Dónde encajan la victoria de Donald Trump y los rebeles del marketing

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- La victoria de Donald Trump la predijeron “rebeldes anti sistema” bien avenidos con el mundo del espectáculo. Son conocedores del marketing pues sus productos se han vendido a las masas alienadas para des-alienarlas, nunca para sacarles dinero. A Michael Moore se le atribuyen un par de meses anticipados de su acierto. A Ricardo Arjona, según un medio español, la audacia le tomó un vuelo mayor. Con su canción, Si el Norte Fuera el Sur habría hecho la predicción ¡20 años atrás! ¿No es una curiosidad que gente del mundo del espectáculo acierte, mientras las encuestadoras se equivoquen? El acierto de Moore y Arjona es la mera coincidencia de los prejuicios con los hechos.


Ezio Serrano Páez.

Ezio Serrano Páez.

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Para lo que alguna vez se llamó Occidente, el movimiento hippie ha de significar la expresión más acabada de la frustración anti-capitalista. Pero curiosamente, esta frustración va de la mano del enorme éxito alcanzado por otros ungüentos ideológicos, cuya influencia se deja sentir hasta nuestros días. Se logró movilizar multitudes en todo el mundo, tras el deseo afanoso de realizar una utopía: Vivir en paz, hacer el amor y no la guerra. Vida comunal, sin tiránicas jerarquizaciones, y sin trabajar. A menos que por trabajo se entienda ser emisor o receptor de sendas toneladas sonoras de rock and roll. Y es que detrás del odioso mercado se encontraba una dupla aún más detestable: La oferta y la demanda. Las generaciones de la postguerra, adictas al trabajo, habían sido seducidas (alienadas) por la industria capitalista, al ofrecerle acceso a bienes de consumo a cambio de su docilidad de rebaño. El proletariado, la clase elegida según Marx, para realizar el cambio revolucionario, ya no era de fiar pues padecía de una extraña enfermedad: La alienación consumista. Inútil había resultado el auxilio de Gramsci, la burguesía lo controlaba todo ejerciendo la hegemonía cultural. Los trabajadores son víctimas de tal hegemonía, lo cual les lleva a obviar su misión. Así pues, se hizo necesario producir la contra cultura hippie, golpeando al capitalismo donde duele: trabajo y consumo, oferta y demanda. Ya no se requiere del proletariado para la toma del poder. Su papel le corresponde ahora a la imaginación. Tal como se pregonaba durante el mayo francés de 1968. La frustración deviene cuando el Hippie se convierte en Yuppie, la ropa de flecos, la minifalda, y hasta el mismísimo símbolo de la paz, son adoptados por el comercio capitalista con sobrado éxito. El mercado, la oferta y la demanda se habían apropiado de la estética rebelde.

1. El prestigio de la irreverencia

Los años ‘60 impusieron la rebeldía como objeto codiciado por el marketing (Heath y Potter). Esta rebeldía se erige como respuesta a la sociedad de consumo que uniforma los gustos y el pensamiento, que estimula las conductas automáticas, aproximándonos al mundo feliz de Huxley. Pero también se contrapone a la pesadilla orweliana o el dominio total ejercido por un Estado omnipresente. La rebeldía como producto a mercadear, salvaguarda la individualidad al romper los moldes del convencionalismo consumista y se yergue ante la represión tangible o subliminal emanadas del sistema. A modo de ejemplo, de este culto a la rebeldía edulcorada, se puede citar la pervivencia de un icono: El Che Guevara compitiendo con los souvenier emblemáticos de cualquier ciudad cosmopolita. El rebelde también simboliza la resistencia del que no claudica, no se entrega ni transige sus principios frente a la sociedad dirigida, condicionada, homogénea y pasiva, a modo de hormiguero humano (J. Nuño). En su versión menos tóxica (sobrevivientes a las sobredosis), el rebelde es irónico y mordaz, auténtico, luce con desenfado su rebeldía pero sabe adecuarla a las circunstancias. No es un buen salvaje y no es tan importante su carisma, siempre y cuando se sepa proyectar. Es más importante exhibir autenticidad como prueba de no estar sometido a la represión psicológica del inconsciente, versión freudiana. Hasta Forrest Gump es un rebelde al mostrar sin prejuicios su autenticidad plena. El rebelde también salvaguarda la fe y la esperanza en un mundo mejor.

Donald Trump, presidente electo de EE.UU.

Donald Trump, presidente electo de EE.UU.

2. Dominio mediático y teoría de la conspiración

Pero, ¿Cómo explicar el éxito domesticador del capitalismo, demostrado en la apropiación de los símbolos de rebeldía y la derrota de la utopía del mundo feliz autentico, sin alienación? La izquierda rosa o caviar, procura explicarlo todo a partir de la conspiración. Apelando al simplismo del marxismo vulgar y a la teoría de Gramsci sobre la hegemonía cultural. Asumen que el Estado no es más que una agencia o gestoría utilizada por la burguesía o los sectores poderosos, para sus oscuros fines de dominio. Los líderes políticos “tradicionales” son representantes de alguna familia rica o del algún grupo comercial. La poderosa maquinaria estatal, con todo su andamiaje burocrático e institucional, está al servicio de los industriales, los banqueros, los grandes comerciantes, las grandes firmas de abogados, y demás grupos de presión. El papel estelar en la domesticación, está a cargo de los empresarios dueños de los grandes medios de comunicación. A estos se les asigna la tarea de conducir el rebaño, por el sendero acordado entre los grupos de poder. La conspiración, el acuerdo entre los grupos de poder, lo explica todo: Desde la sumisión y conformismo inoculados como cultura de masas, hasta las demoras en el hallazgo de una cura contra el cáncer. Desde los atentados terroristas del 11 de septiembre, hasta la extinción de alguna especie silvestre. ¿Qué otra cosa podría explicar el arribo de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos?

