Donald Trump: Un novato de la política que llegó para concentrar mucho poder

Por César Morillo (Washington).- Mientras Trump se movía con velocidad de vértigo, sus rivales lo observaban en cámara lenta, no sólo por lo tardío de sus reacciones sino por, visto los resultados, lo ineficiente de las respuestas. Esta campaña fue sobre Donald Trump. Así lo quiso Trump e Hillary jugó su lógica. La demócrata centró su campaña en atacar a su rival y no su propuesta.


Por César Morillo (Washington).- Siempre será una tarea más fácil tratar de explicar lo ocurrido que predecir lo que va a suceder. Por ello, y dado que me equivoqué en mis predicciones sobre el posible triunfo de Hillary Clinton, intentaré explicar el porqué del triunfo de Donald Trump.

Donald Trump, presidente electo de EE.UU.

Donald Trump, presidente electo de EE.UU.

Se dijo que el camino de Trump a la White House era escabroso, que sus posibilidades eran de una entre 10. Que tenía que ganar todos los estados péndulos y además dar la vuelta a uno de los estados atribuidos a Hillary. Que tendría que conseguir un mayor apoyo de los latinos, lo cual se estimaba poco probable dado su amenaza de deportación a los más de 11 millones de indocumentados. Pues todo eso logró. Ganó todos los estados swing, entre ellos el más importante de todos, Florida, y el más difícil aparentemente dado su alto porcentaje de votación latina, y también ganó el resto: North Carolina, Arizona, Ohio y New Hampshire, y además logró arrebatarle a los demócratas un estado que daban por seguro: Pensilvania.

Trump consiguió más apoyo latino del previsto: 29%, cuando se pronosticaba que no superaría un precario 15%. Y un detalle no confirmado, logró un importante apoyo entre las mujeres, cercano a la mitad de las que sufragaron. Por ello, contra casi todos los pronósticos es el presidente electo de los Estados Unidos.

¿Qué pasó?

Quizás lo que estaba cantado que pasara y que todos o casi todos nos negábamos ver. Trump fue subestimado desde el comienzo y esa, tal vez, se convirtió en una de sus ventajas. Antes de ser candidato presidencial, no había ocupado ningún cargo político, ni alcalde, ni gobernador o parlamentario, ni ministro de algún gabinete. Tampoco es un héroe militar.

Trump convirtió su inexperiencia política en una virtud. Se presentó como lo novedoso contra la tradicional y desgastada política, y así, Hillary que pudo marcar un hito de haberse convertido en la primera mujer presidenta de EE.UU., fue señalada como más de lo mismo.

Trump se presentó como el cambio, como el outsider, como un hombre de éxito en los negocios capaz de trasladar esa experiencia en favor de los demás, planteando dos cosas con suma simpleza:

-Reivindicar al norteamericano humilde, al hombre blanco caucásico sin nivel universitario.

-Y acabar con la élite política, causante, según él, de todo lo malo que le acontece a los ciudadanos.

familiaAsí, señaló las supuestas causas de los males y sus soluciones. La culpa de la depauperación del empleo -mal remunerado e inestable- son los inmigrantes y la globalización. ¿La solución? Construir un muro en la frontera con México y deportar a los más de 11 millones de indocumentados que viven en EE.UU. y que vinieron a desplazar al trabajador americano, cuando no es a traer drogas y a delinquir. Curioso planteamiento venido de un empresario inmobiliario que sabe por experiencia propia que buena parte de esa mano de obra se ocupa en empleos que el americano promedio no quiere tomar, tanto por su baja remuneración como por lo sacrificado que resultan. Trabajadores de la construcción, podadores de grama y otros tantos.

También irrumpió contra la globalización, denunció los tratados de libre comercio señalándolos de desventajosos para los americanos. Lo hizo desde un discurso sencillo, binario, el bien contra el mal. Si los inmigrantes desplazan a los nuestros de sus empleos, pues saquémoslos; si las empresas se mudan a otros países en procura de mano de obra barata, rompamos los acuerdos y subamos los aranceles a las importaciones. Proteccionismo, xenofobia y una bandera fácil de asumir: Meter preso a los políticos corruptos.

Con este discurso polarizador se fue paseando por un camino ascendente ante la inmovilidad de sus adversarios. Tal parece que mientras Trump se movía con velocidad de vértigo, sus rivales lo observaban en cámara lenta, no sólo por lo tardío de sus reacciones sino por, visto los resultados, lo ineficiente de las respuestas.

Esta campaña fue sobre Donald Trump. Así lo quiso Trump e Hillary jugó su lógica. La demócrata centró su campaña en atacar a su rival y no su propuesta; intentó convertir en un plebiscito la elección, quizás basándose en el 57% de rechazo que mostraban las encuestas. O también, consciente como estaba de que su impopularidad era similar (55%). Intentó levantar temor a las propuestas de Trump por su discurso xenófobo y machista, e intentó unir a las diversas minorías, afro descendientes, latinos, comunidades GLTB, mujeres y sectores medios de educación universitaria, pero no le alcanzó el discurso para ganar.

