Entre el bien y el mal qué es lo que tienen en común las FARC y el PSUV

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Ocurrió durante una noche decembrina de 1995. A no dudarlo, la complicidad interna pagada con una cifra millonaria, le permitió a Hernán Gregorio López Ortuño, alias “Hernancito”, evadirse del Retén de Catia. Purgaba pena de 30 años por el asesinato del reconocido pelotero Gustavo Polidor. Mundo de ironías: Gracias a la degradación institucional, al momento sólo cumplía ocho meses de reclusión en “máxima seguridad”. Apenas semanas después (abril de 1996), “Hernancito” se hace notar con mayor espectacularidad, al protagonizar una “situación de rehenes” en Terrazas del Ávila. La notoriedad de este hecho, unido a la trayectoria del personaje, convierten el caso en laboratorio de análisis multidisciplinario, sobre todo para quienes aún se preguntan ¿Cómo llegamos aquí? ¿Por qué nos ocurre a nosotros, si somos tan chéveres?


Ezio Serrano Páez.

Ezio Serrano Páez.

¿Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- El agotamiento institucional ya observado en los 90’, preparaba el terreno para una terrible inversión valorativa: Los venezolanos perdíamos las coordenadas del bien y el mal, asunto ya augurado por el Caracazo o el saqueo como gesta heroica. Haciendo vaticinios sobre sucesos pasados, nos adelantamos a profetizar: De aquellos polvos, estos lodos.

  1. La culpa no es de la vaca, es de Rousseau

Porque el ilustrado filósofo es tal vez, el más conspicuo propulsor de una exótica imagen, convertida hoy en una de las ideas zombis (Paul Krugman) más perniciosas. Y bocadillo obligado del imaginario político latinoamericano: Los hombres nacen inocentes, pero la sociedad los corrompe. Así, el malvado sistema tenía acorralado a Hernán Gregorio López Ortuño, alias “Hernancito”, y éste, junto a Julio Zambrano, alias “El Psicópata”,  mantenían como rehenes a dos jóvenes hermanas en un apartamento de Terrazas del Ávila. Dos mujeres y dos malandros, estos últimos víctimas de la sociedad.

La mañana sucedió a una larga y tensa noche. El show apenas comenzaba. Julio Zambrano nunca pudo enterarse del equívoco subyacente en su apodo. El verdadero psicópata resultó ser “Hernancito”, y así lo pudo demostrar al mover magistralmente los hilos de una situación crítica, con su vida en apuesta. Desplegó tal poder de convocatoria que al poco tiempo la situación de rehenes era trasmitida en vivo y en directo por radio y TV. Al lugar acudieron, desde los representantes de la fiscalía y miembros de los diversos cuerpos de seguridad, pasando por alcaldes, líderes políticos, personajes de los medios, y toda suerte de aspirantes a figurar en la defensa de los derechos humanos de los malandros. Poco faltó para la instalación de una “mesa de diálogo”, de esas que ahora  abundan por ahí.

El Reality, justificado en una tragedia humanitaria, siguió su curso: Entre rogativas y el llanto de su madre, quien lo identificó al verlo en la televisión. López Ortuño casi victimizado se entregó con todas las garantías puestas en público. Salvó su pellejo, expresó lo conveniente para el caso, y colaboró traicionando a su compinche. El caso cierra con el intento policíaco de liberar la rehén aún en poder de Julio Zambrano. Se pretendió actuar aprovechando el factor sorpresa, mientras se trasmitía en vivo la actuación policial observada por el delincuente en la tele. Muere Zambrano y muere la dama cautiva, la institucionalidad policial queda en ridículo. “Hernancito” lo demostró: En este país las instituciones no sirven.

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Tiomleón Jiménez, líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

  1. Los neo-conversos demuestran la premisa de Rousseau

La década de los años ‘90 fue para Venezuela  tiempo de conversos. Pero a diferencia de los otros, los de los años ‘60, los neo-conversos no mostraron signos de arrepentimiento. Precisamente, no experimentar culpa, no arrepentirse, es de los rasgos más conocidos del psicópata. ¿De qué se puede arrepentir quien es víctima de una sociedad decadente con un sistema signado por la inequidad?

La actuación de “Hernancito”, separada apenas por cuatro años de distancia, se cruza con lo actuado por otro psicópata, quien también movió los hilos de una situación complicada, para luego ser tocado por la inocencia. El 4 de febrero del 92, la exposición mediática minimizó la responsabilidad de quien había provocado la muerte de más de 200 personas en una asonada golpista. Aquel suceso produjo, entre otras cosas, el extravío de armas de guerra que quedaron en poder de malandros cívico-militares, y quienes las usaron para asaltar bancos y obtener fondos para su justa causa.