3. La Izquierda caviar y las trampas de la fe

Ya antes, el escandaloso Watergate, el caso Irangate, y luego la caída del Muro de Berlín, dieron puntillazos a la fe y esperanza que muchos aún cifraban en un mundo tan igualitario como recatado. Pero también afectaron la fe en la democracia y la decencia de la política. La contra cultura rebelde sobrevive atrincherada en el movimiento Punk. El fin de la Guerra Fría, la revelación de archivos de la KGB y la divulgación de las actuaciones de la CIA, parecen demostrar los prejuicios de la izquierda caviar, (la conspiración de las élites rige al mundo) dándole fuerza argumental a la tercera vía. Es decir, un cajón de sastre con pretensiones de albergar, desde el rancio populismo latinoamericano hasta el laborismo anglosajón anti neoliberal, desde el fundamentalismo musulmán hasta los ecologistas vegetarianos. ¡Entren que caben cien! Desde los restos del “verdadero comunismo”, hasta los movimientos antiglobalización. Los humanos no podemos vivir sin fe y esperanza. Y para ello la postmodernidad impuso aquello de “todo vale”, olvidándose de que, donde todo vale, nada vale (J. Nuño). Y por supuesto, la anti-política surge como la forma más pura de hacer política. Tenían razón los rebeldes anti-sistema. Con su tozudez se habían liberado de la contaminación producida por la cosa pública. Renegar de los políticos se hizo tan fácil como evidente su corrupción. Ahora podrían reencauzar la fe y esperanza de la humanidad con la autoridad moral que proporciona su pureza ideológica. Todo vale, siempre y cuando sirva para socavar las bases del capitalismo y el orden mundial fundado en la conspiración de los ricos y poderosos. Estos son capaces de relativizar la vida humana en función de asegurar sus intereses imperiales. Por eso, un Noriega o un Sadam son usados y descartados de acuerdo al interés imperial, meros instrumentos de la conspiración mundial (N. Chomsky). Son huérfanos descarriados que caen en manos inescrupulosas. Un manto de benevolencia se va tejiendo en torno a los tiranos del tercer mundo, lo cual puede incluir hasta los mismísimos terroristas. Con estas premisas básicas, la izquierda caviar se aproxima al castrismo, auspicia movimientos populistas como el chavismo, aplaude a los ocupa y se indigna frente a la corrupta política europea. Vaya modo de reencauzar la fe y los principios altruistas: Solidaridad con los verdugos, guerra al trabajo, muerte al mercado. Una prueba más de que la humanidad no tiene remedio.

Ricardo Arjona,  músico.

Ricardo Arjona, músico.

4. El Mercado contraataca o Michael Moore adivina

La victoria de Donald Trump la predijeron “rebeldes anti sistema” bien avenidos con el mundo del espectáculo. Son conocedores del marketing pues sus productos se han vendido a las masas alienadas para des-alienarlas, nunca para sacarles dinero. A Michael Moore se le atribuyen un par de meses anticipados de su acierto. A Ricardo Arjona, según un medio español, la audacia le tomó un vuelo mayor. Con su canción, Si el Norte Fuera el Sur habría hecho la predicción ¡20 años atrás! ¿No es una curiosidad que gente del mundo del espectáculo acierte, mientras las encuestadoras se equivoquen? El acierto de Moore y Arjona es la mera coincidencia de los prejuicios con los hechos. Es como quien detesta el pescado, y confirma su detestación en la mesa servida con alguna especie marina. Si la sociedad funciona a partir de la conspiración de los ricos y poderosos, si las élites se ponen de acuerdo para dirigir el mundo y asegurar su riqueza, ¿Quién podría ganar la elección en la cual participa uno de los propios? Pero aciertan el resultado, no en el procedimiento, no en la causa. Como tampoco acertaron las encuestas. Max Weber nuevamente nos alumbra el camino de la comprensión del fenómeno. Para el ilustre sociólogo es en el campo de las relaciones de dominio político donde cabe la imposición arbitraria. Pero en las relaciones de mercado (en este caso, mercado electoral), sobrevive la elección libre y siempre queda un espacio para el libre albedrio. Sin descontar la posibilidad de la imposición arbitraria, contra el muro de la libertad de juicio, se estrellan las imposiciones. Y éste, ejercido en la soledad del cubículo eleccionario, sirve para que la masa de borregos alienados decida su destino. He allí la bondad y la maldad del orden democrático, pero también de las relaciones de mercado. Tan odiosas para los rebeldes del marketing, a pesar de los beneficios que les presta. Ni las cualidades adivinatorias de los rebeldes del marketing, ni la poderosa maquinaria propagandística logran atisbar los prejuicios burgueses de la masa: Seguridad, trabajo, producción, consumo. Ya habrá tiempo para cambiar el mundo.