Dirigentes de la MUD se quedarán en la Mesa de Diálogo hasta que el cuerpo aguante

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- La Oposición parece dispuesta a permanecer en la Mesa el tiempo que sea necesario, una estrategia que desnudará si el Gobierno está realmente interesado en buscarle soluciones a la crisis del país o, como hasta ahora ha sido evidente, la Mesa de Diálogo sólo ha servido para que el Gobierno gane tiempo y arme sus estrategias para seguir en Miraflores.


Elizabeth Fuentes.

Elizabeth Fuentes.

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- Suponer que los dirigentes de la MUD son tan ingenuos como para dejarse abatir por la táctica obvia del Gobierno de correr la arruga del diálogo hasta el 2019 si fuese el caso, es poco menos que un cálculo sin foco. Diosdado Cabello, por ejemplo, lleva varios días promocionando el hashtag #mudpadondevasacoger y augura que, a través de la Mesa de Diálogo, la Oposición va camino a una derrota.

Y aunque Cabello no sea precisamente un estratega inteligente -de hecho, devela todo lo que piensa o va a hacer antes de tiempo-, lo cierto es que hasta en algunos sectores de la Oposición existe esa misma angustia: ¿Para dónde va a ir la MUD a estas alturas del diálogo? Y la respuesta certera es: Para ninguna parte, lo que no es para nada un  sinónimo de derrota.

De hecho, lo que viene es una guerra de resistencia. Los representantes de la MUD no se pararán de la Mesa, en todas sus acepciones. Se sentarán el viernes y no se pararán de la Mesa de Diálogo hasta que haya resultados contantes y sonantes, de manera que si el Gobierno no asiste o se retira, quede al desnudo sus ganas de sabotear el diálogo y, pequeño detalle, dejarían muy mal parados no sólo a El Vaticano sino a los tres ex presidentes amigos -Zapatero, Torrijos y Fernández-, quienes tienen mucho qué ganar en su saldo político individual si de ese encuentro sale humo blanco. Porque, vale la pena analizar, ninguno de los tres está en esa instancia solamente para perder su tiempo y gastar sus energías ayudando a Venezuela y punto. Sobre todo el más mediático, José Luis Rodríguez Zapatero, quien calcula que su futuro político está amarrado a lograr una salida pacífica para Venezuela, lo que a escala planetaria lo colocaría como un buen candidato para el Nobel de la Paz. Y con este asunto, Zapatero va en serio.

Henrique Capriles, dirigente del partido Primero Justicia y actual gobernador del estado Miranda.

Henrique Capriles, dirigente del partido Primero Justicia y actual gobernador del estado Miranda.

Igual de importante es El Vaticano, a quién el Gobierno no puede dejar esperando hasta reventar la paciencia de su representante, algo difícil de imaginar en Monseñor Claudio Maria Celli. De hecho, el Papa Francisco ha dedicado parte de su complicada agenda a conocer de primera mano la situación venezolana a través de Monseñor Baltazar Porras, quien viaja hoy jueves a Roma y se reunirá mañana con el Papa sólo para tratar el asunto  Venezuela.

“La tregua que nosotros, a pedido de El Vaticano, acordamos para que se pudiera instalar esta Mesa, se acabó. Eso se acaba mañana viernes 11”, declaró hoy el Coordinador de la MUD, Jesús “Chúo” Torrealba, recordándole a El Vaticano que ellos suspendieron el juicio a Nicolás Maduro y la Marcha a Miraflores esperando una respuesta equivalente del Gobierno, respuesta que hasta ahora sigue sin aparecer.

“La MUD no se levantará de la Mesa”, aseguró también Henrique Capriles a El Nacional. Y no se levantará hasta que haya resultados concretos: Escoger los dos nuevos rectores para el CNE, libertad plena de los presos políticos, apertura de un canal humanitario para alimentos y medicinas y, por supuesto, una fecha definitiva para el Revocatorio”.

“Maduro fue quien propuso adelanto de elecciones presidenciales. Que me desmienta. Esa fue su propuesta. Y la nuestra es la del Revocatorio”, aseveró Capriles.

Sólo falta preguntarse si el representante de la Iglesia, quien funge de intermediario a pedido de la Oposición, también se sentará en la Mesa de Diálogo hasta que el cuerpo aguante. Aunque cabe suponer que para un enviado de El Vaticano, cuatro o cinco días son nada frente a los dos mil años de historia que exhiben en su portafolio de logros.