El problema principal no es el precio del petróleo sino Maduro

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- La crisis económica venezolana ha llegado a niveles de calamidad humanitaria por la inacción e incapacidad de un solo individuo, Nicolás Maduro. Eso lo saben perfectamente Diosdado Cabello, José Vicente Rangel, Nelson Merentes, Rafael Ramírez y el ex presidente dominicano Leonel Fernández. Desde abril de 2013 el ocupante temporal de Miraflores ha sido la piedra de tranca de un conjunto de reformas económicas que necesita el país. Maduro quiere ganar tiempo para ver si los precios del petróleo aumentan. Pero el problema no es el precio del petróleo, el problema es él.


Pedro Benítez.

Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- La más reciente coartada oficial es esta: El problema principal del país, lo que realmente le interesa a los venezolanos, es resolver la crisis económica, no un cambio político ni revocatorio o elecciones anticipadas. Esas son locuras de la Oposición. Arreglemos la economía y después veremos. Este es el argumento que el Gobierno está propalando a los cuatro vientos, su nueva estrategia comunicacional y además es la tesis que le vende a los acompañantes del diálogo. Como dirían en España, esta es una manera de marear la perdiz.

Nuevamente los representantes del oficialismo desvían el foco del centro de la cuestión, porque la crisis económica venezolana (que se empezó a gestar antes de 2013) ha llegado a niveles de calamidad humanitaria por la inacción e incapacidad de un solo individuo, Nicolás Maduro. Esto, lo saben perfectamente Diosdado Cabello, José Vicente Rangel, Nelson Merentes, Rafael Ramírez y el ex presidente dominicano Leonel Fernández.

Desde abril de 2013 el ocupante temporal de Miraflores ha sido la piedra de tranca de un conjunto de reformas económicas que necesita el país, reformas en las que desde hace rato coinciden en lo fundamental desde Felipe Pérez y Víctor Álvarez (dos ex ministros de Chávez) hasta Ricardo Hausmann (nuevo perseguido político) pasando por los asesores de Unasur.  En la profundidad y el alcance difieren, como es natural, pero por ahora eso es otro asunto.

La nunca suficientemente citada carta de Jorge Giordani de junio de 2014 es un recuento muy completo de todos los errores que llevaron al colapso económico venezolano, cuando todavía el precio del barril de petróleo estaba por encima de los 90 dólares. Sí, se dice rápido, 90 dólares.

En febrero de 2013, en su condición por entonces de vicepresidente de Economía Financiera, Jorge Giordani, acompañado de Merentes, fue el que anunció en rueda de prensa una nueva devaluación del bolívar, que pasó de valer 4,30 a 6,30 por dólar. La tasa cambiaria se había mantenido inalterada desde 2010. Ese era el quinto desde la imposición del control de cambio en 2003.

maduro

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Hay un dato revelador, en ese momento (febrero de 2013) el barril de petróleo venezolano se cotizaba en 104 dólares. Y con todo y eso devaluaron. El Banco Central de Venezuela (BCV) todavía daba las cifras macroeconómicas y se sabía que la inflación alcanzaba en enero de ese año la preocupante tasa de 3,3%. Hoy se supone que es 20% mensual. El paralelo estaba en 8 dólares y el año anterior el programa de gobierno de la MUD proponía una rápida unificación cambiaria para preparar la salida del control de cambio, que se consideraba una bomba de tiempo.

A Giordani entonces le obsesionaba el hecho de que el país importará en 2012 un monto superior a 57.000 millones de dólares. Claro lo que no dijo en ese momento, pero luego si lo admitió en su carta, es que ese nivel de importaciones fue fundamental para asegurar la reelección de Chávez y la posterior permanencia en la presidencia de su sucesor designado. Lo otro que no reconoció es que a esos niveles de importaciones se llegaron luego de aplastar a todo el sector productivo privado de este país, mediante una auténtica “guerra económica” que el gobierno chavista le impuso al sostener por años una tasa de cambiaria sobrevaluada y de paso subsidiar las importaciones públicas.

De aquellos polvos…

Todavía 2014, que fue un muy mal año por la contracción y la alta inflación, el promedio de exportación del crudo venezolano fue de 94 dólares. Pero Maduro insistió en no hacer nada. Dejó a Rafael Ramírez con los crespos hechos con su plan de tímidas reformas y lo despachó para Nueva York.

Y si nos venimos a acontecimientos más recientes es bueno recapitular en el hecho no suficientemente destacado de que entre enero y octubre de este año la cotización mundial del petróleo se duplicó. Léase bien, se duplicó. Pero la economía venezolana no mejoró en nada, por el contrario, estos fueron los meses cuando apareció el hambre generalizada en todo el país y se puso de moda la sombría frase “la dieta de Maduro”, que tanta gracia le provoca al sujeto de la misma.

Por consiguiente, el problema no es el precio del petróleo.

Maduro y su asesor, el español Alfredo Serrano Mancilla, quieren ganar tiempo para ver si los precios del petróleo aumentan, pero esa, como vemos, no es la solución, ni para este Gobierno ni para los que vengan. Lo máximo que haría sería alargar la agonía. El modelo económico instaurado desde 2005 es un auténtico barril sin fondo, un agujero negro, que se traga cuantos recursos se le meta. A esa conclusión llegaron los funcionaros de la República Popular China que tiraron la toalla con el Socialismo del siglo XXI y suspendieron el crédito.

Uno comprende que en el chavismo se aferren al poder con la idea de (entre otras cosas) emprender ellos las reformas, y por otro lado, no ha faltado quien de la otra parte de la talanquera haya cavilado que tal vez lo mejor fuera eso, que el oficialismo iniciara las reformas y pagara el costo político. Razón por la cual hubo en ciertos sectores una coincidencia estratégica para que el Revocatorio se realizara en 2017.

No obstante, lo sentimos mucho pero Maduro ni lava ni presta la batea. Ahí están las pruebas. Se le puede seguir dando oportunidades que él va a seguir desperdiciándolas miserablemente a costa del hambre de los venezolanos.

Venezuela está sumida en el mayor desastre humano de los tiempos modernos que haya padecido una sociedad que no ha pasado por una guerra. La conclusión abrumadoramente mayoritaria de los venezolanos hoy es muy sencilla, por ser la verdad elemental, para empezar a arreglar esto hay que salir de Maduro. Ese es el sentido de buscar una salida pacífica y democrática, sea Referéndum Revocatorio o como se llame.

Sobre el diálogo no hay muchas o pocas expectativas, hay las que hay. Ayudar a ganar tiempo a Maduro no es pecado, es una irresponsabilidad.