Pese a sus errores la Oposición es inderrotable

Por Pedro Benítez. @PedroBenitezF.- La Oposición venezolana parece destinada a ir de derrota en derrota hasta la victoria final. Varias en veces en casi dos décadas, víctima de sus propios errores, de las circunstancias y de su incapacidad para descifrar el juego del poder chavista, ha sido aplastada y sumida en el desaliento para terminar resurgiendo con cada vez más fuerza. Hugo Chávez con todo su poder y petrodólares quiso sumirla en la irrelevancia definitiva, pero fracasó. Hoy la Oposición cuenta con dos inestimables aliados: Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.


Pedro Benítez.

Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez. @PedroBenitezF.- La madruga noche del 13 al 14 de abril de 2002 la oposición venezolana sufrió un cataclismo histórico del que parecía no podría levantarse más nunca. Pedro Carmona y los militares que le acompañaban transformaron la inmensa movilización ciudadana de dos días antes en un chapucero golpe de Estado que le permitió a Hugo Chávez retornar del exilio más corto en la vida de nuestra República.  Esa pudo ser la versión venezolana de Bahía de Cochinos. Una oportunidad única para barrer con toda la disidencia política interior como hizo Fidel Castro en Cuba en 1961.

Sin embargo, el siguiente 1ero de Mayo, Carlos Ortega, presidente de la CTV, encabezó la tradicional marcha de la fecha desafiando al gobierno en la calle.  Ese día empezó una sucesión de jornadas que pasarían por el templete militar de Plaza Altamira y el paro petrolero de diciembre de 2002. Pese a esos dos sonoros fracasos no hay que olvidar que entre firmas, reafirmazos y marchas, la Oposición mantuvo a Hugo Chávez contra las cuerdas durante dos años y medio. ¿Hasta qué punto todo eso retardó el desarrollo de todo su proyecto hegemónico? Algún día lo tendremos más claro.

Una madruga de agosto de 2004 sobrevino un catástrofe electoral avisada por la encuestas e ignorada por la dirigencia política de la Coordinadora Democrática que, en ocasión del resultado del referéndum revocatorio anunciado por el CNE, por el cual se había batallado tanto, se metió en la trampa de la abstención. De allí a la caída y mesa limpia que Chávez y sus aliados aplicaron en las regionales de ese año y el abandono de la Asamblea Nacional en 2005.

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Diosdado Cabello, diputado y Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Y no obstante los gruesos errores de sus dirigentes (que tienen más de una década siendo más o menos los mismos), pese a la habilidad de Chávez (no hay que negárselo), a la invasión de Irak en 2003 y el consiguiente inédito auge de precios del petróleo (el más importante y extenso de todos los tiempos) un tercio de los venezolanos, fundamentalmente la clase media, una serie de dirigentes políticos y sociales, partidos, grupos y asociaciones, nunca se dieron por vencidos. De cada derrota resurgía con más fuerza una Oposición dispuesta a derrumbar todo el edificio del poder chavista. No ha suplantar un gobierno por otro. Si no a tirarlo al basurero de la historia.

Hace una década ese sentimiento opositor abarcaba un tercio de la población, hoy es por lo menos un 70% según todos los estudios de opinión y luego del triste diciembre podría ser más.

Se podría argumentar que la Oposición venezolana, en cualquiera de sus presentaciones, Coordinadora, MUD o La Salida, parece destinada a ir de derrota en derrota hasta la victoria final. Es cierto, porque la tendencia la favorece, porque todas las peores profecías propagadas en 17 años se han cumplido y porque hoy cuenta con dos inestimables aliados: Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.

Expertos en echarle más gasolina a la candela, no asumen su papel de gobernantes de un país, sino que actúan en una macabra competencia de demostrar quién es más radical que el otro, quién puede hacer más daño, a cual se le ocurre la peor idea.

Cabello parece decidido a superar la gesta de Maduro con el retiro de los billetes de 100bolívares.

Cuando se burlan de la impotencia de los “escuálidos”, los denominan amargados y los insultan, no agravian a los que ellos creen es la oposición “burguesa” tradicional. Afrentan a la nación. Porque en Venezuela, y este es el dato sociopolítico más importante desde 2014, la polarización se acabó. Es todo un pueblo contra una minoría armada.

¿Qué los dirigentes de ese país mayoritario no han podido propinarle el jaque mate al régimen? Es cierto. Pero ocurre que la Oposición es más que la MUD. Cada venezolano que ha decidido desafiar abierta o calladamente al régimen psuvista arriesga conscientemente su propia integridad personal y familiar.  La Oposición o la disidencia política en Venezuela es un sentimiento de rechazo a sus gobernantes. La MUD es sólo un instrumento pasajero. Si no sirve, surgirá otro.

¿Quiere eso decir que el liderazgo opositor debe cruzarse de brazos a esperar las olas del mar lo lleven a la orilla? No. Eso sería tan absurdo como pedirle a un surfista que no haga ningún esfuerzo por deslizarse sobre las olas del mar y se conforme con verlas pasar.  Pero hay surfistas que aprovechan mejor la fuerza del mar que otros, pese a que son las mismas olas.