Y dónde estaba usted cuando se fue definiendo la dictadura

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Sorprenderse ahora por los fueros dictatoriales de Nicolás Maduro es como aferrarse al dogma de la virginidad, precisamente en noche de luna de miel. El blanqueo de la acción política dictatorial, ya no es posible y tampoco se puede ennoblecer, ni siquiera frente a las masas que han instrumentalizado su fidelidad, las cuales también exigen su cuota parte de renta.


Ezio Serrano Páez.

Ezio Serrano Páez.

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Ocurre con mucha frecuencia en la vida familiar. La desdicha puede sorprender alguno de sus miembros con la noticia de alguna terrible enfermedad. Si el cuadro clínico puede ser detectado con pruebas y análisis precisos, el grupo y el paciente pueden adoptar con prontitud, una estrategia prescrita para el caso.

Pero hay situaciones con un rango variable de incertidumbre, indefinición, ambigüedad y desconcierto: Tómese el caso de la drogadicción en un miembro de la familia. Mucho antes de siquiera asomarse una terapia, el paciente y su entorno inmediato, deberán atravesar el oscuro túnel de la aceptación, de un padecimiento cuyo origen podría estar en el propio cuadro familiar.

La negación suele ser una primera fase, lo cual nos recuerda la clásica posición del avestruz: Son habladurías de la gente, es la envidia porque mi hijo es el más buen mozo de la cuadra, afirma la madre no muy segura de su hipótesis. El padre orgulloso de su prole, también lo negará: Le hemos dado la mejor educación, ¿Un hijo mío? ¡Jamás! O también podría negarlo porque se vería alterada toda su rutina de vida: ¿De estar enfermo, quién lo cuidará? No puedo faltar al trabajo, ¿Quién lo retendrá en casa si decide salir a buscar la droga? Es la defensa de una precaria zona de confort.

Freud le asigna a la negación un papel de protección operado desde el inconsciente. La realidad que se debe enfrentar es demasiado dura y terrible. Nunca se está preparado para ello. La evolución de la enfermedad, en este caso, la drogadicción, involucra a todo el entorno familiar, y la negación pronto cederá el paso a la culpa: Eso pasa por el padre irresponsable y sus malos ejemplos, dirá la madre. La culpa es tuya por alcahuete y consentidora, dirá el padre. Y hasta los hermanos se culparan entre sí, por no advertir sobre la clase de amigos, o se quejarán del favoritismo mostrado por los padres con el ahora paciente drogadicto.

Es una situación que pone a prueba las fortalezas y debilidades del grupo y revela la certeza de T. S. Eliot al considerar la capacidad limitada de los humanos para soportar la realidad. Dosis excesivas terminan intoxicándonos.

Hugo Chávez

Hugo Chávez, ex presidente de Venezuela.

1. ¿Acaso en Cuba rige una Dictadura?

La terrible derrota ideológica que sufrió el sistema democrático en los ‘90 del siglo pasado, abrió el cauce al discurso chavista, violento, polarizante y excluyente. Se montó contra un sistema sin defensas ni defensores, con una clase política claudicante. Las élites de entonces, embebidas de protagonismo, prestaron recursos de toda índole. La intellegentia, usualmente de izquierda y contestataria, (vgr. El Papa Negro), prestó gruesas argumentaciones para liquidar un orden calificado de putrefacto y sin remedio. ¿Cómo podrían ahora estos personajes reconocer su aporte a la dictadura?

Cuando se percataron de que algo andaba mal procedieron a la negación. Como los padres frente al hijo drogadicto, le justificaron: La oligarquía no quiere perder privilegios, la clase media siempre fue proclive al fascismo, no aceptan los cambios necesarios, son racistas, les molesta que un hombre del pueblo llano, zambo para más señas, dirija los destinos nacionales, entre otras zarandajas.

Otro factor de negación se produjo a partir de los egos burlados: Grupos allegados al poder político y económico, vieron en el nuevo centauro llanero, un muchacho díscola que podrían amaestrar y ganar para su causa. No pensaron en la agenda propia del pícaro, quien terminaría usándolos y desechándolos. Cazador cazado.

Luego estarían los políticos avezados, los que se la saben todas más una. Con amigos dentro de la nueva élite gobernante, también negarán la dictadura en ciernes: Conozco a fulano y zutano, son gente con la cual se puede dialogar. En ellos es impensable una pateada de mesa.

Y así, la clase dirigente venezolana se fue haciendo permisiva frente a la arbitrariedad, la injusticia, el atropello, la violación sistemática de la ley. ¿Cómo No negar la dictadura cuando se debe admitir responsablemente el bochorno de la propia colaboración con el crimen?

