Qué tan efectivo es el método Smartphone para enfrentar tiranías

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- La Primavera Árabe y el caso venezolano demuestran el poder de convocatoria alcanzable por el uso de los dispositivos electrónicos. Y en escenarios puramente electorales, aquellas pueden resultar imprescindibles. Pero las pretensiones de fundar una política, para enfrentar una dictadura, contando básicamente con los vínculos Web, es algo tan absurdo como pretender que la MUD sea la única instancia responsable de la restauración de la democracia en Venezuela.


Ezio Serrano Páez

Ezio Serrano Páez

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- En tiempos de la llamada Primavera Árabe, hubo quienes se anticiparon a proclamar un nuevo modo o vía para afrontar las tiranías. Bien podría llamársele el método Facebook, o tal vez la vía Twitter, ¿O el sistema Smartphone para la democratización del poder? Luego se pudo comprobar el contenido fantasioso de semejante proclama. Más tarde se debió dar la cara, abandonar la ubicuidad de las redes  para ocupar la plaza pública, la calle, el boulevard. Y luego inevitablemente, se debió pagar una cuota de muerte por unos resultados poco parecidos a los inicialmente planteados. Se pretendió hacer política y cambiar los sistemas imperantes, ahorrándose el trabajo tesonero de la organización y equipamiento ideológico para la acción. La tremenda difusión y fortaleza de las redes sociales ha prohijado en realidad, una nueva forma de tratar la política y sus secuelas, un modo de intervenir, pero en la distancia. Desde la comodidad de lo privado se presume participar en lo público. Sólo que tal método pone de bulto la ligereza y superficialidad de nuestra época.

  1. De la Ligereza a la Frivolidad 

Y no puede ser malo contar con las múltiples opciones comunicacionales, como las que ofrecen los modernos dispositivos electrónicos. La idea es hacernos la vida más ligera, pues se da por sabido el drama existencial humano, con su pesada carga de obligaciones cotidianas. Así pues, la ligereza y brevedad aparecen como promesa idealizada en la oferta de toda suerte de aparatos, ahora incursos en la política. ¿Puede ser casual la sobre estimación del corto plazo en la política actual? Pero luce inevitable que la persistencia en lo ligero, (light), liviano, delgado, tenue, se asocie con lo efímero, y la inmediatez. Y de allí se pasa al desdén por el trabajo, sobre todo el trabajo pesado y de largo aliento. Es el  punto de llegada obligado de la frivolidad. El efecto de esta cultura de lo ligero sobre una sociedad rentista, con dudosa disciplina laboral, con glorias pasadas fundadas en un contumaz consumismo, debería ser objeto de estudio obligado para quienes deseen conducir el destino nacional. Ya el lenguaje político recoge los resultados de la irrupción de las redes. Y ya podemos ver líderes y partidos con millones de twiteros, pero sin militantes dispuestos a pegar (sin cobrar) un afiche en una pared desnuda. Hasta se puede morir de fama, en estos tiempos tan raros.

  1. Política y guerra… en el teclado

Bajo ninguna circunstancia pondría en duda la utilidad de una política desde las redes para las redes. Como señala Gilles Lipovestky, no se puede demonizar la ligereza pues también posee sus bondades. Como la posibilidad de servir para el drenaje de las molestias ciudadanas, la denuncia inmediata con sus riesgos, el radio de acción, y otros.  Pero al acecho de esta forma de operar, está la frivolidad que se asocia con la moda, la trivialización de cualquier principio, la vulgarización de lo esencial, el escrutinio aventajado de lo pasional sobre lo racional, entre otras taras de la cultura de masas. Los dispositivos electrónicos amplían las posibilidades de la política ligera y divertida, para quienes creen matar el tiempo, sin percatarse que ellos serán los difuntos, pues el otro es eterno. Y también se abren opciones para los augures, prestidigitadores y valientes posteriores, ocupados en hacer marketing político con cualquier ocurrencia. Generalmente son portavoces de la anti-política, sin partido, sin militantes, pero con seguidores en Twitter. También pululan los defensores de lo imposible: La acción gubernamental. Son los guerreros del teclado, capaces de provocar incendios virtuales y hacer de la guerra un ejercicio recreativo. Arengas escritas, Ilustradas o con videos, señalan el camino correcto. Describen los errores pasados y futuros de la MUD, el blanco favorito. Su gran virtud: Derraman sangre sólo en pantalla.

