Diez puñales sobre el diálogo: En el peor año de su historia en el poder, el Gobierno evitó contarse

Por Pedro Pablo Peñaloza (@pppenaloza).- El fin está cerca. El fin de año, se entiende. Para el otro, paciencia. Y trabajo, mucho trabajo. El país que no aguantaba está a punto de pasar la última hoja del calendario y la Oposición está obligada a replantear su estrategia para evitar la debacle.


Pedro Pablo Peñaloza.

Pedro Pablo Peñaloza.

Por Pedro Pablo Peñaloza (@pppenaloza).- “O dialogamos o nos matamos”, dice el poeta. ¡Pamplinas! No existe tal disyuntiva. El dilema es otro, muy distinto: O dialogamos o nos matan. Así de sencillo. El proceso de diálogo no busca impedir una guerra civil, sino la entronización de una dictadura.

-La Oposición participa en un juego que inventó el chavismo. Se llama diálogo. Pero está obligado a jugarlo e intentar ganarlo. El Gobierno se mueve donde quiere. En el peor año de su historia en el poder, evitó contarse en las urnas. Objetivo cumplido. Los medios internacionales destacan que la Unidad acordó “convivir en paz” con la dictadura que denunció dos semanas atrás. ¿La noticia medio buena? Este juego apenas comienza y aún no se ha perdido.

-¿Para qué sirven los 112 diputados? Básicamente, para escoger a los rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE). Y eso no va a ocurrir. La Oposición llegó planteando la posibilidad de sustituir a los cinco árbitros. Luego, dijo que sólo cambiaría a los dos cuyos períodos se vencen en diciembre de este año. Pero eso tampoco pasará. El chavismo no permitirá jamás un 3-2 en contra. Ahora mismo, la Unidad apuesta por un CNE repartido de la siguiente manera: Dos oficialistas, dos opositores y un ángel. Un Poder Electoral neutral. Para eso se negocia.

-La MUD dice que el Gobierno dice que en algún momento reconocerá al Parlamento. Antes de supuestamente asumir este compromiso, el Procurador General de la República intentó una nueva acción contra la Asamblea Nacional en el Tribunal Supremo de Justicia y el Presidente afinó el decreto para extender la emergencia económica. ¿En qué consistirá ese “reconocimiento”? ¿El Ejecutivo acatará las decisiones de la Cámara, removerá a los ministros que reciban votos de censura, facilitará una auditoría de su gestión y, en definitiva, renunciará a su poder omnímodo? Se responde solo.

-La Oposición no ha abandonado la calle. Porque, en realidad, no ha estado allí. La movilización popular ha sido totalmente esporádica e inconsistente. El primero de septiembre marcaría un hito en la historia contemporánea del país. Octubre sería el mes de la protesta constante. Noviembre amanecería con la Toma de Miraflores. Y, acto seguido, vino la tregua. Ahora, el llamado es a retomar la calle. Ok.

-El Referendo Revocatorio murió y nadie echó una lagrimita. Con el cadáver del Referendo aún tibio, sus promotores se olvidaron del tema y pusieron sobre la mesa el adelanto de las elecciones. Así se desvaneció la única bandera que levantaron durante todo el año. Brille para él la luz perpetua.

marcha

-Ahora está de moda admitir que la Unidad tiene “un problema de comunicación”. Profundo. Sin duda, esa falla existe, pero no es la primera ni la más grave. Tampoco es la culpable de todos estos desaguisados. Una cosa es la diversidad y otra el desorden. Si no se tienen claros objetivos y estrategia, resulta muy difícil transmitir un mensaje certero.

-La situación en febrero estará mucho peor, advertían en noviembre de 2015. Pitonisas, tenían razón. En realidad, hoy es una maravilla si se compara con mañana. Y así pasan los días en la República Bolivariana. Se confirma que la crisis económica colabora, pero sola no puede. Hay que ayudarla.

-La Unidad tiene muchos enemigos, externos e internos. Más que una razón para lamentarse, esto debe ser motivo para caminar con pie de plomo. Cada paso, cada palabra, deber ser meditada y desarrollada con seriedad y firmeza. La Unidad es un imperativo de la sociedad que aspira un cambio democrático. Por eso seguirá viviendo, incluso a pesar de sus “amigos”.

-No hay soluciones mágicas. La negociación no puede ser infinita, pero tampoco será breve. Distintos voceros repiten constantemente que “80% del país quiere cambio”. ¿Y? Ese 80% no está organizado ni movilizado para alcanzar ese objetivo. La Unidad apela al diálogo para establecer un cronograma electoral y rescatar el derecho al voto. La lucha será larga. Que nadie se asuste y respiren profundo, pero a esta hora el escenario más probable tiene cuatro números: 2018.