Para completar el cuadro de oprobio, ahora el Fidel Castro que arrebató pasiones entre los notables venezolanos durante la “coronación de Carlos Andrés Pérez”, estaría muy cerca del muchacho díscolo, brindando sabios consejos. ¿Alguna vez la izquierda latinoamericana, incluyendo la llamada izquierda progresista, ha reconocido la condición dictatorial del gobierno cubano?

2. La Dictadura divide a la familia

Ya en los primeros años del siglo XXI, es evidente la tremenda escisión de la oposición venezolana. Además de sus tendencias anárquicas, ahora se debe lidiar con dos bloques ostensiblemente pugnaces: Los negadores y los atorados.

Los negadores siguen creyendo en la posibilidad de salidas democráticas, diálogo, reconciliación y re-encauzamiento del centauro. Los atorados ya no tienen dudas: Se trata de enfrentar una dictadura a la cubana, y eso no puede esperar. El tiempo está en contra y no se puede permitir su consolidación. Acierto en el diagnóstico, error en el remedio.

La trastada de Carmona opacó el contenido cívico de la lucha planteada. Las élites políticas procuraron guardar distancia, a veces complaciente, y una sobregirada clase media anti partidos, se inmoló al hacerle frente a un gobierno sin escrúpulos. Ya el desmantelamiento del país estaba en proceso indetenible. Como si ejercer el derecho a la defensa fuese un pecado, la sociedad venezolana demostró cuánta miseria arrastra en sus entrañas: Los derrotados de entonces, criminalizados, fueron desechados como restos pestilentes. De la justeza de su lucha nadie se acuerda. El pecado político de anticiparse, en el caso ejemplar de la Gente del Petróleo, se cobró con saña y un costo realmente vomitivo: Cárcel, destierro, gases, persecución, humillaciones de toda índole. Ruina material y moral que nunca fue confrontada por los negadores, y que hoy el país paga con miseria.

Una sociedad menos dividida y enferma, al memos expresaría un poco de respeto por quienes se atrevieron a ser pioneros en la lucha contra la dictadura. Esto difícilmente ocurra porque la derrota de aquel momento permitió el éxito del relato militarista. Se levantó la leyenda dorada del líder amado y la épica antiimperialista, la derrota de las conspiraciones diabólicas, y el golpismo. El enorme esfuerzo cívico, la firmeza ciudadana, la unión gremial y sindical auspiciada por la CTV, Fedecámaras y otros sectores, todo fue sepultado, sin resistencia, por el peso de una conciencia política acomplejada y dócil frente al poder. La ferocidad con la cual se respondió a los sectores estigmatizados en lo sucesivo como “radicales”, consolidó hasta nuestros días las versiones oficiales y reafirmó en los negadores, su disposición a insistir en la vía electoral como único modo de alcanzar el cambio político. Con alguna razón, para la oposición negadora, los “radicales” llegaron a ser el verdadero enemigo a vencer.

3. Dictadura y rentismo

Nos refiere Solórzano y Pereyra el inusitado interés de algunos conquistadores españoles por contraer matrimonio con mujeres de la aristocracia indiana. Contra todo parecer, los blancos europeos estaban dispuestos a contraer nupcias con las cobrizas del Nuevo Mundo, a cambio de los fulgores áureos y de nobleza que se podían derivar de aquel sacramento. Era una forma de blanquear el origen plebeyo.

Del mismo modo operó el chavismo en tiempos de abundancia rentista. El talante dictatorial se blanqueó con el reparto nacional e internacional de la renta, transada por apoyos diplomáticos que ocultaron la violación de los derechos humanos, la tortura, la subordinación de los poderes, etc. El petróleo usado como arma política granjeó adhesiones impensables para un dictador desprovisto del aurífero brillo del oro negro.

Sorprenderse ahora por los fueros dictatoriales de Nicolás Maduro es como aferrarse al dogma de la virginidad, precisamente en noche de luna de miel. El blanqueo de la acción política dictatorial, ya no es posible y tampoco se puede ennoblecer, ni siquiera frente a las masas que han instrumentalizado su fidelidad, las cuales también exigen su cuota parte de renta.

4. Dictadura y semántica

Nicolás Maduro8

Nicolás Maduro, Presidente de la República.Dictadura y semántica

Las más recientes actuaciones desarrolladas por el gobierno de Maduro, lo dejan desnudo ante los ojos del mundo. Y no hay petróleo ni para alquilarse un taparrabos democrático. Esto ha llevado a los sectores practicantes de la negación, a replantearse su visión política actual. Desafortunadamente el tema de la dictadura reaparece como asunto de semántica y no como diagnóstico tardío de una enfermedad política que requiere de toda la familia venezolana para enfrentarla, aunque ello afecte nuestra zona de confort.