Esto es fácil de constatar en la prensa del momento. Con todo y su prontuario criminal, se configuró una nueva élite que pocos años después llegó al poder. La sociedad venezolana ya estaba madura en el arte de la cursilería y el lloriqueo patrióticos. Al momento correspondía  perdonar a sus malandros, víctimas de la sociedad decadente, pues ahora están dispuestos a reconstruirla. “Hernancito”, liberado por la revolución del oprobio carcelario, es hoy un ciudadano correcto, militante del PSUV, como los otros, y desarrolla una hermosa labor benefactora del prójimo, verificable en su Facebook. Junto a los otrora asaltantes de bancos, ya ha sido tocado por el bien, así lo declaran los propios actores. La sentencia de J.J. Rousseau se ha verificado.

  1. La vía mediática a la salvación: Autoproclamarse inocente

Y no es que los hombres no puedan redimirse, pero algo huele mal cuando cada quien proclama su propia bondad: Bien porque es una víctima de la sociedad, bien porque lo animó al crimen una causa justa y patriótica. Esta modalidad salvadora se ha visto potenciada con el uso de los medios masivos de comunicación. El bien y el mal ahora son objeto de público tratamiento, abandonan los recintos privados de la conciencia, o ya no requieren de un diálogo íntimo con Dios. Es la vía mediática para ser tocado por el bien: Entre lloriqueos y muestras de histrionismo, con un crucifijo en la mano, me auto proclamo  amante y defensor de la Constitución, soy pacifista, honrado, patriota, defensor de la vida. ¿Acaso no se dan cuenta que lo estoy proclamando? ¡Esa es mi prueba irrefutable!

Una vez hecha pública la proclama, el psicópata recoge sus proventos. Quienes dudan de su bondad, parecen sospechosos, son gente de cuidado. Esos están tocados por el mal. Las implicaciones políticas de esta inversión valorativa se pueden observar en un país inerme frente a los conversos. Acá la sardina se come al tiburón, el inocente purga las penas. Atrás quedaron los crímenes, el robo, el asalto, el pillaje de los hoy conversos. El malvado sistema que los obligó a delinquir ya ha sido derrotado. Con todos los medios bajo su control, no es difícil probar su inocencia. El bien y el mal nada tienen que ver con asuntos celestiales o infernales, constituyen asuntos del poder.

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Gustavo Polidor, ex grandeliga venezolano.

  1. La FARC, ellos también son buenos

El método expiatorio patentado en Venezuela ha llegado a ser franquicia mundial. ¿O acaso tendrá algo que ver con aquella banalidad del mal expuesta por Hannah Arendt? En todo caso, ensayado con suerte variable, su éxito absoluto ha quedado limitado por un condenado factor X. En Colombia, los psicópatas de las FARC explayaron el referido método con toda la utilería disponible: Apoyo mediático y estatal, proclamación de honestidad y rectitud, patriotismo, amor al prójimo, respeto por la vida, amor entre hermanos, y muchos otros utensilios domésticos, necesarios para la ocasión. El bien había tocado a una de las maquinarias de muerte y terror ya legendarias en el Continente. Y ahora demostrarían, desde adentro, que ellos habían sido víctimas del horrendo sistema oligárquico colombiano. Les había obligado a cometer crímenes terribles: Narcotráfico, secuestros en masa, collares bomba, asesinatos masivos, voladura de bienes patrimoniales de la república, utilización de niños en la guerra, y un largo etcétera. Tocados por el bien y (como debe ser), sin arrepentimientos, ahora todo eso quedaría atrás, en el olvido. Su recordatorio quedaría sólo para retrógrados, reaccionarios y dogmáticos de la justicia.

Pero hete aquí lo inesperado, el factor X haciendo la trastada de oponerse a la paz. Y ese factor X lo configuraron las instituciones republicanas. Porque cualquiera puede proclamar su propia bondad, cualquiera puede pregonar su bien. Pero sólo las leyes universales y justas reglando la institucionalidad pueden verificar los mejores deseos y pueden contener a los psicópatas. Fracaso en Colombia y éxito total en Venezuela. El proceso de liquidación moral de las instituciones venezolanas exultante en los ‘90, rindió los frutos cosechados por la revolución. La mayor muestra de éxito de los conversos se expresa en las sospechas que recaen en quienes dudan de su bondad. En Colombia, quienes votaron por el NO, podrían estar tocados por el mal, son guerreristas, violentos, brutos e incapaces de leer las prístinas coordenadas políticas. En Venezuela se dice lo mismo de quien exige un mínimo de decencia a los actores políticos.