Este será un Noviembre difícil de olvidar

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- Las fiestas navideñas que pretendía adelantar el presidente Nicolás Maduro se las aguó la realidad que se le viene encima, un chaparrón que lloverá sobre Miraflores cargado de malas noticias. Desde la marcha hasta Miraflores anunciada por la MUD, hasta el juicio de sus sobrinos por narcotráfico en Nueva York, sin olvidar los testimonios ante la Asamblea Nacional y el terremoto al interior de PDVSA por las investigaciones que anuncia el FBI y la DEA.


Elizabeth Fuentes.

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Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- No comenzará la Navidad el 1ro. de Noviembre, como anunció el presidente Nicolás Maduro en más de una ocasión. No habrá “parrandones culturales” en todo el país y mucho menos serán “fiestas felices”, como las calificó en la conmemoración de los dos años del asesinato del joven dirigente psuvista  Robert Serra, el 1ro. de octubre.

Doce días después, celebrando esta vez el Día de la Resistencia Indígena, Maduro reiteró que las navidades iban a comenzar temprano. Aseguró que el inicio las celebraciones se usaría “como estrategia para contrarrestar las acciones de violencia infundadas por parte de la derecha nacional… el primero de Noviembre, hasta en la última esquina de la patria, arrancan las navidades… Nuestro plan es llenar de alegría, de felicidad, de amor la patria, el alma y la familia venezolana”.

Y para asegurar la felicidad nacional, el presidente no dudó en confesar que los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) formarían parte de esa ofensiva que tenía como objetivo “garantizar en todos los aspectos la realización de los actos relacionados con la temporada decembrina”. Vale decir, la compra de comida barata como una suerte de regalo adelantado que pondría a los hambrientos venezolanos más felices, más  alegres y cantando aguinaldos y parrandas desde el 1ro. de Noviembre hasta enero del 2017, el año límite para la tristeza de muchos.

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Pero como cuando alguien hace planes Dios suelta la carcajada, como dice el viejo refrán, la risotada que probablemente escuchó el enviado del Papa a Venezuela fue más bien un estruendo. La felicidad a futuro que prometió Maduro, denominador común de la mayoría de los gobiernos socialistas, ya no tiene una fecha certera y mucho menos estará cerca de este próximo mes de Noviembre cuando el tono del alma de los venezolanos no estará precisamente para andar cantando gaitas. De hecho, la repartición de bolsas de los CLAP la adelantó el Gobierno el pasado Día de la Toma de Venezuela, como aseguró el escritor y analista, Leonardo Padrón, quien reveló haber visto camiones del Gobierno repartiendo bolsas de comida en los barrios de Petare para impedir que sus habitantes acudieran a la cita opositora.

Como si se tratara de una jugarreta del diablo esta vez, el Noviembre de parrandones que avizoró Maduro parece que se le va a venir encima más bien como un ventarrón. Porque lo recibirá con el juicio político en su contra por parte de la Asamblea Nacional, donde se escucharon testimonios dolorosos como el de la señora Brigit Duarte, de El Guarataro, una madre cuyos dos hijos fueron víctimas de las OLP. Tan dolorosas sus palabras que hicieron llorar hasta a Henry Ramos Allup y Simón Calzadilla: “Pido justicia por la muerte de mis hijos, dijo llorando. “Ya estamos arrechos en los barrios y no nos importa ya el hambre ni las balas… responsabilizo a Nicolás Maduro y a todo su gabinete político de toda la violencia y muerte que hay en Venezuela, de toda el hambre y la miseria. Mi hijo, por ayudar a una persona, lo ajusticiaron dentro de una vivienda…”. Y dirigiéndose a Henry Ramos Allup, la señora Duarte le clamó desesperada: “En nombre de mi hija de doce años, la única que me dejaron, se lo pido: Sáquenlo. Ayúdeme a sacar a ese hombre. Ayúdemos a salir de este holocausto y de este hombre que nos está matando a nuestros hijos. Gracias y me disculpan expresar tanto dolor”.

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Allí también estuvo Sol Guerra, de La Pastora, otra madre venezolana que reclamaba que sus hijos habían perdido peso porque a su casa nunca ha llegado ni una sola bolsa de los CLAP. “A mí no me importa comer cambures, pero a los niños no se les niega el derecho a comer… y no nos llega porque pensamos distinto… Después de la desgracia que hemos vivido en este país, que alguien me diga qué más nos puede venir… sólo por ser blanquita me insultaron ayer, me dijeron extranjera sucia. Ojalá la señora Cilia Flores estuviera sentada allí para decírselo en su cara, porque yo no tengo miedo… te lo voy a decir Nicolás Maduro: ¡Vete, no te queremos! ¡Déjanos en paz!”. Y así fueron desfilando por los micrófonos de la Asamblea Nacional, una tras otra, madres humildes narrando sus pobrezas y sus miserias cotidianas para vencer el hambre o las enfermedades.

Y como si fuera poco este chaparrón popular recibido en la Asamblea Nacional, la “Navidad” de Maduro continuará el día 3 de Noviembre con la amenaza de la marcha hasta Miraflores y cuatro días después, el 7 de Noviembre, se dará inicio al juicio por narcotráfico contra los dos sobrinos de Cilia Flores en la corte de Nueva York, juicio que probablemente dejará muchos titulares en varios idiomas por la relación de los implicados con la familia presidencial, mientras desde el FBI, el Departamento de Justicia, la Fiscalía de Houston y la DEA continuarán hurgando en las relaciones que implican a PDVSA con un número de compañías (Pratt & Whitney, General Electric Co. y Rolls Royce Holdings Plc y ProEnergy Services), porque de acuerdo a una noticia proveniente de Bloomberg y Reuters, el dinero supuestamente mal habido, producto de las comisiones y los sobornos, pasaron a través de bancos estadounidense y se utilizaron para comprar propiedades en los Estados Unidos. “Los EE.UU. aprovecharía la venta de casas y propiedades confiscadas -por valor de decenas de millones cada una-, así como aviones privados y otros activos, para crear un fondo que eventualmente sería devuelto al gobierno de Venezuela después de una elección democrática”.

Visto así, quizás las navidades en Venezuela no se produzcan ni siquiera en diciembre, al menos para algunos en el gobierno de Nicolás Maduro que, por ahora, en lugar de gaitas lo que están es bailando en un tusero.