La magia de las redes socialesdiscurso

Nunca como en estas elecciones tantos medios tradicionales se pronunciaron abiertamente a favor de un candidato. Hillary contó con el respaldo de The Washington Post y The New York Times, medios de tradición liberales, como de otros más conservadores como el Houston Chroniquede tradición republicana. Pero su incidencia no parece haber sido determinante. Trump tuvo una excelente cobertura y aunque muchas veces parecía ser perjudicial, su mensaje llegó donde él quería y como él deseaba.

Pero el gran detalle lo constituyeron las redes sociales que le permitieron a Trump potenciar su discurso y llevarlo directamente a su elector. Trump es un mago usando medios, en eso sí tiene suficiente experiencia. En realidad es un showman que sabe cómo puede llamar la atención. No por casualidad tiene más seguidores en Twitter (13 millones) que el Papa Francisco, y aunque en algún momento se dijo que le quitaron el manejo de su cuenta para disminuir su incontinencia verbal, visto lo visto, no parece que lo hiciera tan mal. Un dato curioso es que el día antes de las elecciones la página de Trump registró más de 10 millones de visitas según Google, mientras que la de Hillary alcanzó apenas la mitad (5 millones).

Mensaje a García, el que quiera incursionar con éxito en la política debe saber moverse en el espacio virtual de las redes sociales, de lo contrario le costará establecer un contacto más próximo y directo con los ciudadanos. Obama lo tuvo muy claro y a ello se le atribuye parte de su éxito. No ha sido el caso de Hillary, una política más de formato tradicional.

La radicalización de la política

Se ha tenido por cierto que para ganar la nominación republicana deben asumirse posiciones radicales al extremo, es decir, situarse en el terreno de las posturas más conservadoras en temas como el aborto, el matrimonio gay, los impuestos, etcétera, para luego de conseguir la nominación, moderar el discurso y migrar hacia el centro. Pero Trump se encargó de desbaratar, también, este paradigma. Su discurso siguió siendo radical. Esto no lo afectó, por el contrario. Uno de los saldos de este proceso, de consecuencias impredecibles, es que ha sacado del closet a varios fantasmas que se creían sino muertos, al menos adormecidos, como el racismo y la xenofobia.

Muchas posturas radicales de este signo se animarán en otros países, como la de la ultra conservadora Marie Le Pen, que ya envió una entusiasta felicitación al nuevo presidente norteamericano.

También se animarán los radicales del extremo contrario, como Nicolás Maduro quien querrá hacer del nuevo inquilino de la Casa Blanca la nueva amenaza para Venezuela, el nuevo demonio apocalíptico del capitalismo que amenaza a nuestro país.

La rabdonalia y el miedo movilizan

Es bien sabido que el miedo y la rabia pueden desatar una fuerza mayor y con más celeridad que la razón, que tiende a triunfar más a largo plazo. El ciudadano común está lleno de incertidumbres y miedos. Miedo a un mundo inestable, donde el empleo es cada vez más competido y por ello siente incertidumbre por su futuro y el de su familia. Ese sentimiento lo captó Trump y supo conectar con él. Ofreció “hacer de nuevo grande a América”, recuperar el sueño americano y devolvérsela al hombre blanco. También incentivó la rabia ciudadana, esa que está latente y acumulada y que señala a las élites como responsables de sus males. Situó a Hillary en esa esquina y se colocó él del otro lado. Sencilla y conocida ecuación.

Un mandato con mucho poder

Trump contará con un poder importante, como todo presidente de la primera potencia mundial. A ello agreguemos la mayoría confirmada de los republicanos en el senado y en la cámara de representantes, todo el congreso a su favor. Tendrá por tanto una luna de miel más plácida y podrá emprender sus anunciadas medidas con mayor celeridad y firmeza, así que muy pronto sabremos hasta dónde quiere llegar con sus amenazas. Bien sabido es que entre las promesas electorales y su concreción en el gobierno hay un trecho. Lo dijo el empresario mexicano Carlos Slim refiriéndose a Trump y a la posible construcción del muro: “No creo que gane, pero si gana, no creo que lo construya. No es igual ser borracho que cantinero”.

Un detalle

Hillary ganó la votación popular, es decir, sacó más votos que su rival. 59.600.327 votos (47.7%) contra 59.389.590 votos (47.5%). Esto no ocurría desde el año 2000 cuando otro demócrata, Al Gore, le ganó el voto popular a Bush hijo pero perdió en delegados.

Las singularidades del sistema electoral americano, elección de segundo grado y federada por estados, permite el triunfo de Trump. Eso para que no olvidemos que estamos ante una sociedad dividida en dos, en donde cohabitan dos formas muy diferenciadas y contrapuestas de ver las cosas, dos éticas. Esta contraposición de valores seguirá debatiéndose.

El mundo marcha al revés. Los ingleses votaron para irse de Europa, los colombianos contra la paz, y los americanos prefirieron a quien levantó las banderas de la xenofobia y el racismo. O quizás, sencillamente, ésta es la realidad aunque no nos agrade, y nos toca comprenderla e intentar, de ser posible, cambiarla.