Hablemos del tiempo, el rentismo y la dictadura para enfocar el futuro

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- El derrumbe de la economía rentista produjo el colapso de las expectativas y la frustración general de la población. Pero también dejó al descubierto el sujeto que pretendió negar el tiempo. Resultó poseer una personalidad signada por la inmadurez, estacionado en una etapa primaria, casi infantil. Aquí está planteado un proceso de crecimiento y maduración social, no necesariamente de corto plazo, por lo cual se deben superar las expectativas inmediatistas, que se traducen en sucesivas frustraciones y deserciones. Sólo los venezolanos pueden salvar a Venezuela. Por fortuna, 40 años de vida democrática nos diferencian del rebaño antillano.


Ezio Serrano Páez.

Ezio Serrano Páez.

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Son harto conocidas las virtudes del tiempo como maestro y portador de sabiduría. Pero también se sabe de su condición implacable: No le importa ser testigo de la muerte de sus discípulos (Berlioz). Tal vez por esto, hay quien decide vivir sin contratar sus servicios pedagógicos. Son los presentistas, muy a la moda, adictos confesos al principio del placer que les compele a vivir cada día como si fuese el último. Y alguna razón han de tener, pues ya B. Franklin hace más de dos siglos, hizo  una severa advertencia: Si amas la vida no malgastes el tiempo, pues justamente de eso está hecha la vida. Tesoro, recurso no renovable, y única moneda de posesión universal: Los santos la lloran y hasta los más pobres la tienen. A veces en mayor cuantía que los ricos y poderosos: Todas mis posesiones por algo más de tiempo. Habría dicho alguna reina en estertores. El problema es cómo gastarlo de la mejor manera para luego no acudir a la casa de empeños o refugiarse en algún retrato.

Caracas.

Caracas.

Pero este es un asunto que cada quien resuelve a su modo, incluyendo el hedonismo narcisista de un Dorian Gray. Y es que el pensamiento moderno abandonó la trocha objetivista abierta por Aristóteles, para quien el tiempo se percibe en el movimiento. El subjetivismo de nuestra época abonó el terreno de su relativización. Ahora cada quien lo percibe en la conciencia. Otra muestra de su relación con la existencia humana es el libro de M. Heidegger: El ser y el tiempo. Pero Borges nos resulta más ilustrativo y categórico: Nuestro ser está hecho de tiempo, somos nuestra memoria.

1. Confrontar el tiempo: La desmemoria 

Si tan importante es el tiempo en la constitución del ser, ¿Cuál puede ser el efecto de la desmemoria presentista? Y no nos referimos al Alzheimer o el olvido surgido con la edad. Nos referimos a la negación del tiempo y su movimiento, es el culto deliberado de la desmemoria. Como en la constitución de los huesos carentes de calcio, los desmemoriados pierden consistencia para la vida en sociedad, pues no recuerdan orígenes, deberes ni compromisos. Si algo recuerdan, es lo conveniente a sus prácticas  narcisistas. En realidad este fenómeno adquiere dimensiones planetarias, pero los venezolanos no dejamos de practicarlo con nuestros propios bagajes y coordenadas. Y allí interviene la cultura rentista, prohijando al sujeto niño (inmaduro), a la espera del proveedor, padre estatal. Si el tiempo puede dejar su impronta en el vino o el whisky, ¿Cabría esperar lo mismo del individuo y su condición ciudadana? Y bien lo dice  la conseja popular: Se pude llegar a viejo y seguir siendo niño.

Pero los hedonistas ponderan tal actuación, como si la sociedad pudiese dedicarse a esperarlos. Así, la inmadurez desafía el tiempo y sus lecciones. ¿Acaso importa el saber y el conocer? Allí viene lo peor. Los espacios negados al tiempo se le ceden a la emoción. El presentista es un sujeto emocional, requiere de la excitación, la sensación, el ruido. Mucha de la violencia urbana acaecida en ciudades venezolanas, sobreviene al ruido, a la estridencia de una fiesta que termina ahogada en gritos, o en gritos ahogados con música estridente. El ruido, las sensaciones, emociones y sentimientos sustituyen a la memoria. ¿Qué ocurrió anoche en la escena del crimen? Yo sólo sentí un ruido y unos gritos. A lo cual le sobreviene la indiferencia.

Valencia.

Valencia, estado de Carabobo.

2. Recuerdos incomprensibles 

Reñir con el tiempo, con el gran maestro, trae severas consecuencias. Sobre todo cuando sus lecciones se deben sustituir por emociones placenteras. Y es precisamente ese, el momento de la renta petrolera y el rentismo. Porque en la vida no hay desayunos gratis, alguien debe pagarlos. Pensemos en la maravilla de pasear por el planeta, irnos de compras con moneda subsidiada. El abordaje del mundo desde la emoción del selfie. ¿Para qué la política y sus malos recuerdos? Si hemos de conocer, por la inercia del existir, al menos debe guiarnos la emoción. Y aunque nunca faltará un nerd interesado en las ruinas, o en la huellas del tiempo, siempre se le podrá silenciar con la fuerza del presente.

