Este diálogo no va bien, pero podría ir peor

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Aunque se ha dicho que un mal acuerdo siempre es mejor que una guerra, no por eso deja de ser un mal acuerdo. ¿Dialogar? Siempre hay que dialogar. Conversar e intentar llegar a acuerdos. A negociaciones políticas.  El punto es que las mismas sean viables para dos partes. Lo que la MUD ha obtenido hasta ahora del acuerdo son promesas, sin fechas, sin plazos, ni nombres. A cambio, el Gobierno ha obtenido algo valiosísimo para sus propósitos: tiempo. No parece un arreglo fácil de justificar hacia la base opositora.


Pedro Benítez.

Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Durante la campaña electoral de 1993, el por entonces candidato presidencial Osvaldo Alvarez Paz llegó a decir que: “La tragedia de Venezuela es que las cosas buenas nos salen mal, pero la malas nos salen bien”.

Admitamos hoy, al menos, que desde el punto de vista comunicacional esto del dialogo no va bien para la mayoría del país.

Ayer lunes 14 de noviembre, César Miguel Rondón, en la entrevista que le hizo al alcalde Carlos Ocariz, ilustraba la perplejidad de la generalidad de la opinión publica opositora ante la actitud de los representante de la MUD en la mesa de diálogo y sus esfuerzos por explicar las virtudes ocultas de los acuerdos anunciados con la siguiente imagen: “Es como ver a un muchachito boy scout frente a una partida de malandros”.

No hay que ser muy malicioso para prever como terminara esa escena. Ya son muchos años conociendo y padeciendo las formas de operar del chavismo.

Apartando la paja del trigo y obviando el asunto del neolenguaje del comunicado conjunto del sábado 12 de noviembre, ¿Qué tenemos concretamente?

Si se lee objetiva y desapasionadamente brilla por su ausencia lo más importante para los dos partes, la demanda principalísima de la inmensa mayoría de los venezolanos y la oferta política fundamental de la MUD en los últimos meses, el reemplazo de Nicolás Maduro como Presidente por una vía pacífica, democrática y electoral. Como, obviamente, no se podía esperar por parte del Gobierno (régimen o dictadura) la rendición incondicional que implicaría aceptar la realización del ReferendoRevocatorio este año, lo lógico era esperar que la Oposición obtuviera a cambio algo lo suficientemente importante que le compensara renunciar a su principal aspiración. Si no era posible alcanzar de la otra parte una compensación satisfactoria a tu aspiración original pues simplemente no hay acuerdo; te paras de la mesa y prosigues por otras vías la presión para intentar que la contraparte ceda hasta que vuelvan a sentar a la mesa.  

Así son las negociaciones.

Si los representantes del Gobierno no tienen ningún apuro en llegar a un acuerdo en ese punto, pues los de la Oposición tienen menos.

Lo que la MUD ha obtenido hasta ahora del acuerdo son promesas, sin fechas, sin plazos, ni nombres. A cambio, el Gobierno ha obtenido algo valiosísimo para sus propósitos: tiempo. No parece un arreglo fácil de justificar para la dirigencia opositora.

Aunque se ha dicho que un mal acuerdo siempre es mejor que una guerra, no por eso deja de ser un mal acuerdo…y de llevar a la guerra que se quería evitar.

Dialogo en VevezuelaEl ejemplo clásico lo constituyen los denominados Acuerdos de Múnich de 1938; una muestra de cómo NO se debe lidiar con una dictadura y de cómo una negociación puede terminar llevando precisamente a lo que se quería evitar. Los gobiernos de Gran Bretaña y Francia consintieron entonces la entrega de una parte de un tercer país (Checoslovaquia) a la Alemania nazi a cambio de la promesa de que Hitler no invadir a otro país y de ese modo evitarse una guerra. Ya sabemos el resto de la historia, el dictador alemán no cumplió su compromiso, humilló a los gobiernos que creyeron en su palabra y la humanidad terminó en la peor de sus tragedias.

¿Por qué dos gobiernos democráticos creyeron en la promesa de un dictador? Por miedo al conflicto. Resulta ser que la mayoría de los seres humanos rehuimos (aunque no parezca así) al conflicto. Y una minoría agresiva desde el origen de los tiempos se ha aprovechado de eso para imponer su voluntad.

Las dictaduras, todas las dictaduras (y esta es una dictadura) actúan bajo una lógica; son conscientes de que su poder proviene del temor del común de las personas, pacíficas y de bien, a las disputas violentas. Si yo no gobierno, aquí habrá violencia. Ni por las buenas ni por las malas saldré del poder. Ese tipo de cosas. Por tanto, manipulan el miedo. Allí reside su auténtico poder.

La fuerza de la dictadura consiste en que sabe que los demás quieren evitar el conflicto y sus consecuencias. El dictador juega con ese miedo.

Por eso es que lo más difícil para una democracia es oponerse a una dictadura.

Tal como están planteadas las cosas hoy, el Revocatorio no va este año 2016. Y su posible realización en 2017 no depende la MUD, que por la vía de los hechos ha renunciado voluntariamente, en presencia de mediadores internacionales, a él. Maduro conseguirá su objetivo de llegar al 10 de enero de 2017 despachado desde Miraflores. Se esperan liberaciones en las próximas horas de algunos presos políticos (ojala sea así por ellos) con lo que desde el Gobierno se darán señales al exterior de que cumplen con su parte.  El proceso político venezolano de los próximos 24 meses estará en manos del juego del poder de las distintas corrientes chavistas, si es que es cierto que dentro del chavismo hay distintas corrientes poder y Maduro es tan débil para dejar quitar o apartarse resignadamente. Por lo pronto, no esperó ni 24 horas para extender por 60 días más el Decreto de Emergencia Económica, lo que no parece una actitud de respeto a la autonomía, constitucionalidad y atribuciones de la Asamblea Nacional.

Mientras tanto la sociedad venezolana pagará en términos de mayor de hambre y empobrecimiento la continuidad de Nicolás Maduro en la Presidencia.

No hay que ser Winston Churchill para saber que así las cosas esto no va a terminar bien.