Marcha en Caracas.

Marcha en Caracas.

  1. La Nueva Arena Política 

Algo muy curioso ocurre con los guerreros del teclado. Su futilidad es contrarrestada por las respuestas de conocidos líderes y articulistas abocados a resaltar las peregrinas ocurrencias de los aguerridos habladores de pistoladas. Una particular sensibilidad se observa desde la oposición democrática, lo que se traduce en respuestas que aportan beligerancia y legitimidad a los aventureros cibernéticos. A tal punto se amplifica la importancia atribuida a los guerreros, que el Gobierno aprovecha maliciosamente sus diatribas para justificar persecuciones y la represión de supuestos conspiradores mediáticas. ¿Por qué ocurre esto? Porque las redes sociales se han impuesto, no como un espacio alternativo secundario para el debate político, sino que operan como el espacio natural para la discusión. El control gubernamental sobre otros medios, la auto censura y la extorsión ejercida desde el poder, limitan severamente las viejas tribunas en radio, televisión y prensa. En cambio, al cajón de sastre, todo le entra. De esta manera las ventajas y desventajas en el uso de las redes sociales, se plasman en la dinámica política, convirtiéndolas en termómetro de la opinión. Se genera una ilusión de libertad de expresión, con mucho ruido y pocas ideas. Es un espacio de fácil control para el Estado de vocación totalitaria. Pero también se produce un fenómeno perverso: La política queda atrapada bajo las reglas de un mercado caprichoso, bajo el fuego de una oferta y demanda con poca o nula responsabilidad, cautiva de quienes no se proponen informar sino escandalizar. Es el clima propicio para que se manifieste convenientemente la oclocracia.

  1. La Vieja política o la importancia de llamarse dictadura

La Primavera Árabe y el caso venezolano, demuestran el poder de convocatoria alcanzable por el uso de los dispositivos electrónicos. Y en escenarios puramente electorales, aquellas pueden resultar imprescindibles. Pero las pretensiones de fundar una política, para enfrentar una dictadura, contando básicamente con los vínculos Web, es algo tan absurdo como pretender que la MUD
sea la única instancia responsable de la restauración de la democracia en Venezuela. El debate estéril entre la oposición democrática y los guerreros del teclado, en el clima de ligereza característico de las redes sociales, ahoga la política seria en las aguas de la banalidad y la frivolidad. El debilitamiento de la opinión, las divisiones y  la desmoralización de muchos, constituyen resultados casi inevitables, para beneplácito del Gobierno. ¿Puede ser de otro modo? Probablemente no, porque Venezuela es un país de irresponsables políticos, dado al facilismo, a la espera de golpes de suerte, (o de Estado), abierto al esnobismo, de expectativas cortoplacistas y con abundancia de egos prestos a explayarse. En tales circunstancias, la política en redes sociales nos viene al pelo. Un capítulo de la rebelión de las masas que Ortega un pudo imaginar. Pero si llegamos a reconocer que estamos frente a una dictadura, tal vez podríamos asumir la insuficiencia de estos modernos métodos de lucha. Y con gran probabilidad, las viejas formas de hacer política serían reivindicadas: La organización de un frente común para la resistencia, el fortalecimiento doctrinal y organizativo de los partidos, la unidad inter gremial y sindical para la lucha política extra reivindicativa, la militancia activa y disciplinada, presta a correr los riesgos de patear calles y tocar puertas. Los odiosos partidos de corte leninista, un anacronismo, han probado mayor efectividad, justo en tiempos de dictadura. Sin duda, sólo quimeras fuera de moda, y demasiado trabajo que pocos desean realizar. ¿Para qué si la tecnología nos permite batallar desde el sillón?

La Primavera Árabe.

La Primavera Árabe.