Sobre el punto dice F. Mires: “… definir al régimen representado por Maduro como dictadura no define necesariamente una línea política. … la acción política no depende de definiciones duras sino de caracterizaciones descriptivas, hechas de acuerdo a los diversos momentos por los cuales atraviesa la historia de un régimen…”.

Añadimos: La historia del régimen se nutre de su praxis, del modo como despliega su acción de dominio. El gobierno debe actuar para definirlo: “Si no acata el revocatorio, no habrá más alternativa que llamarlo dictadura…Reconocer ante el mundo y ante sus opositores, su condición de dictadura irreversible” (F. Mires).

Es más o menos el método empleado en la meteorología: Esperamos a ver si el paso de un huracán nos deja un desastre suficientemente notable, y de ser así, lo bautizamos con el nombre ya en reserva. Buena cosa, el concepto detrás de la acción. Tal vez ello explique por qué, durante años la iniciativa política recae en el gobierno y no en la oposición. Si bien la meteorología puede reservarse el concepto “tormenta tropical” antes de visualizar la fuerza de un huracán, también es verdad que las alarmas se encienden desde el principio. No se espera el desastre para actuar o definir.

5. El diagnóstico de la enfermedad

Y no hace falta aplanarse el trasero estudiando los conceptos para entender que las definiciones en política anteceden a la acción. Lo saben y practican los partidos de vocación violenta, como el que rige en Venezuela. Por ello en sus catecismos políticos empiezan por caracterizar al enemigo y por el carácter de la revolución. En las bases programáticas de cualquier partido serio, es posible hallar un diagnóstico de la sociedad en que se va actuar. Pero también es lo mismo que haría el director de un equipo de football. En su próxima confrontación (y la política es confrontación), estaría interesado en una caracterización de su adversario. Probablemente no esperaría estar en la cancha para conocerle y establecer la táctica y estrategia, aunque pueda improvisar.

Así, la oposición venezolana decidió enfrentar la dictadura solamente por la vía electoral. Se dice: La salida será pacífica, democrática, electoral y constitucional. Como si el partido de football ocurriera con un solo equipo. Tan precaria es nuestra visión de la democracia y tan pobres son nuestras aspiraciones, que eludimos la definición dictadura sólo porque “aun quedan rendijas democráticas”.

Como en el paciente por drogadicción, aceptar la enfermedad nos afectará de tal manera que la negación muestra su atractivo y se debe justificar.

6. La mitología radical: Volver al 2002

Cuando se formulan críticas a la oposición venezolana se nos suele asociar con los radicales del teclado, quienes reclaman la sangre de otros para justificar sus posturas políticas. Pues resulta que no suscribimos denostar de la MUD sino todo lo contrario. Valoramos altamente su actuación y sacrificio, los innegables avances en el plano electoral, en una sociedad colmada de resabios políticos y un marco de adversidades. Pero renunciar a la crítica es renunciar a nuestra esencia ciudadana. Por creer en la crítica nos colocamos dentro del campo democrático, y ello nos compele a señalar al menos dos errores derivados de la negación de la dictadura:

A) El planteamiento de la lucha en el plano estrictamente electoral sobreestima la imparcialidad institucional, justamente la principal carencia del Estado venezolano actual.

Y B) Al definirse la vía estrictamente electoral, la MUD carga sobre sus hombros toda la responsabilidad política de lograr la salida democrática. Este error es grave, porque enfrentar la dictadura, como en la enfermedad del drogadicto, es un deber de toda la familia venezolana afectada por la tiranía. Si se reconoce la dictadura, el horizonte político puede hallar en las condiciones del 2002 un referente aproximado. Una sociedad activa, organizada y resuelta a dar la pelea en todos los ámbitos, elaborar líneas políticas para fortalecer la unidad gremial y sindical, los gremios campesinos, profesionales, transportistas, Fedecámaras, etc.

Es necesario recuperar la musculatura social que en algún momento pueda paralizar el país. Se debe trabajar ardorosamente para hacerle comprender a la sociedad venezolana, su absoluta inviabilidad bajo el esquema político del chavismo. Nadie está a salvo de los efectos desastrosos de esta dictadura y prolongarla ya tiene efectos irreversibles. Definirla como tal nos obliga a desplazarnos en nuestra zona de confort, precaria pero predecible. Y es que no sólo el exceso de realidad, sino también la incertidumbre intoxican.