Antes que el mensaje, la Unidad está obligada a redefinir su proyecto político

Por Pedro Pablo Peñaloza (@pppenaloza).- Como se sospechaba, el mundo no se acabó en 2016. Tampoco el conflicto político venezolano. La Oposición debe sacudirse el polvo, mirar hacia adelante, pensar y luego hablar. Siempre en ese orden.


Pedro Pablo Peñaloza.

Pedro Pablo Peñaloza.

Por Pedro Pablo Peñaloza (@pppenaloza).- Dicen que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) tiene un “problema de comunicación”. Ojalá. En realidad, la falla es más seria y profunda. Antes de emitir el mensaje, hay que elaborarlo, construirlo. Definir claramente los objetivos y la estrategia a desarrollar para alcanzarlos. Allí está la clave. El Revocatorio ha muerto. O lo mataron, que es lo mismo. Con la bandera que enarboló durante todo este año tendida en el suelo, la Oposición no sólo debe recomponer su discurso, sino que está obligada a relanzar su proyecto. De nada sirve tener al mejor vocero, si antes no se cuenta con una hoja de ruta absolutamente clara que transmita confianza y logre entusiasmar a las mayorías. Ese es el gran desafío de la Unidad en esta hora. Asumir una idea y defenderla con total convicción. Más que hablar, debe pensar. Y actuar.

Son muchas las interrogantes que la Unidad tiene que despejar. ¿Cuál es la propuesta para 2017? ¿Es posible impulsar un cambio de Gobierno en el corto plazo? ¿Basta con ser una plataforma electoral para combatir y derrotar a un régimen autoritario? ¿Deben cambiarse los métodos de lucha y sus ejecutores para reimpulsar a la Oposición? ¿Qué hacer con el proceso de diálogo? Este año todos los huevos se pusieron en la canasta del Revocatorio y nadie rompió una lanza para exigir la celebración de los comicios regionales. Resultado: Ni lo uno, ni lo otro. En un par de semanas, decenas de candidatos recorrerán las calles de Venezuela pidiendo el voto. ¿Ahora -por defecto- se explicará al país que la conquista de Miraflores pasa por acumular la mayor cantidad de gobernaciones posibles? Comunicar las respuestas a estas y otras preguntas será el segundo paso. El primero, exige que la Unidad supere sus diferencias internas y saque adelante un planteamiento que atenúe la incertidumbre y marque con precisión el norte de la acción política.

 “La verdad os hará libres”, afirmó Jesús antes de que inventaran Twitter. Declarada en sesión permanente, la Unidad tiene que evaluar con sentido crítico su desempeño en 2016, y medir sus fuerzas y capacidades con la mayor objetividad posible. Producto de esa revisión cruda y honesta, debe surgir un plan que establezca sin ambages el rumbo de la Oposición. El famoso “problema de comunicación” no es más que el reflejo de las deficiencias estratégicas de la Unidad, que son aprovechadas por sus enemigos externos e internos para socavar las bases de la coalición. Sólo si se sabe qué hacer, puede precisarse qué decir. El cerebro activa la lengua. No al revés.