiernos. Eso es un hecho y una de los mayores retos de nuestros pueblos. Sin embargo, ha sido abordado desde criterios totalmente equivocados.


Por Ángel Medina Devis @AngelMedinaD.- La pretensión autoritaria todavía sigue viva en nuestra región. Con una historia plagada de cruentas dictaduras militares, de guerras civiles que han dejado un saldo y heridas en la sociedad, del desencuentro de la lucha por razones puramente ideológicas, América Latina pareciera que no ha superado todavía esa tentación de transformar las instituciones en simples elementos utilitarios a los deseos del poder.

Colas-G

La última década ha traído nuevamente con fuerza una serie de debates que parecían superados. Las viejas consignas de los años ‘60 y ‘80 se levantaron nuevamente e impulsaron procesos políticos anacrónicos, con posiciones políticas construidas desde lugares comunes e imaginarios colectivos agotados en el tiempo.

La mejor muestra de estas ideas se puede ver en la lucha contra la pobreza, contra esa enorme deuda social que tenemos como región. La brecha entre ricos y pobres en América Latina es la más grande comparada con otras regiones del planeta. Los propios organismos internacionales así lo reflejan en sus informes y anuncios, incluso el propio CELAC reconoce, desde lo político, esta tremenda deuda de los gobiernos. Eso es un hecho y una de los mayores retos de nuestros pueblos. Sin embargo, ha sido abordado desde criterios totalmente equivocados.

El primero aquel que intenta explicar esta condición con el concepto de lucha de clases. Y no es la lucha de pobres contra ricos, ni el discurso plagado de reivindicaciones históricas el camino que nos va a permitir redimensionar de esta crisis social.

El segundo criterio aquel que defiende el concepto de los elegidos, donde sólo es posible superar la pobreza con el aporte de una elite predestinada a gobernar porque son estos quienes tienen las capacidades para comprender lo que otros viven.

Ninguna de estas aproximaciones plagadas de conceptos dogmáticos nos permiten avanzar y mucho menos resolver, pero impresiona cómo en los espacios de discusión regional se repiten como cantos agotados estas ideas, se defienden e incluso se exponen como nuevas teorías alternativas. Desgasta perder tiempo valioso y momentos institucionales excepcionales rememorando las luchas de los próceres de la patria y planteando épicas de hombres nuevos y clases dominantes que han demostrado de manera clara su fracaso.

En honor a estas ideas, hemos permitido el retorno de modelos de gobierno que chocan de forma cruel contra las democracias que se intentan reinventar todos los días. Son estas teorías y criterios los que hoy han vuelto para apoderarse de muchos espacios de poder en nuestra región, permitiendo que quienes llegan al gobierno por la vía electoral se desvirtúen, convirtiendo ese mismo poder delegado por el pueblo, en una especie de propiedad que en su imaginación alguien les concedió.

Estas ideas agotados retornaron con nuevos bríos, construyendo trincheras para reivindicar las perennes luchas y cuentas por cobrar a la clase opresora o bien para dar la lección a los populistas que despilfarraron la oportunidad histórica de la nación.

Hoy nuestra región vive una nueva fiebre de dogmatismo y luchas anacrónicas, en una especie de tarea por aprender, volvemos a tropezar con la misma piedra, que limita reconocer al otro, que sataniza las diferencias y que toma el poder para iniciar cruzadas de venganza que sólo permiten profundizar los problemas.

Debemos hacer frente con conciencia a estas desviaciones, debemos recobrar nuestra historia para reivindicar los caminos que nos condujeron a salir de los desencuentros, pero además debemos traer a la historia para recordar lo malo, lo que no sirvió.

Debemos ser garantía de pensar en un modelo alternativo que mezcle de manera perfecta las mejores prácticas, que comprenda la nueva realidad mundial y el nuevo rol de nuestras sociedades, que impulse un progreso en base al bienestar y no en base a Marx o Hayes, que tome la multiplicidad de colores y posiciones con la que se conforma nuestra América Latina, que es precisamente la fortaleza de nuestra región, nuestra historia, nuestra diversidad y nuestra capacidad de adaptarnos y seguir siendo una región creativa y dispuesta a crecer.