Para ver ruinas, con mi marido tengo suficiente, decía una alegre viajera en tiempos de abundancia. Pues no deben quedar dudas, nuestro hedonismo se nutrió de lo importado, teníamos la prisa de los gastadores, por carecer del cálculo de los inversores. Desde el whisky mayor de edad, hasta los implantes mamarios, pasando por los peluquines y retardadores del envejecimiento, todos requieren las divisas que reconfortan el espíritu. Con notables excepciones, también las grandes fortunas excluyen el tiempo. Estas son apreciadas en tanto fulguran con la rapidez que permita el acceso inmediato al placer de gastar. Pero son detestadas si deben someterse  al tamiz del esfuerzo con  largo aliento y frugalidad. Nunca la buena fortuna promedió menos años que en la era del boliburgués. Mientras la renta abunda, la energía fluye. Es la famosa ilusión de armonía traducida en la añoranza del presentista atolondrado: Éramos felices y no lo sabíamos. ¿Y cómo vamos a saberlo si nunca nos detuvimos a reflexionar sobre el origen de nuestras fantasías?

3. Inmadurez y rentismo 

El derrumbe de la economía rentista produjo el colapso de las expectativas y la frustración general de la población. Pero también dejó al descubierto el sujeto que pretendió negar el tiempo. Resultó poseer una personalidad signada por la inmadurez, estacionado en una etapa primaria, casi infantil. Albert Ellis acuño el concepto hedonismo de corto plazo, o baja tolerancia a la frustración, para referirse a una personalidad que no admite demoras en la satisfacción de sus deseos. Se victimiza, culpa a otros de su propia situación, se manifiesta resentido, se cree merecedor de toda atención posible.  Esta personalidad se ve aguijoneada por el tiempo, por ello no soporta la espera, ni tolera los procesos que posponen la satisfacción de sus demandas. Sobre el presentista hedonista opera la venganza del gran maestro. Y la inmadurez se paga con angustia, ansiedad, estrés. Ante sus ojos aparece la objetivación del tiempo aristotélico: Es el movimiento de las cosas,  causas y efectos. Es la maduración que sólo el tiempo aporta, incomprensible para el frustrado presentista.

Puente sobre el Lago de Maracaibo.

Puente sobre el Lago de Maracaibo, estado Zulia.

4. Tiempo y liderazgo 

Uno de los efectos más desastrosos de la inmadurez de los sujetos, remite al liderazgo político. Se desestima la experiencia y se privilegia la juventud. La rapidez exigida a los procesos  requieren de un componente energético, de fuerza y vitalidad, para luego derivar en un asunto de gónadas: Testículos y ovarios. Obviamente, mientras más jóvenes, mejor. El desprestigio de la experiencia, en realidad expresa la personalidad resentida (los viejos son los culpables de mi frustración), pero también es un modo de manifestar el desprecio por el tiempo, ese verdugo aguijoneador, empeñado en posponer el retorno del placer. El infantilismo subyacente convierte  la llegada a Miraflores en partida de ludo, juego de truco y retruco, sin requerimientos de mayor evaluación. Las pataletas políticas protagonizadas  por los hedonistas de corto plazo, conducen al liderazgo, de la aclamación a la detestación, del amor al odio, del cielo a la tierra, de lo sublime a lo ridículo, en un sólo acto.

5. Tiempo y dictadura

Si finalmente el liderazgo opositor, expresa consenso al reconocer el carácter dictatorial del actual gobierno, ello debería conducir a un replanteo del tiempo político. Porque agotados los factores de legitimidad de origen, agotadas las excusas legales, la fuerza sistemática y efectiva, aplicada en el tiempo,  produce la obediencia del acostumbramiento. Tal como lo señala N. Rabotnikof, “la efectividad, entendida como obediencia interna es una prueba de legitimidad”. Con la garantía de casi 60 años, la dictadura cubana brinda sus servicios desinteresados  para la domesticación y para lograr la ataraxia necesaria. El reconocimiento de la condición dictatorial, también debería reorientar las líneas de acción encaminadas a la ampliación de los factores de resistencia. Desalojarlos del poder no es responsabilidad exclusiva de los actores políticos, ya es un deber ciudadano. Se hace imprescindible la incorporación de los diversos sectores afectados o condenados a padecer los efectos devastadores del gobierno cívico-militar. Demasiada fe y esperanza en la presión internacional, desafiada y burlada por el mentor caribeño de la dictadura venezolana. Aquí está planteado un proceso de crecimiento y  maduración social, no necesariamente de corto plazo, por lo cual se deben  superar las expectativas inmediatistas, que se traducen en sucesivas frustraciones y deserciones. Sólo los venezolanos pueden salvar a Venezuela. Por fortuna, 40 años de vida democrática nos diferencian del rebaño antillano, y así, junto al presentista frustrado, en plan de deserción, un grueso sector de la población venezolana aprendió las lecciones del tiempo y está dispuesto a perseverar.