Para el gobierno cubano empieza la cuenta regresiva de la transición política y de la salida de Venezuela

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Fidel Castro confesó en 2010 que “el modelo cubano no nos sirve ni a nosotros”. Desde 2013 su hermano y sucesor, Raúl Castro, sabe que el petróleo venezolano tampoco. Esta es la lógica que impera entre los que están tomando las decisiones en La Habana. El régimen que encabeza Nicolás Maduro ya no es una ventaja para Cuba, es una carga. Por eso, mientras organizan su propia transición preparan su salida de Venezuela.


Pedro Benítez.

Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Los principales desincentivos (sic) para las reformas económicas anunciadas por Raúl Castro desde que tomó paulatinamente las riendas del poder (el gobierno, el partido y el ejército) entre 2008 y 2011 fueron el petróleo venezolano y Fidel Castro. En lo que atañen a los cubanos estas dos variables son hoy cosas del pasado.

El previsivo Raúl se ha venido preparando para esta nueva realidad, incluyendo su propia sucesión.

Por eso su acercamiento a Estados Unidos, por eso sus anuncios de organizar el sucesión ordenada del poder. Según su promesa entregará el cargo de jefe del Consejo de Estado (el Gobierno) en el 2018 y su eventual sucesor para ese puesto seria el hoy primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel de 54 años. Pero, permanecerá como primer secretario del Partido Comunista (PCC) hasta el 2021 de acuerdo a la decisión del VII Congreso de esa organización del pasado mes de abril que lo reeligió con el 100% de los votos.

Para el gobierno cubano el fallecimiento de Fidel Castro es (ahora sí) el inicio de su transición política, en la que esperan las cosas no cambien demasiado, y también de su salida de Venezuela.

¿Por qué razón? Porque para sus propósitos el régimen que encabeza Nicolás Maduro ya no es una ventaja para Cuba. Es una carga.

Los funcionarios del gobierno cubano conocen mejor la realidad venezolana que los propios venezolanos. Su información es más completa, detallada y con la perspectiva que da la distancia, observan el bosque sin que dejar distraerse por los árboles.

En primer lugar saben que el presunto proyecto revolucionario venezolano es una causa perdida, porque la revolución que en el pasado intentaron exportar es una causa perdida. En segundo lugar porque Venezuela hoy es un país potencialmente inestable y explosivo. Con 85 años. Raúl Castro no quiere complicaciones, como su hermano quiere morirse tranquilamente en la cama, a lo Franco. Suficiente con el imprevisible Donald Trump en la Casa Blanca.

Fidel Castro.

Fidel Castro.

Y en tercer lugar, porque en 2013, luego de otra muerte, la de Chávez (toda esta historia tiene su aspecto macabro), los gobernantes cubanos sacaron fríamente sus cuentas y concluyeron que los herederos de su difunto aliado iban tarde o temprano a perder el poder o que por una u otra razón no podrían contar con el subsidio petrolero venezolano.

Hasta ahora no se han equivocado en sus previsiones. Desde hace meses PDVSA les suministra (que se sepa) menos de la mitad de los 100 mil barriles que otrora les enviaba. Eso más la caída de los precios internaciones del crudo son avisos de lo que le espera a Cuba sino reforman la economía. Una cuestión que aterra a toda la dirigencia cubana es regresar a un nuevo “Período Especial” como el que padeció la Isla entre 1991 y 1999. Así que como mi enemigo de hoy es mi aliado de mañana cruzaron la acera para entenderse con los odiados y amados gringos. Realismo político, lo llaman.

Una señal muy clara que confirmó lo clarividente de ese análisis se las ha dado recientemente el gobierno de la República Popular China al no renovar sus préstamos a Venezuela y al acercase a la Oposición.

Raúl ha sido paciente. Según conocedores de las intimidades del círculo interno del castrismo como Norberto Fuentes, desde los días de la Perestroika en 1986 está convencido de la necesidad de hacer reformas al sistema comunista cubano y es muy conocido su entusiasmo por el modelo chino.

No ha ido más rápido porque la sombra del hermano y antecesor ha estado presente pese a haberle entregado formalmente el poder en 2008. Hasta el pasado 9 de octubre los regulares artículos de opinión en Granma daban municiones a un sector dentro del régimen que calladamente se opone al cambio. Ahora las cosas son distintas. Ya no está Fidel y Raúl Castro necesita dólares que ya no puede proveerse con el petróleo venezolano, aunque aún no parece tener muy claro cómo resolver este detalle.

Hay un año que en sus estimaciones es clave: 2018. Es cuando debe cumplir su compromiso de entregar parte del poder y cuando en Venezuela se deban realizar elecciones presidenciales. Todo en condicional, porque uno nunca sabe.